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viernes, 6 de febrero de 2015

Ofelia


Leo en Historia y poesía, de José Luis Cano, un bello artículo sobre Ofelia en Bécquer, que va acompañado de una antología ofeliana. Y, al principio sin saber qué estoy haciendo, me encuentro escribiendo en un minuto este soneto, una flor más de su guirnalda.
 
Ofelia 

Dance me to the end of love
 (Leonard Cohen) 

Porque nadie que esté en su sano juicio 
podría comprender lo que tú vales, 
de qué rincón vacío, intacta, sales 
como hiedra que escala el precipicio.

Amarte no es piedad; más bien el vicio 
de quien vive la vida sin avales, 
dejando, como polvo en los cristales, 
la huella ensangrentada de su oficio. 

Poesía: vivir siempre a la espera 
de un nombre que quizás no tiene dueño, 
de un dios ensimismado en la venganza; 

ser frágil y, por eso, verdadera; 
girar como las hélices de un sueño; 
danzar hasta el final de la esperanza.

miércoles, 22 de marzo de 2006

Ofelia (Alphonsus de Guimaraens)


(Metamorfo)

Lirio del valle, flor de la corriente,
sigo fría y hermosa entre otros lirios.
Coronan mi cabeza los martirios.
En mis ojos vestales, paz silente.

Las estrellas vendrán a encender cirios
al fondo de este lecho, suavemente.
Mi rostro besará, calma y doliente,
la luna que bendijo mis delirios.

Venga la vaga luz que anda en las cuevas
para bordar mi frente, donde vaga
el beso de mi amado circunspecto.

Hermosa como voy, con flores nuevas,
mi palidez lunar logrará, maga,
que el príncipe me dé su eterno afecto.

sábado, 11 de marzo de 2006

Bachelard y los sueños


El agua y los sueños, de Gaston Bachelard, y El sueño y el inframundo, de James Hillman. Libros soñados antes que escritos, casi tan legendarios e imposibles como el libro de arena borgiano. En narrativa, sólo Las aventuras oníricas de Randolph Carter, de Lovecraft, alcanza en algunos momentos una temperatura similar. El sueño consolidado, pertinaz, maduro —y un guía que se pierde con nosotros por ese parque de apariciones, dueño del hilo y sirviente del tapiz. Libros cómplices, que no reducen las imágenes a otra cosa que sus propias costumbres y caprichos. Nada hay en ellos de monserga clínica ni pedantería, ningún intento de salvarnos de nuestro propio fondo.

Savater logró algo similar con La infancia recuperada —pero el intento de Bachelard y Hillman va más allá, trasciende las fronteras de la literatura infantil, o de cualquier otra. No reconstruyen la sensibilidad de un individuo, una generación (una anécdota), sino la de toda la tribu. Románticos y surrealistas habrían matado por asomarse a estas páginas tan sacras como ilustradas, donde ningún argumento tiene otra autoridad que su capacidad de fascinación y resonancia experimental. Después de ellos, psicoanalistas y críticos literarios al uso parecen estafadores dignos de lástima.

*

Por petición popular, un mechón verde de los cabellos de Ofelia.

viernes, 10 de marzo de 2006

If 6 were 9


Me levanté a las seis para escuchar a Jimi Hendrix
(era un documental de Canal Plus, intempestivo)
y escuché a sus amigos, familiares y vecinos
contarme historias tristes de mafiosos que chulean
y público tocino que ha cogido gusto al truco
del hombre tremebundo que asesina su guitarra.

Hablaron de las drogas y eran todas espantosas:

el ácido lisérgico diríase sulfúrico;

contaban que volvía algo medroso al pobre Jimi,

dócil a los consejos de su mánager corrupto
e injusto con su amigo y gran bajista, al que botó

el día que empezaba a hacer preguntas sobre el tema
de adónde va el dinero y quién decide lo que hacer.

De música hubo poco. Daba igual: algunos negros,
en tanto aprovechaban para hacer patria del genio,

no podían dejar de lamentar que su conciencia

política estuviera poco menos que en mantillas.

Todo el mundo escupía sobre los años 60

como si se temieran (y, tal vez, no sin razón)

que del espejo roto fuera a alzárseles un doble

punible en estos días de moral inoxidable

por posesión de drogas, de izquierdismo o de verdad.

Era bastante obvio que compraron los testigos,
pero de todas formas daba pena la traición.
Tomé nota mental: nunca madrugues. A esas horas

el mundo es tan horrible que tan sólo se soporta

si has pasado la noche disolviéndote muy lejos
de la televisión, ojo sin párpado de Dios.

(Devocionario Pop)

*

Un río de Ofelias.