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miércoles, 2 de enero de 2013
De Byron a Elvira Lindo
De Byron a Elvira Lindo. Me lleva varios días dando vueltas en la cabeza esta fórmula, que una de las mentes pensantes de Intereconomía utiliza para resumir la decadencia de la vida cultural española en un vídeo que nos acercó JA Montano. Hay varias tomas de partido en esta contraposición, y todas son lamentables. Básicamente, Byron es mejor (a ojos del pedante de turno) porque es inglés, es varón, es poeta, escribió para adultos, forma parte del canon y está muerto. La realidad es que Byron, a su pesar (tiene sus momentos), es un autor que no hace falta leer: como figurón, sirve de resumen de la literatura entendida en el peor de los sentidos, como exhibicionismo, egolatría y pose. Estar viva, resultar cercana a nosotros por su actitud, su lengua y su tiempo, escribir sin cascabeles, ser capaz de contarnos sus historias desde un narrador de otro sexo y haberse interesado (como Carroll o Twain, por citar dos varones anglosajones canónicos que el interecónomo, imagino, habrá de bendecir) por el mundo infantil (aunque no solo por él) son pecados de los que cabe estar muy orgullosa. Bien por EL.
jueves, 1 de noviembre de 2012
Una oda de Horacio
Para Montano, un poema de Horacio traducido por el maestro García Calvo.
Odas IV 13
Oyó el cielo mi voz, Lice; los cielos han
escuchado mi voz: vieja te ves y aún
te las echas de linda,
juegas, bebes y sin pudor
con canturria temblona al remolón amor,
ebria, incitas: el cual en la mejilla en flor
de la bien tañedora
Quía monta la guardia ya:
pues al vuelo y desdén secas carrascas él
pasa, y tuerce de ti, porque los dientes mal-
amarillos te afean,
mil arrugas y canas mil;
ni te va a devolver púrpura coa ya
ni el más caro joyel días que el tiempo en un
bien notorio registro
volandero cerró una vez.
¿Dónde fue la Color, ay? El airoso andar
¿dónde? ¿Qué tienes ya de ésa, de aquella tú
que alentaba de amores,
la que a mí me robó de mí,
tras de Cínara tú alta en favor, tu faz
luz del arte feliz? Sólo que a Cínara, ay,
breve vida los hados
dieron,
prestos a hacer durar
largo a Lice, a la edad de la corneja, a fin
de que mozos de hoy puedan en bulla ver
no sin risa la antorcha
derruyéndose en frío hollín.
(tr. Agustín García Calvo, )
sábado, 12 de julio de 2008
Bossa Nova. La historia y las historias

Más un mundo que un libro, los que frecuentamos el Nickjournal no podemos leer Bossa Nova. La historia y las historias, de Ruy Castro (Madrid: Turner, 2008), sin sentirnos conducidos por su traductor, José Antonio Montano. A su modo, todo Montano está aquí: desde la fobia a los acordeones —no siendo el de João Donato— hasta el fluir de la prosa, no siempre idiomática (un disco de oír para creer, p. 65), pero siempre achispada.
El héroe del libro, João Gilberto, mantiene una lucha enconada contra el mal gusto, una hidra cuyas cabezas (folclorismo, demagogia, chunda chunda) acaban seducidas por la canción del vate, moviéndose al compás de El Pato y la Garota de Ipanema. Inevitablemente, el triunfo de la Bossa Nova supone su trivialización —pero pocos movimientos han llegado a esa prueba tan bien protegidos por la autoironía y el as en la manga.
Aunque Ruy Castro promete objetividad (Los seres humanos, al igual que los vinilos, tenemos cara A y cara B, y se ha puesto el mayor empeño en mostrar las dos), hay protagonistas a los que se les perdona todo (Gilberto, Donato, Vinicius) y otras (pues suelen ser damas) que, tras la lectura del libro, uno preferiría mantener a prudente distancia (Elis Regina, Nara Leão). (Aunque nadie sale peor parado que Roberto Carlos: un ye-yé que intenta emular a Gilberto, no da el pego y se tranforma en un pastelón sin paliativos.)
La ambigüedad que mejor se trasmite es la de Jobim, genial, acomodaticio, consentidor, oportunista. Al final, la impresión que uno tenía antes de leer la obra (que Jobim es el gran compositor de esta música —y, de hecho, la trasciende) sale corroborada cum laude.
Por lo demás, el libro no tiene una hoja seca. Hay destellos a cada paso, como el descubrimiento de que, tantos años antes que el rock progresivo, hubo ya un Stan Kenton, paladín del progressive (jazz), injertando las audacias de la música 'clásica' en la música de masas, e irritando por igual a patricios y pebleyos.
Sin querer discutir la definición que el autor da del libro (la historia de una felicidad), el hecho de extender la crónica a las horas negras del género (al menos en Brasil) y no hurtar (aunque no entre en detalles) el declive de sus estrellas, muchas ya extintas, le da también un aire crepuscular y hasta enrabietado (¿Alguien recuerda cuándo la gente empezó a avergonzarse de la expresión «bossa nova» y se puso a sustituirla por «MPB» [Música popular brasileña]?). Sin embargo, la obra se cierra con una discografía que, además de parecer muy completa, celebra su propia victoria: las reediciones en CD indican que el interés por el género es cada vez mayor, y el libro (publicado por primera vez en 1990, pero revisado en el 2001) se atribuye, sin duda con razón, mérito en ello.
La cosecha de buenas canciones es tan amplia que cualquiera puede servir. De las muchas que no conocía, las que más me sorprendo tarareando son Chega de Saudade (que da título a la versión original del libro), compuesta por Jobim y Vinicius pero elevada a su máxima potencia por Gilberto, e Influência do Jazz, de Carlos Lyra. Opto por la menor (y menos conocida).
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