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miércoles, 9 de febrero de 2011

Despierta y desnuda


En personas necias, sólo los deslices producen frases de algún valor. Resultan reveladoras, solemos decir; pero conviene matizar qué nos revelan. Desde luego, no que el bobo lo es (que mal podría disimularlo), sino que lo que es no agota lo que en él se juega: detrás del tinglado personal del sandio sigue latiendo el lenguaje, esa forma de vida impersonal y prodigiosa, que combina una y otra vez las palabras en cualquier inconsciente a su alcance, como esos programas informáticos que se activan cuando el usuario está despistado y se ponen a discurrir sobre el virgo de las galaxias y otros temas de provecho.

Me refiero, claro, a esas palabras que se le han escapado a un politicastro uno de estos días: dudaba si la compañera de oficio que había presentado una enmienda o propuesta la había elaborado despierta o desnuda. La prensa no ha sabido qué hacer con una cosa así y lo han metido en el cajón de sastre de las ocurrencias machistas, como aquella de Miguel Ángel Rodríguez sobre la Constitución y tantas otras caquitas. Obviamente, es otra cosa: uno de esos emparejamientos felices que sólo el azar produce, y que constituyen la mejor cosecha de las vanguardias de los 20 y 30. La semejanza fonética y morfológica (des-) fuerza el solapamiento de los significados: tanto despertar como desnudarse suponen un cambio de escenario y propósito, un verdadero salto de conciencia. Bajo la ropa, el cuerpo duerme; la desnudez lo enuncia desvelado, inteligente, presto para lucir al calor que sólo otra piel puede prestarle.

Si en vez de salir de la boca de este inepto (al que, con todo, se agradece no haber sabido evitarlo) nos hubiera llegado en un poema de Aleixandre, el sintagma sonaría como debe: con la deliciosa ambigüedad de la o, que tan pronto nos obliga a optar como reconoce una identidad inesperada (La destrucción o el amor). Soñémoslo, entonces:

Despierta o desnuda,
atraviesas mi mente tal pájaro en llamas.

Dejemos volar la imagen. Respiremos, si hay agallas, su fuego.

domingo, 29 de noviembre de 2009

De la mano de Poe


Un matrimonio logró colarse en la fiesta de Obama y darle la mano. Ya podía haber tenido Grace Slick tanta suerte con Nixon, cuando intentó convidarle a una copita de ponche lisérgico.

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A veces, la traducción mejora el original. Mis terrores, escribió Poe, no son de Alemania, sino del alma. La semejanza accidental de las palabras castellanas (paronomasia, en Linneo) dota a la contraposición de una energía nueva, contraria quizá al propósito del autor. Alemania contiene alma: ésta es el alma o almendra de aquélla —pero la conexión funciona también al revés: también el alma tiene su propia Alemania, su propia terra gothica e incógnita. En esa provincia o reino (y no en otros, de los tantos que el alma pueda tener) vivió y padeció Poe, aventurero psicodélico donde los haya. Y allí parece haberse quedado tras su muerte, tal nuevo Virgilio. Por esa Europa espectral conducirá años más tarde los pasos de su sucesor: cuando a H. P. Lovecraft le felicitan por la descripción de París que aparece en uno de sus cuentos (La música de Erich Zann), confiesa que sólo ha estado allí una vez. With Poe. In a dream.

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Sobre Poe, un nuevo libro. De muestra, un pezón. (¡Y otro sobre Breton! No paramos. Bien está.)

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Alguien se ha dejado abierta la puerta del portal. Una anciana se detiene a cerrarla. Puerta cerrá, llega el diablo y se va.Ojalá.

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Hoy me apetece utilizar esto como un cuaderno de anotaciones. Otra: en muchas culturas se da el fenómeno de la glosolalia. Un médium entra en trance y comienza a 'hablar en lenguas', cantando o salmodiando en una lengua inédita. Si no recuerdo mal, en los textos mágicos griegos se llama nombres efesios, o bárbaros, a estas incursiones en la lengua de otro mundo. Sin embargo, el sismógrafo no yerra: la música gramatical (acentos, entonaciones que marcan la modalidad de la frase, pausas de coma, punto, etc.) de cada medium corresponde a la lengua habitual del mismo. The speech of glossolalists reflected the patterns of speech of the speaker's native language. También los espíritus tienen denominación de origen.

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Por otro lado: glosolalia y jitanjáfora. La vanguardia vuelve, conscientemente o no, sobre las formas expresivas del espiritismo. El ejemplo más famoso es la escritura automática; pero ya se ve que no es el único.