
A MI HIJO PEDRO
Tú serás rico. Afortunadamente,
prefieres al Latín la Geometría;
no te interesa nada la Poesía,
ni bullen inquietudes en tu frente.
Eres del siglo práctico presente;
sólo de ayer conservas la hidalguía;
te sobra corazón... pero algún día
te arrancarás del pecho al insolente.
Tú vengarás lo que conmigo hicieron;
eres la garra que en el mundo dejo
para que hieras los que a mí me hirieron.
Ser bueno con los hombres es baldío;
que sientan la bravura de tu rejo.
¡Que no parezca que eres hijo mío!
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A MI HIJO PEPE
Tú seguirás mi senda... Inquieto eres.
Amas el Libro y la Naturaleza,
y ya medita tu infantil cabeza,
y el "de dónde" y "por qué" de todo inquieres...
Seas mañana en la vida lo que fueres,
no has de mentir tu genio y tu nobleza.
Compartes con orgullo mi pobreza,
iY yo sé lo que sufres y me quieres!
Tus dibujos de niño, esa amargura
que ríe de sí propia en la figura
torpemente trazada por tu mano,
paréceme que brota de mí mismo...
¡de este horroroso, inexorable abismo,
que el vulgo dice "corazón humano"!