Mostrando entradas con la etiqueta Aforismos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Aforismos. Mostrar todas las entradas

sábado, 21 de enero de 2012

Doce y una


El tiempo pone a cada uno en su sitio. —Por un tiempo. Y rara vez a tiempo.

*

Siendo uno un ignorante, la de cosas que sabe que ya no sabe nadie, de cuando aún leía libros. Toda una Atlántida en descomposición.

*

Ayer leí con asombro que el Boccaccio maduro se hizo cristiano de verdad y quiso quemar el Decamerón. Lo disuadió ¡Petrarca!

*

No te puede atender. Está dormida. Se ha mudado a un país donde no existes.

*

—La realidad supera a la ficción. —Y tanto. Sobreactúa.

*

La memoria: ese mar donde cada mañana amanecen distintas islas.

*

Me hubiera encantado leer la mente de mi dentista cuando le he dicho que llevo tiempo enjuagándome con un locutorio.

*

¡Buenísimo! José Manuel Pedrosa, 'Del parchís a la Montaña Rusa: laberintos, juegos, violencias, iniciaciones.'

*

Para un votante del PP, la definición práctica de 'franquismo' es 'una época cuyos aspectos negativos se han exagerado'.

*

'Piratería': fenómeno que consiste en que los bienes culturales se han digitalizado y están mejor repartidos gracias a las redes de P2P. Cosa que no soportan las minorías de entendidos que antes tenían acceso exclusivo a todo lo que era difícil de conseguir y/o carísimo

*

Mi muela y yo: enemigos íntimos. Vamos a tener que hacer terapia de pareja.

*

La estatua de Fabra. Quién fuera pájaro, para ir a comentarla debidamente.

*

Doce y una son trece. —Hacen trece. —Pues eso. —No es lo mismo; aunque dé igual.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Carta helada


Carta blanca, sí, a algunas ocurrencias más, de las que le viven a uno de noche. Como siempre, tiro de Twitter, aunque algunas mutan, creo que para bien, al quitarles la camisa de fuerza de los nosecuantos caracteres.

I

Los fines no son lo mío. Ni lo nuestro, creo. Lo humano es andar por ahí en medio, y tirar por la calle del ídem. No persigo fines / porque son ruines, cantaba el maestro Antonio.

II

Hagas lo que hagas, no exhibas las llagas.

III

El argumento de los etarras es el de todos los maltratadores: la maté, pero fue por amor (a la patria). La maté porque era mía pero te votaba a ti. La muy guarra.

IV

Reloj, no marques las horas —no vayan a cogerte el teléfono y la tenemos.

V

...y de todo tendrás que desprenderte. —Comprendo. Como el globo que suelta lastre. —No, no comprendes. Como la hoja que cae del árbol.

VI

No conozco a nadie a quien le guste tanto soñar, y tan poco ir a dormirse.

VII

La tilde que cae sobre las esdrújulas no las ensalza: las fulmina.

VIII

Mi aliteración favorita: la de las haches. Haberlas, haylas.

IX

Poesía: un incordio muy bien hecho. La piedra perfecta en el zapato. Llámalo perla.

X

Decirle al reloj que trae las tantas lo que al tipo que lanza un farol: Las veo.

XI

Lo que es mentira paga el precio de serlo con tal de ser. Establecido el sujeto, el tema, lo demás es predicado. Aderezo.

XII

—Te lo comes y punto. —Punto y coma. / El niño conceptista, todo retruécanos y repámpanos.

XIII

La mancha de la mora la almendra la desea.

XIV

Como la generación de las hojas, así la de los nombres. La savia no tiene ninguno.

XV

La tele es ya cosa de niños y viejos. La España adulta ha dejado de ser catódica.

XVI

La vida es un concurso sin notario.

XVII

Carlo Frabetti: El hábito no hace al monje —pero oculta sus erecciones.

XVIII

La sabiduría del demonólogo siempre es sospechosa. Aunque se siente en la mesa con los demás monjes, los dedos le cantan a azufre.

XIX

¿Cuándo serás digna de tu millón de trotskistas?, preguntaba Allen Ginsgberg a América. ¿Cuándo merecerá España su millón de indignados?

XX

La CEOE, crecida en nuestra adversidad como un forúnculo en la falta de asepsia.

XXI

Digas lo que digas, recoge las migas. A menudo, por no decir siempre, los lapsus (las migas de lo dicho) son la parte más interesante del discurso. También se habla entre líneas.

XXII

El miedo a la psicodelia es miedo a que la psique se manifieste (délomai): miedo a saber qué hay en ti que no es obvio pero está y actúa.

XXIII

Una niña del cole: Santa Claus, santa Claus, / dulce desgraciao, / nos traes los juguetes / del año pasao.

XXIV

El primer unfollow: Cancel my subscription to the Resurrection (Jim Morrison, When The Music's Over).


miércoles, 6 de abril de 2011

Pero el lobo tenía un plan


No importa con qué aguja
repases hoy la herida,
con quién tomes apuntes
del curso de tu vida...

Pues eso. Sigo trayendo apuntes, más o menos afortunados, para los que huis, con buen criterio, de las redes sociales. La mayoría las he ido dejando en Twitter, pero hay alguna del Facebook.

*

Ser raro es tan normal que es tontería darle (darse) importancia.

*

Manuel Vicent (o un imitador) en Twitter: 'La revuelta de los países árabes tiene una estética de botellón.'

*

El pasado no tiene otro formato que el de 'resto': un cúmulo presente (y mudable).

*

La izquierda suele corromperse, es decir, se derechiza. La derecha es la corrupción organizada: su brazo legal.

*

Leyendo novelas realistas del XIX. Aquí sí que se cumple que el medio (la ambientación) es el mensaje. La trama es sólo una excusa.

*

Lo que realmente quiero hacer: música para gente que no madruga al día siguiente.

*

Vocación fatal: confieso que de adolescentes, cuando jugábamos a la ouija, le he afeado las faltas de ortografía a más de un espíritu.

*

Cristo: el prototipo de esos novelistas que deciden incluirse dentro de su obra, reservándose las mejores réplicas y un final espectacular.

*

Clase de sintaxis: 'En el principio era el Verbo'. Acoqui, Tesnière.

*

Como canta Sabina, hemos llegado a ese momento en que 'por las autopistas de la libertad / nadie se atreve a circular sin cadenas'.

*

La era del simulacro. 'Sacó un cigarrillo y se lo llevó a los labios. Eso sí, sin encenderlo. Era solo para hacerse la ilusión de que fumaba.'

*

Me he enterado estos días de que Victor Hugo fue un entusiasta del espiritismo. Incluso publicó un libro con los poemas que tuvieron a bien dictarle los muertos; que resultaron idénticos en forma y contenido a los del resto de sus libros.

*

Acabo de leer Bajarse al moro (vi, hace años, la película). Me parece agradable, pero poco más. Los estudiosos que la editan en Cátedra intentan desesperadamente otorgarle una profundidad que ni tiene ni necesita. No suelo recomendar a mis alumnos que se salten la introducción, pero en este caso sería defensa propia.

*

'Pero el lobo tenía un plan'. También la madrastra de Blancanieves. En los cuentos infantiles, sólo los malos maquinan, arrastrados por deseos que se han convertido en ideas fijas. En los romances de ciego viene a pasar algo parecido: cuando se habla de que algún personaje quiere 'lograr su intención', ésta suele ser violar o matar a alguien. Frente a eso, tenemos a personajes que actúan de manera desconcertante, pero que se revela a posteriori sabia: el sastrecillo valiente, un suponer, que se lleva un queso y un pájaro, sin que sepamos (quizá él tampoco) de qué podrán servirle. Una suerte de serendipia o azar objetivo.

miércoles, 21 de abril de 2010

Afuerismos


Aforismos. Vengo de leer lo que escribí sobre ellos celebrando el Lucidario de Luis Valdesueiro. Tiene un pase (mi escrito, no el libro, que es magnífico). Ahora, llevado por el husmo del prólogo, que firma García Calvo, me he hecho con otro libro del mismo género, aunque bien distinto: Puentes en el desierto. Afuerismos, de Ángel de Frutos Salvador (Valladolid: Junta de Castilla y León, 2007).

Frutos, estudioso de Lacan, es mucho más espumoso que Valdesueiro. En gran medida, basa sus hallazgos en la paronomasia, esa coincidencia, plena o parcial, que la lengua produce entre significantes que no están relacionados etimológicamente. Para entendernos, aquello de Parra: de jóvenes, de tumbo en tumbo; ahora, de tumba en tumba.

Paronomasia y psiconálisis dan para bastante. García Calvo, en un prólogo de compromiso, más bien reticente, escribe:

Los hay que no creemos en ninguna conexión, ni consciente, ni subconsciente (no digamos "inconsciente") entre la morfofonémica de las palabras y su significado; que más bien disfrutamos con la arbitrariedad de la conexión, casi que como con una gratuidad; y que, cuando un chiste consiste en el juego de palabras, no nos reímos mucho.


Uno tiende a darle la razón al maestro cascarrabias; aunque no la tiene toda. Se puede empezar por lo más evidente (la huella de la onomatopeya en algunas palabras, como maullar), pero enseguida hay que ir más allá: una palabra es una combinación de fonemas. Quien la pronuncia es consciente en primer lugar del significado convencional de ese grupo de fonemas; pero, si se le da pie, es probable que sienta también el significado latente que se encierra tanto en aquellos componentes que lo tienen de hecho (lexemas, prefijos, sufijos) como en aquellos que lo obtienen de la analogía. Así la etimología popular convirtió vagabundo en vagamundos. Un punto más allá, no es un capricho constatar que ama el mal tiene una homogeneidad redundante, tóxica, de la que carece ama el bien, y cualquiera siente que la ponzoña encierra una amenaza angulosa que no tiene el simple veneno (una palabra cuyas querencias, opuestas a su significado convencional, salen a la luz cuando hablamos de veneno del bueno). Nuestro querido Antonio englobaba estos fenómenos dentro de la sinestesia, y creo que no es difícil probar que en cualquier texto literario la elección entre sinónimos viene dada, además de por el ritmo, por las llamadas connotaciones, de las que este contrasignificado o significado adicional es parte importante.

Yendo al texto de Frutos, creo que el decálogo puede servirnos también esta vez para dar una muestra conveniente. Aquí van diez afuerismos, de entre las primeras páginas. El resto, coséchelo el lector cuando guste.

1. Fe en erratas.
2. La voz que calma en el desierto.
3. Sus gracias reparte entre desgraciados y desagradecidos.
4. Función de la forma: poner un término al abismo.
5. De niños, a la escuela. De ancianos, a la esquela.
6. Lo que falta. Lo fatal.
7. Se salió finalmente con la suya. Era otra.
8. Ira de la razón. Ironía del corazón.
9. Arte: ficcionar la herida.
10. El premio, niña, tiene un precio.


domingo, 22 de junio de 2008

Lucidario, de Luis Valdesueiro


Los libros de aforismos son un género de lindes contrarias, un café de posos negros, orientales y arcaicos (el hombre es un mendigo cuando reflexiona), bendecido sin embargo por la espuma y su ligereza, siempre inmediatas (acrobacias, tropos, greguerías). No es un camino que haya frecuentado, aunque salí quemado de algunas zarzas: Heráclito, Eclesiastés, Gracián, Nietzsche, Weil, Cioran. También perpetré alguno: con el tiempo lloras menos —pero te vuelves inconsolable.

Debo a la generosidad de Juan Poz un ejemplar del Lucidario de Luis Valdesueiro (Madrid: Poesía, por ejemplo, 1997), oráculo manual cuyo enunciado contiene un juego: se diría que el título evoca en anagrama al autor [Lucidario / Lu(c)i-d-eiro], sellando la correspondencia entre ambos.

De los dos componentes precisos (el otro es la sorpresa), Valdesueiro se inclina por el acervo. Hay poca pirotecnia. El autor logra, en cambio, enfocar lo obvio (siempre borroso) y hacerlo visible.

Más que reseña (paráfrasis), el libro pide una muestra: saludar directamente al lector. En homenaje a las raíces, juego al decálogo:

1. APARIENCIA Y REALIDAD. La apariencia, si engañosa, también es realidad. Por momentos, la única.

2. EL TIEMPO siempre vuelve, no se va; nos arrastra hacia la eternidad sin horas.

3. EL PERDÓN: aceptar que no somos como creemos; creer que los demás no son como son.

4. EL CAPITÁN Ahab, animal herido, persigue infatigablemente a la ballena blanca. Reniega de su libertad en aras de la venganza. A veces encontramos en el odio la fuerza que el amor nos niega.

5. MUJER de Lot: el pasado petrifica.

6. LA MUERTE consiste en sólo tener pasado, todo el pasado del mundo.

7. NIEBLA: el ojo ve lo que nos impide ver.

8. PESE a las altas olas, el mar, en lo profundo, permanece tranquilo.

9. UN AVE cuya gravidez le impidiera el vuelo. Ese es el sino del hombre trágico: vivir relegado a la miseria del vivir.

10. EL MIEDO es, en la distancia, infinitamente terrible. Por eso, cuando rozamos aquello que lo provoca en nosotros, un asomo de verdadera valentía, inimaginable antes, nos sorprende. Tal es el poder de la realidad: disuelve el miedo que pulula en los aledaños de la imaginación y preludia otra cosa. Y, al final, terminamos siendo más valientes en la tozudez de los hechos que en las cárceles de la imaginación.