martes, 30 de agosto de 2011

Tres calas de un melón: Ciento Volando en directo


Para los que no seguís la página de Ciento Volando en Facebook, subo aquí tres canciones del concierto que dimos el pasado viernes 26 de agosto en el Rincón del Arte Nuevo, en Madrid. (Gracias a Sonia Pita por la foto.) Como verá quien estuvo, me inclino por la parte acústica del concierto, porque se ha dejado grabar mejor.

La primera es una versión de Ricky Martin (sic): Lo mejor de mi vida eres tú, arreglada por Dani y Luli y Benja (a la batería), en la que tengo el placer de tocar sin haber oído nunca el tema original; la segunda, Cuando la Luna muera, una canción mía que ya traje aquí hace poco, cantada ahora como es debido; y la tercera, Hay mil historias, una canción de Daniel un tanto esotérica, que se ha decidido a aflorar inesperadamente, agraciada con la voz y la melódica de Luli.

Todas las piezas tiene errores de bulto medio, pero creo que trasmiten lo que son, sin demasiado desvío. Buen provecho.






domingo, 28 de agosto de 2011

Pañuelo de agua (García Cabrera)


En un libro estupendo (aunque plagado de erratas) del maestro Senabre, Claves de la poesía contemporánea. De Bécquer a Brines, encuentro (pág. 307) este poema memorable de un autor que no conocía, Pedro García Cabrera.

Este charco, este pañuelo de agua
que asomado al bolsillo de la roca
abandonó en la tierra la marea,
es todavía mar, un mar inválido
de espumas, y horizontes, y rumores,
apenas una lágrima dejada
en el párpado seco de la orilla,
pero que lleva impresa en su destierro
el ser la pura soledad de nadie.

jueves, 25 de agosto de 2011

martes, 23 de agosto de 2011

Las hadas de tu templo


Seguimos rescatando composiciones de Alfonso. Ésta es una de sus mejores canciones, interpretada en directo por Ciento Volando en el Rincón del Arte Nuevo, el 19 de febrero de 2007. A la percusión, Luz (de donde el sol la toma). La letra, aquí.


domingo, 21 de agosto de 2011

La Hermandad de la Luz Verdadera


Una botella que llega a su destino: me acerca hoy Esther, hermana de Alfonso, esta estupenda versión que ha realizado Jorge Calvo (teclista y multinstrumentista de los legendarios Ñu) de uno de los mejores temas de nuestro amigo, la Fraternitas Verae Lucis.




miércoles, 10 de agosto de 2011

Leyenda urbana


Hay ángeles buenos y malos, y de algún buzón de Madrid sé yo que me tuvo persuadido, por años casi, que comunicaba directamente con el fuego central de la tierra, y que toda palabra escrita que allí se aventurase acabaría consumida en pavesas, mientras mi novia la esperaba días y noches.

Pedro Salinas, El defensor.


Hay una continuidad, un aire de familia, entre las historias populares, las que inventan los niños y las que vivimos en sueños. La ocurrencia de Salinas tiene ese sabor: no creo que brotara de su conocimiento de los materiales clásicos sobre estos asuntos, aunque sin duda los conocía bien: las entradas al Hades que se situaban en varias ciudades del mundo antiguo, la costumbre de abandonar en las tumbas mensajes dirigidos a los muertos y a los seres divinos del Más Allá (mensajes que, a veces, ardían en la pira funeraria, pasando así a otro plano). Uno de mis alumnos, este curso, sorprendió al bregado folklorista Pepe Pedrosa con una historia que se contaba en su pueblo, y que comparte el mismo tono: al cambiar de lugar las farolas (¿o eran los semáforos?), habían descubierto que al pie de varias de ellas había enterrados varios cadáveres sin identificar. (Al pie del monte Calvario, recordarán Vds, ardía la calavera de Adán; y en ella, se dice, hundía sus raíces la Cruz de Cristo). Cuando me tocó dar Historia, el primer año que di clase, allá en Montijo (y en verdad hay pocas cosas que me caigan tan lejanas como dar Historia), entre las muchas cosas sensatas y necias que leí sobre los megalitos estaba esa idea de que constituían una suerte de ascensores con tres paradas: el mundo celeste, el nuestro y el ctónico. Pumbi, o las Embrujadas, le habrían sacado jugo a la idea.

La imaginación, en fin, restituye la corriente entre todos los territorios. Tal vez ésa sea su función más profunda. Agosto y su tesoro me ha traído más de una vez esas sorpresas. Tenderse en el parque, ya de madrugada, y sentir cómo las farolas toman su fuerza del suelo y brillan, casi fosforescentes, sobre la yerba mojada. La razón acaba dándose a estas conjeturas: la energía que llega de las raíces a la flor y la que fluye por una conducción eléctrica es, en último extremo, la misma: un regalo del Sol, que se prodiga, como el Ser Emanador de las viejas teologías, en orgasmo perenne.

miércoles, 3 de agosto de 2011

Mar de fondo (III)


Nadar en el mar me devuelve a mi infancia. Y a los versos. Se nada a la vez en el uno y los otros, enredado en los hilos que cruzan palabras y sensaciones. En Nadja y en otros sitios señala André Breton que el agua y el fuego también fluyen del uno al otro: 'Llama de agua, guíame hasta el mar de fuego'. En los versos que hice estos días se siente también el trasvase:

Oh mar inmemorial, oh mar de fondo,
telar en cuyas mimbres arde el tiempo;
si tu príncipe soy o tu despojo
es cuestión de opinión. Ojo por ojo,
tus párpados de espuma me vigilan
con amplia imprevisión. Ardo en tu sangre.


martes, 2 de agosto de 2011

Mar de fondo II


De niño veraneaba todos los años con mi tía y mis primas en Cuchía, cerca de Torrelavega. Había, sobre todo, dos playas: una poblada, pero curiosa, con restos de un faro, un rompeolas y vías de tren que se hundían en el agua; otra, la de los Caballos, de difícil acceso, casi siempre vacía y generosa en aventuras.

Este poeta se estrenó, pues, hablando del mar, desde la perspectiva del niño que recorre la playa y va viendo en los restos que dejan las olas las huellas de una batalla celebrada allí hace un siglo. De los poemas de entonces, que he tenido que ir abandonando, el que dice así es uno de los que más me costó descartar:

Mar, propietario sin alas,
¿de qué herida brotan tus ondas?
El sol herido en ti siembra memoria;
su huella imprime sal en cada gota.

Mar santo, en ti diluyes la conciencia.
Tu sangre es automática y sagrada.
La espuma quiebra esferas de relojes,
agujas imantadas en la arena.

Tu paso iguala todo y lo preserva.
Durmiendo sueñas cuanto antaño fuera.

[La hechicera me sacó de mi ventana.
Me llevó por la marisma hasta la arena.
Tendió los naipes negros sobre el agua,
y el agua quedó quieta, y dentro de ella,
la luna fría y dura como piedra.]

¿Qué ha de nacer del mar sino el recuerdo?
El mar tiñe la pena de leyenda,
de esponja con los labios de sirena.

No hay tanto que esperar, amigos pares.
El sol es una llaga que se quema.
Las vasos rotos llaman la galerna.

Morid dentro del mar, nadie lo siente.
Llorad dentro del mar, nadie lo nota.

lunes, 1 de agosto de 2011

Mar de fondo I


Las lecciones del tite Antonio. 1991, más o menos. Llego a su casa de Las Águilas con una hoja fotocopiada. Son los primeros versos de un largo poema de un compañero de la facultad, que me ha encantado. La fotocopia murió, y con ella el recuerdo del autor, al que apenas vi un par de días; pero aún recuerdo lo esencial:

El mar repite el verso o la verdad.
Creemos en el naufragio de amor
porque se salvaron las velas más altas...

Antonio coge la hoja y la mira con atención. Son sólo unos segundos, sin embargo.

'Aleixandre', me dice, descartándolos. 'No, no, es un compañero de la fácul'. 'Ya. Pero es Aleixandre. El verso o la verdad. Aleixandre.'

Y lo era. No lo dijo entonces, pero ahora sé que la rima de mar y verdad, y hasta el uso mismo de esta palabra, también debió de molestarle.

Los versos aún me acompañan; pero tienen, desde entonces, algo de juguete roto.