lunes, 31 de marzo de 2008

Orden


Orden y mando
y el alma siempre llega
de contrabando.

*

ORDEN

mentiras principales, 11.

La palabra, que en latín sonaba sobre todo al ´ir en fila´, como los ordinales de la serie, y se tocaba con la idea de ´principio´, se ha dividido en dos en nuestra lengua, por el Género, pero más vale que no olvidemos la relación entre ´el orden´ y ´la orden´.

El afán por ordenar el mundo recorre la Historia entera, desde las primeras leyes escritas, pasando por las filas y cuadros de las legiones, hasta el encierro del mundo en una red de ordenadores; y es nuestro error y engaño primordial: creer (1º) que se puede, esto es, que podemos, ordenarlo, del todo (si no es del todo, los fallos aumentan el desorden incalculablemente), y por orden superior, por principio (pero, sin fin, no sabría el principio hacia dónde tirar la línea: el fin es lo primero), y creer (2º) que está de por sí desordenado: un desorden que será con respecto al orden que, con nuestros generales y geómetras a su servicio, le imponemos; porque del desorden o caos que sin nuestra ordenación habría ¿cómo vamos a saber nada, si estamos metidos dentro del orden de la Historia y de sus Leyes?

Tienden los corazones o sentido común a sentir que lo que hay por bajo de nuestra ordenación militar y administrativa es un orden de veras rico, flexible, inmenso, desconocido, que nuestras órdenes machacan y estropean costantemente; sin caer tampoco en creer que ese orden sea el de los números de Dios o de sus hombres.

Si acaso, lector, te estrañas de que algunos hombrecillos de los que Policía o Medios titulan de ácratas o anarcos seamos de los más vencidos de amor por el orden, en cosas, vidas, palabras, canciones, razonamientos, deja de estrañarte tanto: el solo desorden, confusión y caos que conocemos es el producido por la administración, leyes, programas, y fe en el fin de todo, embrollos de tráfico, ahogo de vidas en reglamentos y ordenadores…: de lo otro, no sabemos nada: por eso nos enamora.

AGUSTÍN GARCÍA CALVO

domingo, 30 de marzo de 2008

Ausencia


Casa tomada (nada que no arregle un buen antigripal). Gracias a Bose, Montano, Crítico Constante, schelling y Mercutio.

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Hoy, una joya casi secreta de Javier Bergia. Ausencia se publicó en 1985 como cara B de Vivir sin ti, single de su primer disco.



jueves, 27 de marzo de 2008

Andamos Amor y yo


Andamos Amor y yo
cada uno en una esquina:
él desvía la mirada,
yo le miro con inquina.
Él silencio y yo siluro,
él veneno y yo quinina;
yo oro brusco, él plata fina,
yo sin fe y él sin un duro...
Vengo a ser en este apuro
cara en obras de su cruz:
se dibuja en mi testuz
la marca de su constancia.
Amor, que naciste en Francia,
¡vete a Provenza de nuevo!
¡Torne rosa la fragancia!
Vuelva la gallina al huevo...

miércoles, 19 de marzo de 2008

Eurovisión

Confiaba en desengañarme (digo desengancharme) un poco, pero aquí en Sagrata, Italia, la hospitalidad de Giulia es tan buena que hasta hay conexión a la dínamo celeste (como la llamaba, sin saber aún de qué hablaba, Allen Ginsberg).

Está de actualidad el festival de Eurovisión, con sus cantantes previsiblemente imprevisibles. Bien: para representante sorprendente, Franco Battiato, que acudió en 1984 a la cita con esta maravilla. No ganó, claro.


sábado, 15 de marzo de 2008

Quédense el hervor


Campos de Fresa se cierra por una semana y un día
(y volverá, Dios mediante, // el 25 o así)).

Les dejo con una delicia. Félix de Azúa recomendaba hace tiempo en su blog este libro: Esto no es música. Introducción al malestar en la cultura de masas, de José Luis Pardo, una inspirada ensalada que parte de la portada del Sargeant Pepper's y la secuencia de canciones de Abbey Road y alcanza en su recorrido al asesino de la emperatriz Sissí, Hegel, Marx, Chaplin y Aristóteles. Rara vez viose totum revolutum tan inspirado. Espigo un pasaje:

Hay historia porque los hombres salen de casa, fundamentalmente para ir a la guerra, aunque luego a eso se le llame también ir a la escuela, ir al trabajo, etc. El niño que consiguiese no abandonar su hogar —cosa que yo, lamentablemente, no conseguí— no haría historia alguna, pero sería feliz. Su felicidad le parecería a todo el mundo —y los freudianos no serían más que una vocecilla en ese inmenso coro— injusta, irresponsable, inmadura, insolente, etc. Pero como ninguna de las voces de ese inmenso coro está en condiciones de aportar siquiera la menor prueba a favor de que el niño tenga que salir de casa para hacer historia o aun el menor argumento que ligeramente pueda sugerir que es preferible hacer historia que no hacerla, todas esas voces pueden irse al cuerno y dejar al niño en paz.(p. 213)

(Amén. Cf. Chicho Sánchez Ferlosio, Hoy no me levanto yo.)


martes, 11 de marzo de 2008

La sierpe a Adán y Eva


Sierpe sincera

—Soy Su curiosidad,
parte de sí que ahora rechaza
(lo mismo que a vosotros)
de las lindes del jardín.
Su mano vacilante
dibuja los caminos
:
somos Sus ojos, huérfanos
en medio del sinfín.


domingo, 9 de marzo de 2008

Fiesta de los maniquíes


Hoy tocan a rebato: es día de elecciones en España, enturbiadas por el último atentado de ETA. Dos deseos: que gane el menos malo, y que el (pésimo) teatro de los políticos nos abochorne lo menos posible.

(Teatro del bueno: 1984. Golpes Bajos. Fiesta de los maniquíes.)


sábado, 8 de marzo de 2008

Juan Sebastián


Cuando Bach asoma la cabeza en un tema pop (o jazzy) casi siempre es para bien. Si hubiera que destacar dos momentos señeros, no cabe duda: A Whiter Shade of Pale, de Procol Harum y la versión jethrotullense de Bourée.

Los unos logran un tema totalmente bachiano que, sin embargo, apenas cita un par de giros del maestro: influencia esencial, alquimiada. Los otros llevan a su terreno un tema escrito por J.S.(la Bourée, danza barroca, de la Suite en Mi menor), sin forzar su delicadeza.

La versión original de Bourée (incluida en Stand Up, 1969) es insuperable, con ese bajo en estado de gracia, así que ahí va —pero se agradece que hasta hoy mismo Anderson y compañía hayan seguido dándole vueltas al juego, algunas tan gratas como la variación que sigue.






viernes, 7 de marzo de 2008

Inminencia


Padecí en su día, por noble contagio, la fiebre de la décima, esa notable arquitectura doméstica que moviliza aún a ciertos repentizadores. Aunque no llegué a alcanzar la velocidad (ni el repertorio de clichés) de los que improvisan, hubo días de diez décimas, vertiginosos. Pocas se salvan, claro. Hoy-mañana, día de cumpleaños, me siento cerca de ésta (que tiene que ver con la parálisis consciente del sueño, de la que querría hablar alguna vez con calma; una dulce amiga, católica ferviente, me la trajo a la mente estos días. Desperté, me dijo con naturalidad, y sentí un espíritu maligno que me agobiaba. Me puse a rezar y recuperé la calma).

¿Ha notado usted un hueco
en su retórica al uso?
¿Se ha despertado confuso,
persiguiendo un ruido seco
que palpita como el eco
bajo la piel de la almohada?
El corazón de la nada
ha comenzado a latir.
Partió quien ha de venir...
Incertidumbre sagrada.

miércoles, 5 de marzo de 2008

Dulzura distante

También la noche de ayer en Clamores, a pesar del sonido horrible que se nos vino encima, se salvó como pudo (hacéis una cosa dulce, dijo ella, que no se parece a nada) —pero el lujo mayor estuvo en los dos días anteriores, de frenético ensayo. Fue un verdadero regalo conocer a Enrique, gran músico y gran tipo, uruguayo a muerte, que salió con nosotros a tocar como quien te acompaña, sonriente, en una caída libre. Mientras paseábamos por la feria medieval de mi pueblo, hablamos de Eduardo Mateo, de Kano y los Bulldogs y otra tanta buena música de allá que aquí no le suena a nadie. Le hablé de Verónica, aquella memoriera uruguaya que aparece y desaparece de mi correo trayéndome siempre arte y zozobra. Desde que me descubrió ciertas canciones (Tu tristeza, Hoy te vi...), tengo una confianza imbatible en que hay muchos tesoros musicales por descubrir, sobre todo de países como Uruguay, que están como difuminados en el mercado global, y sin embargo rebosan talento.

Esta canción de Fernando Cabrera, interpretada con Ana Prada, resume bien el sortilegio. Que por mí vayan todos, los mismos que las aman, a las cosas...