
El niño oculta la mano en la manga del jersey y dice, imperativo: '¡A dormir la mano! ¡A dormir!'. Tiene razón. Soñar es ocultarse, dejarse llevar al corazón de las mareas. Al sueño se entra y se desciende: Lovecraft habla en algún lugar de la escalinata que conduce a las Tierras Altas del Sueño, y de los pozos y simas que conducen a estratos aún más profundos. Profundamente dormido, decimos, deep in my dreams, reconducidos a una pluralidad de funciones que nos hace ser tres y, por tanto, ninguno: el protagonista del sueño, su espectador, su guionista (el mío, junguiano, gracias a Dios).
Valente, ese poeta antipático al que sólo se le entendía cuando insultaba (Trapiello dixit), escribió, sospecho que joven, esta nana perfecta, que recoge material tradicional sobre la Mora o Reina Mora y consigue llevárselo, sin violencia, a un nivel poético nuevo. Paco Ibáñez le puso música tan bien como suele (y aprovecho para quitarme el sombrero ante este músico de enorme talento y arriesgo un juicio: su genialidad está menos presente en sus himnos políticos, magníficos pero abrasados por la historia, que en las composiciones aparentemente menores en las que musica poemas herméticos de García Lorca o villancicos medievales de Gloria Fuertes, verdaderas maravillas. En algunas de ellas está perfectamente cifrado todo el pop de duermevela que intentamos hoy algunos. Lo único malo de Ibáñez, si es que hay algo, es el pacoibañecismo cegato de los que entonces coreaban lo más perecedero de su repertorio y hoy siguen, aun renegando, reducidos a él.)
Que no venga la Mora,
la Mora con dientes verdes,
toda la noche ligero,
mi niño, duerme.
Que no venga la Mora,
la Mora con dientes verdes.
Toda la noche, mi niño,
ligero duerme,
ea, ea, ea.
Duerme ligero, duerme,
que si la Mora viene,
en el sueño escondido
no podrá verte.
Duerme ligero, mi niño,
que si la Mora viene
en el sueño escondido
no podrá verte,
ea, ea, ea.
La Mora grande,
la Mora con dientes verdes,
no llames a mi niño
ni lo despiertes.
La Mora grande,
la Mora con dientes verdes,
no, no llames a mi niño
ni lo despiertes,
ea, ea, ea.
la Mora con dientes verdes,
toda la noche ligero,
mi niño, duerme.
Que no venga la Mora,
la Mora con dientes verdes.
Toda la noche, mi niño,
ligero duerme,
ea, ea, ea.
Duerme ligero, duerme,
que si la Mora viene,
en el sueño escondido
no podrá verte.
Duerme ligero, mi niño,
que si la Mora viene
en el sueño escondido
no podrá verte,
ea, ea, ea.
La Mora grande,
la Mora con dientes verdes,
no llames a mi niño
ni lo despiertes.
La Mora grande,
la Mora con dientes verdes,
no, no llames a mi niño
ni lo despiertes,
ea, ea, ea.