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miércoles, 19 de enero de 2011

Actualidades


Le tomo prestado el título a aquel viejo tomo del maestro para traer algunos apuntes sobre lo que pasa (o más bien nos arrolla).

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Murcia, Grecia, el mundo: primero miserabilizas la vida de la peña. Luego, cuando se revuelven, te rasgas las vestiduras: ¡ah, la canalla!

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Un experimento en marcha: ver hasta dónde se puede dinamitar el estado del bienestar sin que se produzcan protestas violentas de cierta envergadura. Luego, cuando inevitablemente se produzcan, culpar a la canalla (esos que parecían pacíficos contribuyentes y que habrán mostrado, nos dirán, su verdadera cara). Habrá llegado la hora de cauterizar las heridas: dar por concluido el ajuste e incluso retroceder levemente, sabiendo que el mercado laboral habrá quedado ‘flexibilizado’ (precarizado, miserabilizado) de forma irreversible.

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Leo que, probablemente, el presunto agresor de Murcia salga en libertad sin cargos. Pero la mercancía ‘informativa’ ya se ha vendido, y no se admitirán devoluciones. En lo que se confirma que el hombre no estuvo donde tenía que estar, me tranquiliza comprobar que, en vez de explorar otras vías de investigación, la policía se esfuerza por incriminarle como sea. Sería un crimen dejar que se escape un sospechoso tan prometedor sin sentenciarlo debidamente: «José David Baño Lorente, el drogadicto vago y maleante que agredió a Pedro Alberto Cruz». ¡Hágase justicia!

martes, 8 de junio de 2010

A la huelga

Huelga y holganza (y aun folgar) son términos hermanos, pero bien distintos. Uno hace huelga sabiendo que pierde dinero y quizá también el tiempo; pero convencido de que cumple su deber. En tiempos de crisis, suelen caer las caretas. El juego es bastante descarado: quienes nos han arrastrado a este escenario pretenden que los demás paguemos sus piruetas especulativas, y consiguen (lo que es realmente lamentable) dividir a los trabajadores, animando a los del sector privado a sentir alegría maligna por el recorte que sufrimos los funcionarios. Una maniobra, además de miserable, falaz, pues no hay que ser un genio para ver que los recortes que sufrimos hoy unos influirán negativamente en los convenios colectivos de otros.

No comparto casi nada de lo que escucho o leo en estos días sobre los sindicatos, que, mejores o peores, son nuestra defensa ante las arbitrariedades del patrón, privado o público. El precedente está claro: la abominable Thatcher logró hundir a los sindicatos durante la crisis de finales de los 70 (cuando más falta hacían), y la derecha (ese brazo retórico de la injusticia) pretende lograr lo mismo esta vez, privando a los trabajadores de la capacidad para responder organizadamente a las agresiones que sufren y colándonos la monserga de siempre: que sólo su modelo (el mismo que nos ha llevado al desastre) es realista y viable.

Pues bien: lo 'real' es que un colectivo sin capacidad de presión está sujeto a lo que otros más poderosos dispongan para él. De ahí que se intenten cargar el movimiento sindical. Las críticas a los compromisos de los sindicatos con el poder o sus insuficiencias siempre son oportunas; pero no deberían impedirnos reconocer que si nos dejamos pisar, nadie apreciará la nobleza de nuestro gesto. No les demos ese gusto.

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Sobre los liberados sindicales. Cualquier parecido del discurso cavernícola sobre los mismos con los hechos es pura coincidencia.