miércoles, 4 de diciembre de 2013

Entrevista a Juanjo Respuela (guitarrista de Bloque)


Hablar con tus héroes no es algo que suceda todos los días. Desde que topé en la Red con Juanjo Respuela, guitarrista del grupo Bloque, había ido acariciando la idea de animarme algún día a hacerle algunas preguntas sobre su trayectoria en la banda y después de la disolución de esta. Al final, no he tenido más remedio que animarme a entrevistarle, y Juanjo, que es un santo, ha contestado con paciencia a casi todo (¡aunque seguiremos sin saber qué poder es el undécimo!).

Para los que no conozcáis a Bloque y a los proyectos posteriores de Juanjo, o queráis refrescar la memoria, a lo largo de la entrevista he introducido algunos vídeos que los presentan en acción.   Si os quedáis con ganas de más, aquí y aquí tenéis otras dos entrevistas. ¡Salud y buen provecho!

*

—¿Quiénes y cuándo fundasteis Bloque?

—Yo entré en el grupo en el 76, después de una escisión en Bloque, que dio origen a Ibio, otra formación interesante, más enfocada a las raíces cántabras. Quedamos Sixto y yo a las guitarras, Juan Carlos a los teclados y voz, Luis Pastor al bajo, Paco Baños a la batería y Tivo Martínez al sonido.

¿Cuáles fueron vuestros referentes dentro del rock anglosajón? 

—Pues bien variados. Peter Green, Pink Floyd, Soft Machine, Genesis, Cream, Beatles, Savoy Brown, Canned Heat, Neil Young, Gong, King Crimson, Hot Tuna, Vanilla Fudge... todo lo que caía en nuestras manos.

—¿Y del español? 

—Smash, Máquina!, Módulos...

—¿Hicisteis alguna vez versiones de otros grupos? 

—Claro, de Allman Bros., Fleetwood Mac, Golden Earring... aprendiendo.

—¿Había en esa época un circuito que os permitiera actuar por toda España en condiciones dignas? 

—Bueno, dignas, dignas... nos arreglábamos construyendo nuestros propios equipos, porque no había nada de nada. Pero nos movíamos por salas de Madrid, por el M&M, por Barna, en el antiguo Zeleste, por el Magic, en el Born. Y poníamos anuncios en Disco Exprés, la revista, para que nos llamaran de cualquier sitio, y allí nos íbamos.

—La música de Bloque tiene puntos de contacto con otros grupos de la época, como Asfalto o Triana, pero a la vez es muy singular. Pasado el tiempo, ¿crees que de algún modo formasteis parte de la escena del rock urbano, del 'rollo' o del rock progresivo español? ¿Cómo fue de estrecha vuestra relación con los otros grandes de la época? ¿Hubo rivalidad, colaboración, aprecio mutuo…? 

—Creo que sonábamos muy personales, sobre todo por nuestro concepto más sinfónico, por decirlo de alguna manera. Los teclados, el mellotrón, los desarrollos, las dos guitarras, nos daban un aire distinto al resto de grupos que nos movíamos por aquel tiempo. En cuanto a la relación con los otros grupos, imagina que había veranos que coincidíamos un montón de veces, juntábamos equipos, compartíamos cantidad de historias, comidas, cenas, hierbas... Iceberg, Triana, Asfalto, Leño, Dharma, Guadalquivir... También organizábamos nosotros unos Festivales en Torrelavega, por donde pasaron Lole y Manuel, Iceberg, Borne... infinidad de grupos.

—En los títulos y las letras de vuestras canciones abundan las referencias al esoterismo: La noche del alquimista, Conociendo a Abraxas, El silencio de las esferas ¿De qué lecturas os alimentabais por entonces? ¿Era un interés general del grupo o de alguno de vosotros en particular? (Y, ya que estamos, ¿qué poder es el undécimo?) 

—Al principio, las letras eran del gran Antonio Casares, poeta, profesor y músico también. Creo que hay una manera inteligente de explicar lo más transcendente y lo más cotidiano: la Poesía. Compartíamos muchas horas de furgoneta y de lecturas. Whitman, Hesse, Borges, Kafka, Jack London, Poe...


—En vuestro primer disco agradecéis al poeta Antonio Casares su colaboración. ¿Qué papel tuvo Antonio dentro del grupo? ¿Os habéis mantenido después en contacto? 

—Casares, “Tocho” era un ácrata músico, viejo conocido del grupo, y una fuerte inspiración al comienzo, y al que sigo viendo por las calles, o en los bares donde toco.

—¿Cómo percibisteis vosotros el cambio de tendencias musicales que tuvo lugar en los 80, con la entronización de la New Wave y la Movida? ¿Hubo un enriquecimiento o un empobrecimiento de la música rock? ¿Os perjudicó el cambio de paradigma? 

—En este país sin personalidad, en cuanto aparecen nuevas modas, los medios cambian de objetivos rápidamente, y en aquellos años, cuando surge el punk y la new wave, muchos críticos influyentes dejaron de lado al resto de músicos que no comulgábamos con las nuevas tendencias.

¿Cuándo se disuelve Bloque? 

—En el 83 dejamos de funcionar.

—Y ¿cuándo sentís que puede tener sentido volver a actuar como Bloque? ¿Os ha beneficiado la reivindicación del rock progresivo y sinfónico de los últimos años? 

—Nos hemos reunido varias veces, pensando que nuestra música se renueva sola, es atemporal, pero nunca hemos encontrado una continuidad. Ni posibilidad de hallar salas o Festivales a los que pudiéramos acceder.

¿Crees que hoy se valora con justicia esta música? 

—Sinceramente, creo que la mayoría del público carece de criterio. Los medios se encargan bien de mediatizar el consumo de cualquier tipo de arte.

Tras Bloque, ¿cuáles han sido tus proyectos musicales? 

—Después del 83, hice un grupo con mi mujer, “La Bea”. Y posteriormente fundé un estudio de grabación en Santander, donde grabé cosas muy interesantes y me dediqué a enseñar sonido y hacer Talleres creativos para músicos jóvenes. Actualmente toco con un trío que me parece un lujo, con Roberto Gamaza a la batería y Alvaro Yanil, bajista cubano. Hacemos bares y lo que podemos, pero esta tierra es muy ingrata cuando haces músicas personales.


Cuéntanos dónde y cómo podemos hoy día acceder a tu música, en directo o a través de grabaciones. 

—Pues en Spotify tengo dos discos, Notas al margen y Erizo en bajamar, grabados en solitario, y en notasalmargen.bandcamp.com podéis escuchar cómo sonamos en trío en un bar.


—De las canciones de Bloque, ¿podrías escoger tres o cuatro favoritas y explicar por qué son especiales para ti? (Yo me mojo y doy las mías, a ver si coincidimos o no: La libre creación, Fiesta de la mar y El hijo del alba.)

Fiesta de la mar es interesante. Y El hijo del alba es una bonita melodía. Yo añadiría Joven levántate, sobre todo en directo (en Youtube), por su mensaje tan actual. También Detenidos en la materia, del 4º disco, musicalmente me parece de lo mejorcito, con un saxo espectacular... y Añoranza... y....


Como guitarrista, te has dedicado también a la docencia. ¿Cómo ha sido tu experiencia en este campo? 

—Siempre me gustó enseñar lo que me apasiona. En los Talleres que hacía en el estudio, juntaba a 20 jóvenes músicos, les explicaba cómo se trabaja con el sonido en el estudio, sus posibilidades, y luego yo era un catalizador que les provocaba su propia creatividad. Al cabo de un mes, salían con un CD que habían grabado ellos, sin querer. Y a esos discos les tengo un cariño especial. La libre creación, ¿te suena?


¿Cuáles son tus guitarristas favoritos? ¿Y tu modelo de guitarra? 

—Pues sigo fiel al Peter Green de los primeros Fleetwood Mac, y al Mike Bloomfield más blusero. Ahora me sorprende Terje Rypdal, algo supremo en sonido y tensión, y, cómo no, Jeff Beck y el Hendrix. En cuanto a guitarras, sigo con mi Strato de siempre, con la que grabé todo lo de Bloque, y con una vieja Telecaster del 68. Y con un Fender Champ 12 pequeñito.

Con la música de los últimos 20 años, ¿has tenido alguna buena experiencia? ¿Qué te parecen, por ejemplo, Radiohead, Nirvana y REM? 

—Escucho mucha música, pero me dirijo más a música y menos a canciones.


http://horizontesdelrock.blogspot.com.es/2009/02/bloque-i.html http://horizontesdelrock.blogspot.com.es/2009/02/bloque-y-ii_11.html 

—Un abrazo.

(Uno para ti, Juanjo. Y gracias mil.)

domingo, 1 de diciembre de 2013

No digas que sí (Agustín García Calvo)


Ordenando grabaciones, he encontrado esta, un bonus track de la época en que anduve grabando unas cuantas de Valorio 42 veces, de Agustín García Calvo. Esta llevaba años musicada, pero nunca me había animado a darle curso. Hace unos meses la descarté, o al menos me olvidé de ella; pero ahora que la he encontrado no me ha parecido tan mala la grabación, así que la rescato. Dice el poema:



No digas que sí
ni de mí ni de ti.
Di que no,
que ni tú ni yo.

Si el arroyo supiera
que pasa y no vuelve,
no se reiría
con esos dientes.
Agua en las guijas,
que cuanto más me muero,
más maravilla.

No digas que sí.

Si supiera la nube
que el viento la lleva,
¡cómo llovería
de pura pena!
Lloros de nube,
que si le digo «Espera»,
al vuelo huye.

Di que no.

Si al jilguero le dicen
que canta lo mismo
que cantó su abuelo,
¡adiós a los trinos!
Trino y gorjeo,
que si tú no lo crees,
no me lo creo.

No digas que sí.

O si al sol le contaran
que hay mil y mil soles,
negro se pondría
como la noche.
Ay sol doliente,
que para que otros vivan
me das la muerte.

Di que no.

Y si a mí me aseguran
que tú ya eres otra,
les diré que viene
la flecha rota.
Rota la flecha,
que se me irían todas
si tú te fueras.

No digas que sí
ni de mí ni de ti.
Di que no,
di que ni tú ni yo.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

La danza de las sombras

Por lo que dejan ver,
van haciéndose tierra.
¡Hojas caídas!
(Tooyoojoo)

Una vez compuestas, unas piezas se resignan al olvido; otras vuelven cuando lo sienten oportuno y no paran hasta que reciben lo que demandan. Esta es de las que más contento me dejaron cuando le di forma: una melodía modal de flauta, más infantil que siniestra, que se desliza sobre una secuencia minimalista de dos acordes (A - G#m) al compás de un ritmo mecánico, como de reloj de juguete. A la pieza le ha brotado una letra, así que pronto habrá que volver a grabarla como canción propiamente dicha. Pero entre tanto le han crecido imágenes: las que le ha tomado prestadas al otoño el fotógrafo Santiago Hernández-Cano en este estupendo montaje, cuya confección es enteramente obra suya. Mil gracias, Santiago.

sábado, 23 de noviembre de 2013

Quisicosa modal


Ya lo he contado alguna vez: salvo error u omisión, soy la única persona que conozco que disfruta con las clases de solfeo. Salgo de ellas con los ritmos nuevos dando vueltas en la cabeza, y no es raro que de ello acabe saliendo alguna melodía. Hoy hemos estado viendo los dosillos y cuatrillos en compases ternarios. Y, en verdad, alguno que otro hay en esta pieza modal minimalista...

jueves, 21 de noviembre de 2013

Danza del norte (again)


El precio de la continuidad es el cambio, dijo Ferdinand de Saussure. Y, en verdad, lo que no muta muere. No es el caso de esta melodía de Alfonso García Pecharromán, que con los años no cesa de engendrar nuevos arreglos y vericuetos. Así suena la versión de hoy, añadiendo al guiso una trompa (destinada a maese José) que anuncia el tema principal (y concluye luego la pieza) con una variación medievalizante.

domingo, 17 de noviembre de 2013

Canción del mar (Francis)


Algunos hacemos muchas canciones. Otros, pocas, pero memorables. Las dos piezas instrumentales que compuso al violín mi amigo Francis (a la izquierda en la foto), El baile de los vampiros y la que les traigo, son dos de mis melodías favoritas. Como no tengo ninguna grabación suya tocándolas (aunque no desisto de conseguirla), me he puesto al mando de la Orquesta Encantada para dar idea, al menos, de una de ellas: la Canción del mar. Que suena así, con cita del maestro Juan Sebastián incluida.


Y asá después de limarla un poco y cambiar los timbres (salen la flauta y la guitarra, entran el clarinete-mellotrón y el clave).

martes, 12 de noviembre de 2013

La caída de Arturo


La cosa va así: quedas con un amigo, Josu Gomez, y comentas el último poema publicado de Tolkien, La caída de Arturo. Coincides en que el traductor ha hecho un trabajo digno, teniendo en cuenta que el metro original, basado en la aliteración, es impracticable en castellano. Al menos nadie lo ha intentado, que se sepa. Luego debe ser imposible: un empeño que no tendría sentido. Tras una leve sonrisa, comenzáis a traducir los primeros versos...

Hacia el Este va Arturo, con sus armas resuelto
 a emprender el combate en agrestes campiñas;
 va surcando la mar hasta el suelo sajón
para el Reino de Roma defender de la ruina.
A tornar y torcer la corriente del tiempo
su esperanza le urgía; y a humillar al pagano,
que en bajeles voraces a atacar no volviera
las bahías brillantes y las aguas bajeras
de Bretaña del sur, su botín saqueando.
Como el mundo va a menos en los meses de otoño,
y a su destino, raudo, va declinando el día
bajo la bruma triste y un hombre busca entonces
quehaceres y aventuras en lo que corre, aún cálida,
su sangre asoleada, así ardía su espíritu
por un postrer asalto en pos de eterna gloria
de proezas y orgullo, afrontando la prueba,
soportando en su empeño el embate del sino.
El hado mal urdido así le daba impulso
y con malicia Mordred endureció su mente:
'La guerra es sabia', dijo, 'dislate el demorarse.
Que sus templos se caigan; que queden sus bastiones
derrumbados, desnudos; calcinados sus diques
y sus islas, inmunes al paso de las armas
o al imperio romano, ¡que ahora apesten al cielo
en fuego de venganza! Feroz es vuestra mano,
os sigue la fortuna: ¡salid y someted!'

viernes, 8 de noviembre de 2013

Cantar de Hildebrando


El Cantar de Hildebrando es un poema épico (y edípico) medieval compuesto en antiguo alemán. Ayer me entretuve en volcar en verso español lo poco que nos ha llegado de él. Así sonaría:


Oí contar
que a solas dos guerreros se enfrentaron,
Hildebrando a Hadubrando, por entre dos ejércitos.
Padre e hijo tomaron sus corazas de héroes,
revisaron sus piezas y ciñeron la espada
sobre sus armaduras camino a la batalla.
Hildebrando habló entonces, el hijo de Heribrando,
que era el hombre mayor y de más experiencia;
empezó a preguntar con medidas palabras
quién del otro era el padre, de las gentes que viven,
«o de quién tú podrías resultar descendiente.
Con que digas lo uno, ya sabré yo lo otro,
muchachito, que a todos en el reino conozco.»
Hadubrando habló entonces, el hijo de Hildebrando:
«Nuestra gente me dijo, los que mucho han vivido
y son sabios, que era Hildebrando mi padre.
Yo me llamo Hadubrando. Hace ya largo tiempo
que mi padre huyó al este de la inquina de Otácher
junto a Dietrich y muchos de sus fieles guerreros.
Dejó atrás en la tierra a sus seres queridos,
a su novia en su alcoba y a su hijo pequeño
de su herencia privado. Se fue, pues, hacia el este
en auxilio de Dietrich, tan escaso de amigos
y que era de Otácher enemigo jurado.
Fue de Dietrich mi padre un vasallo excelente,
siempre al frente de todas las batallas y duelos,
y los hombres valientes bien sabían quién era.
Ya no creo que viva». Respondía Hildebrando:
«Sé tú, Dios, desde el cielo de estas cosas testigo:
nunca trabes combate con quien lleva tu sangre.»
Y tomó de su brazo un puñado de anillos,
con el oro del Emperador engarzados,
que el buen rey de los hunos en regalo le diera.
«Como prenda te doy esto de mi amistad».
Respondiole Hadubrando, el hijo de Hildebrando:
«Con la lanza se debe recibir tu regalo,
contra punta su punta. Sin medida tú astuto
te creíste, huno viejo. Me lanzaste palabras
para, en ellas trabado, arrojarme tu lanza.
Si has llegado hasta viejo fue con estas argucias.
Me contaron las gentes de la mar, que al oeste
del océano viajan, que murió combatiendo.
¡Muerto yace Hildebrando, el hijo de Heribrando!»
Hildebrando habló entonces, el hijo de Heribrando:
—Por las armas se ve que en tu casa un maestro
diligente tuviste, y que nunca al exilio
te enviara tu príncipe.
(…)
Por desgracia, buen Dios, me golpea el destino.
Ya sesenta veranos y otros tantos inviernos
vi pasar, en la tierra de otras gentes varado.
En la línea del frente combatí con denuedo
y jamás me mataron al tomar algún fuerte
¡y ahora llega mi hijo para hundirme su espada
y clavarme su hacha, si antes yo no lo mato!
Mas, si tienes agallas, bien podrás sin esfuerzo
al anciano que soy despojar de su cota
y llevarte el botín, si es que a él tienes derecho.
(…)
Ni el peor de los hombres del Oriente querría
malgastar la ocasión de enfrentarse contigo,
deseoso como eres de justar. Así cueste
lo que cueste, veamos quién se lleva estas armas
y podrá reclamar las dos cotas de malla.»
Dejan ya navegar cenicientas sus lanzas,
golpes ágiles lanzan, que detienen rodeles.
Ya se acercan a pie, los brillantes escudos
golpeando con fuerza hasta que hacen saltar
con su espada el escudo…
.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Qu'est-ce que tu fais dans la vie?


Tengo la pequeña superstición de que uno no entra de veras en una lengua hasta que se lanza a componer algo en ella, por minúsculo y risible que sea. En los días en que andábamos por Atenas, hace ya algún decenio, nos divertimos no poco con aquella rumba minimalista que decía Katalabenis Eliniká? Katalabéno poli kalá! Pues, del creador de tonada tan patafísica, llega esta canción en francés, un tanto más presentable porque en la letra he integrado sugerencias de Josu Gómez, @cronopiodeley, y @wilbpack. No me he atrevido a cantarla, pero así suena la música, y así dice la letra, por si Vds. sí se animan.

Qu'est-ce que tu fais dans la vie?
Qu'est-ce que tu fais dans la vie?
—Je suis la crème de la crue,
je suis la fleur de l'ennui,
de la vie j'ai tres envie!

—Qu'est-ce que tu fais dans ma vie?
Qu'est-ce que tu fais dans ma vie?
Je suis le glas du perdu,
je suis le non et le oui,
ton mal ancien pas guéri.

A la recherche de la Vierge de lumière,
je foule l'ancien cimetière.
Êtes vous luciole ou peut-être feu follet,
rose dont l'arôme étiolait? 

(Edito la música y la letra: añado una sección intermedia, sobre acordes menores.)

martes, 5 de noviembre de 2013

Caras que colorear



Discurríamos estos días mi amigo Sergio y yo sobre las canciones tristes con música alegre (bailable, incluso). Esta, la última de momento de La Bossa y la Vida, pienso que ilustra bien el caso. Así de bien la canta Fátima, y así marcha la cosa:

Cara de que no me quieras,
cara de que me dé igual;
caras que nos salen caras,
caras que colorear.

Cara de que te pregunten
lo que piensas de verdad;
cara de que no les guste,
cara de dejarlo estar.

Cara de que te recuerden
todo lo que hiciste mal;
cara de cruzar los dedos
para volver a empezar...







sábado, 2 de noviembre de 2013

Halloween y el espejismo de lo castizo



Sobre esto de Halloween, ¿soy el único que piensa que prácticamente nada de lo que asociamos con esta fiesta es exclusivamente anglosajón, y que (casi) todo estaba ya en el folklore español (y universal)?

Si les parece, repasemos. El grupo de niños que va recorriendo las casas pidiendo un obsequio es, como poco, tan antiguo como una de las primeras piezas conservadas de la lírica popular griega antigua, la Canción de la golondrina que se cantaba en Rodas al llegar la primavera. Ha llegado hasta nosotros a través de Teognis de Rodas, un autor del siglo III o II a.C., y dice así, en la versión de García Calvo (en su Poesía antigua (De Homero a Horacio), pp. 105-6:

Ya vino, ya vino
la golondrina,
trayendo el buen tiempo
y las buenas añadas,
por el vientre tan blanca,
por el lomo tan negra.
Saca torta de higos
de esa próspera casa,
y el jarro de vino
y el cestillo de queso.
Tampoco el hornazo,
tampoco el rebojo
la golondrina
no los rehúsa, no.

¿Qué, que dices «vete» o que dices «ten»?
Sí, si algo das: si no, no te hemos de dejar.
Llevémonos la puerta o el montante o bien
a la mujer que dentro sentadita está.
Pequeña es ella: alzarla no nos costará.

Pero, si traes cosa buena,
lleves tú bienes mil.

Abrir la puerta a la golondrina, abrir, abrir:
que viejos no, no somos: niños somos, sí.

Pedazo de truco o trato.  Nos hemos ido a Grecia a buscar los precedentes para que se vea hasta qué punto el invento tiene solera; pero más cerca en el tiempo y el espacio tampoco nos habría costado mucho encontrar rituales análogos. ¿No salen los mismos niños que se disfrazan por Halloween a pedir el aguinaldo por Navidad, sin escándalo de la Conferencia Episcopal? Las canciones infantiles de cuestación han deleitado a más de un etnógrafo: aquí tienen por ejemplo un trabajo sobre estas canciones en el folklore vasco. En Améscoa (Navarra), por la fiesta de san Nicolás, cantan los niños:

Angelitos somos, del cielo venimos, 
alforjas traemos, turrones pedimos, 
para Jesucristo que viene en el camino, 
lavándose la cara con agua rosada.

¿Y en Extremadura, aún más cerca del que esto les escribe? Pues también se ronda, se canta y se exige, claro. Por ejemplo:

Si no me das aguinaldo
al Niño le he de pedir
que te dé un dolor de muelas
que no puedas resistir.

¡Ay tiritití...,
¡Ay tirititando!
No ve voy de aquí
sin el aguinaldo.

El aguinaldo real
son dos libras de galletas,
un cuartillo de aguardiente
y dos turrones de almendras.

¡Ay tiritití...,
¡Ay tirititando!
No ve voy de aquí
sin el aguinaldo.

Visto que la cuestación tiene poco de exótica, ¿será entonces la costumbre de disfrazarse de animales y demonios lo que habremos tomado como tontos de los anglosajones? Pues... Ya se huelen Vds. que, sin remontarnos (por pereza) a las pinturas rupestres que representan a hechiceros vestidos del equivalente paleolítico del Jarramplas o demás espantajos populares,  las mascaradas fúnebres nos pillan bien cerca. En su libro de 1947 Costumbres españolas de nacimiento, noviazgo, casamiento y muerte, p. 338, Enrique Casas describe un espectáculo multimedia que deja chicas la mayoría de las macabrerías de Halloween:

En Selva del Campo (Tarragona), durante el velatorio del cadáver de un párvulo, los vecinos acuden a la casa mortuoria y hacen caretas, esto es, se disfrazan, se ponen unos dientes de cebolla, se envuelven en sábanas, apagan las luces y encienden una sartén de azufre.

Así que, dirán Vds, al final resulta que lo único netamente anglosajón era la calabaza convertida en cabeza humana, el famoso Jack O'Lantern. Pues no es por llevar la contraria, pero veamos cómo describe en 1957 Joan Amades a la Setrilla, asustaniños célebre en Prat de Comte (Tarragona):

ser extravagante que trataban de representar por medio de una cántara vieja e inservible, en cuyo cuerpo practicaban dos agujeros más o menos simétricos, que querían figurar los ojos; dentro del buche colocaban un candil de aceite encendido, colgaban el artefacto del techo en una habitación oscura y por medio de una cuerda lo hacían balancear. La oscuridad y el azoramiento no permitía a los niños darse cuenta del engaño, y creían hallarse ante un fantasma temible.

No es una calabaza, cierto. Pero la imagen, además de conectar con Jack O'Lantern, nos envía a la vieja Gorgona de los griegos, y a otros muchos espantos del folklore que toman la forma de una cabeza sin cuerpo.

En resumen: lo único especificamente anglo de Halloween es el nombre; y aun este lo es solo hasta que lo traducimos. La forma completa, All Hallows' Eve, significa simplemente la Víspera de Todos los Santos.

viernes, 1 de noviembre de 2013

Ordenanzas


Novedades del pasado. Una décima dialogada (o dialéctica).

Ordenanzas 

Ordenemos. (¿Disequemos?) 
¡La pureza! (¿El purismo?) 
Da lo mismo. (No es lo mismo.) 
Despejemos. (¿Recortemos?) 
Aclaremos. (Prediquemos.) 
Reglamento. (¡Anarquía!) 
¡Norma y orden... (¡Armonía...) ...
de lo justo! (...del capricho!) 
Previsibles (tumba, nicho)
circulemos (:policía).

jueves, 31 de octubre de 2013

La vida de los muertos


El odio popular hacia los 'días de...' (que no logra, como vemos, impedir su proliferación más o menos compulsiva) no necesita mucha explicación, creo, aunque tal vez acepte un intento. De un lado, se siente rechazo hacia eso de que desde arriba (autoridades políticas que fijan calendarios, autoridades religiosas, medios de formación de masas) se nos diga de qué y cuándo debemos ocuparnos, como dando a entender que sin esas directrices pasaríamos por alto tan importantes cuestiones y no encontraríamos qué hacer o nos entregaríamos a otras varias, menos dignas. Ese rechazo puede extenderse a las cuestiones mismas que se nos plantean en esos recordatorios, cuando se trata de la exaltación del poder y el dominio mismos (días de la patria, de la milicia, de la bandera y, si te descuidas, hasta del sistema penal o la silla eléctrica); pero otras veces no es así, y en el rechazo va entreverado el amor hacia lo que hay más o menos debajo del tema (por ejemplo, nuestros muertos), que no se resigna uno a ver encuadrado y limitado en un día (e ignorado, por contraste, el resto del tiempo).

Junto a esto, está la evidencia de que, si muchas son las cosas, como antaño los dioses, no pueden estar todas todo el tiempo a la vez en primera línea de nuestra atención. Quizá por ahí cabría un rescate de las fiestas 'temáticas' como una principalía, al modo en que los guerreros de Homero van teniendo cada uno su momento de gloria en la Ilíada, sin desaparecer por eso durante los demás cantos. Cierto que no se producen esas 'hegemonías' (es el término griego) siguiendo una planilla que marque los turnos de cada cual, sino que son los azares de la batalla y el capricho de los dioses (que lo uno es lo otro) lo que hace que ahora destaque Áyax y en otro momento lo haga Diomedes. Pero en fin, basta con que la ejecución más o menos improvisada y abierta a cambios de la epopeya se convierta en un texto escrito para que ya esos azares se hagan inevitables, cosa hecha, y tenga cada uno su turno, definido inapelablemente y hasta sujeto a cálculo exacto (canto tal, versos tal y pascual).

Y así, si es un azar que el día de los muertos sea en nuestra cultura este que se avecina y no otro cualquiera, como lo es que estemos en esta cultura y no en otra, y aun que estemos o no vivos para contarlo, una vez presos en la tela de araña correspondiente en la que el tiempo se cuenta como mandan sus dueños, es inevitable tropezar cada año con este día, y parece lógico pararse a sopesar la piedra y darle alguna que otra vuelta. Vayan, pues, algunas observaciones por si les apetece discutir alguna, y que la desarrollemos un poco:
  1. Amamos y tememos a los muertos. De ahí que los mantengamos a cierta distancia: distantes, pero accesibles.
  2. Somos la parte viva, actual, presente, de una cadena que en su mayoría consta de muertos. Viven en nosotros. 
  3. Los muertos son seres paradójicos: se les ha acabado el tiempo, pero tienen a su disposición la eternidad. Ya no están, pero son ubicuos. Están fuera de la obra, pero proyectan sobre ella su sombra (o su luz). Son impotentes, pero están libres de toda atadura.
  4. Los muertos son seres humanos inversos: actúan cuando descansamos, hablan al revés, están donde no hay nadie, saben lo que ignoramos, ven lo invisible. 
  5. Los muertos tienen hambre y sed: carecen de lo que tenemos (la vida) y lo echan de menos.
  6. Un muerto está a la vez en el mundo de los muertos, allí donde reposan sus restos y allí donde viven los que le importan. 
  7. Hay una buena muerte y una mala muerte. La buena llega tras una vida plena, pasa por los ritos funerarios pertinentes y permite la integración satisfactoria en el Más Allá. La mala llega de forma prematura o violenta, y el difunto queda ligado de forma traumática al mundo de los vivos.
  8. La Muerte lucha contra el deseo de vivir de los enfermos o heridos (agonía); pero una vez lograda la victoria, el difunto se arroja sus brazos: deja este mundo como lo hace el vencido por el sueño. 
  9. La muerte tiene grados: físicos (hora de la muerte; podredumbre del cadáver; desintegración de sus huesos) y psíquicos (desde que el muerto deja de hablar hasta que deja de hablarse de él).
  10. La Luna es el sol de los muertos. Los animales, sus dobles. El sueño, su país. Son sombras sin sombra: reflejos de un rostro que ya no está ante el espejo.

sábado, 26 de octubre de 2013

A las 8 en el bar Ithaka


El disco más famoso de los Beatles,  el Sgt. Peppers, comienza y acaba con la misma canción, la que le da título. En nuestros conciertos hemos cogido la misma costumbre. Así sonó este jueves en el bar Ithaka una de nuestras canciones, A las 8 de la mañana, en las versiones de entrada y salida:


sábado, 19 de octubre de 2013

Penúltimos pensamientos


Regalo de esta tarde. Otra canción —que, en lo que encuentra su voz, suena así en versión instrumental. (Corregida un poco más tarde.)


Y así en versión cantada (ya saben Vds: harto rudimentaria, etc.)


La tarde se me fue en poner en orden 
algunas cosas que olvidé apuntar; 
guardar en un impasse mis pensamientos 
prohibiéndoles volver donde ahora van.
Tú siempre por llegar, yo dando vueltas, 
haciéndome a la idea de esperar 
que el tiempo desperece tu conciencia, 
que el viento desenrede la verdad. 

La tarde se nos fue en montar canciones, 
conjuros para obviar la soledad; 
maneras de sentirnos diferentes, 
mirar al fondo sin mirar atrás. 
Tú siempre por llegar, yo dando vueltas, 
haciéndome a la idea de esperar 
que el tiempo desperece tu conciencia, 
que el viento desenrede la verdad.

jueves, 17 de octubre de 2013

Donde los muertos


La muerte no está donde estamos; tampoco nosotros estaremos cuando ella llegue. Así razona  Epicuro en su Carta a Meneceo, sección 124. Aunque el argumento se dirige contra el miedo a la muerte, es también y sobre todo una constatación de la alteridad fundamental de la muerte. Un muerto es un ausente, alguien que nos ha dejado, se ha ido.

Sin embargo, nuestra mente acepta con dificultad la idea de un personaje sin circunstancias. No solo pensamos en los difuntos, los recordamos y guardamos sus restos en un sepulcro o urna, sino que tendemos a imaginarlos —y esta operación, tenga lugar en el sueño o en la vigilia, implica situarlos en un espacio peculiar, propio. Surge así de forma natural la idea de un mundo de los muertos, cuyos pormenores imaginarios son, en cada cultura, una descripción veraz de los deseos y temores de los vivos .

(Esta evocación de los muertos no es solo consciente: también se da mientras nos entregamos al estado alterado de conciencia más cotidiano y fascinante de todos, el sueño. Los sueños en que aparecen personas difuntas han llevado desde antiguo a una asociación, que a veces deviene identidad, entre el mundo onírico y el de los muertos. Géza Róheim y James Hillman han estudiado bien el tema, cada uno desde su perspectiva distintiva: freudiana la del primero y junguiana, o posjunguiana, la del segundo.)

En la imaginación de ese Otro Mundo es un factor primario el miedo a la muerte, el instinto de conservación. Incluso en culturas como las mesopotámicas y la griega, que no parecen haber planteado en principio el destino de los difuntos en términos de recompensa y castigo, el Más Allá se presenta como un lugar inhóspito, indeseable, donde falta todo aquello que hace grata y posible la vida humana: el calor (en su justa medida), la fecundidad, la energía vital. Abrasador o helado, el Inframundo nunca es templado, armónico.

Por otra parte, si el temor a la muerte es el miedo básico del hombre, la persona capaz de domeñar este terror, el héroe, sobrepasa al hacerlo el umbral de lo humano. Al anteponer la consecución de su deseo a la propia vida, el héroe acepta la posibilidad de la muerte y pone, en cierto modo, un pie en ella. La imaginación hace el resto: no es ya que el héroe arriesgue su vida para vencer al enemigo y conseguir lo que anhela (gloria, tesoros, princesas), sino que tanto el monstruo a vencer como la recompensa se sitúan al Otro Lado, en territorio enemigo.

El héroe debe morir (de forma ritual, reversible) para culminar su viaje, alcanzando el lugar más alejado de su punto de partida. Su regreso, más tarde, al mundo de los vivos, afirma la continuidad entre lo sujeto a límites y lo que subyace a estos: es como el discurso que, roto a final de cada línea, cruza de algún modo el margen, da la vuelta a la hoja y reaparece incólume para encabezar el próximo renglón. Un amanecer.

martes, 15 de octubre de 2013

Saludos de una amiga


Así de contenta se ha puesto Gorgo cuando se ha enterado de que vuelvo a la carga con sus amigas ogresas.

martes, 8 de octubre de 2013

Batracomiomaquia


Cadencias épicas
y fosas sépticas:
luchan los héroes
contra sus miércoles.

Con la pereza
propia del caso,
cardan la fibra
de su fracaso.

Riman las cosas
con sus esquemas,
víctimas rotas
de la marea.

Llega el silencio
con su voz rubia
y las anécdotas
jácinsi turbias.

Ojo por ojo
guiñan las copas
sus espesuras
más esponjosas.

Rimas caducas,
arcos de hielo;
lo que fue nombre,
sólo es adverbio.

Vuela la rosa al
abecedario,
vuelven las fosas
a sus osarios.

Todo es lo mismo
y es otra cosa
—tornan cometas
las mariposas.

Vida en ayunas,
muerte en directo;
frías las sumas,
humo los restos.

Vencen las deudas
sus atavismos.
Almas de trapo
sellan el ritmo.

Arden los hábitos
del ruiseñor.
Noli me tángere.
—No es a ti, no.

Luchan los márgenes
contra sus jueves.
Bajo las uñas,
sueña la nieve.

domingo, 6 de octubre de 2013

Adioses al verano


Hay veces que se conecta uno y se queda asombrado con las maravillas que aparecen ahí en la pantalla, como si nada, esperando hacerse voz, como de la voz surgieron. Esto envía hoy alguna gente de Las Aguas (¿Ana? ¿Vir?) a la lista de la tertulia política del Ateneo:


ADIOSES AL VERANO 

Ya las primeras lluvias del otoño 
dejan que te recuerde, ah largo estío, 
según te vas perdiendo y en el aire 
vive tu olor con el agua disuelto, 
para que no me olvide de cómo ibas 
negando tú las fechas de los hombres 
y toda fe, abierto en días claros 
de más aún serenas noches tibias, 
diciendo "¿y qué?: si hay más que no se cuenta." 

¡Bendito tú, haciéndote de cardos 
ya de cristal resecos, que en mil rosas 
te deshojabas dulce entre estos dedos 
y entre tus chopos verdes, rumorosos, 
(ancho tu río en la ciudad perdida) 
abriendo más veredas a mis pasos, 
ibas lento dejando a sus colores 
desmaírse y asomar entre azules 
nuevos, sabios, al fin las nubes blancas!; 
y por la tierra flores de milagro, 
sin riego, sólo flor a flor de tierra, 
y malvas, moras, y la flor tardía 
que amarillea todas las cunetas, 
y aún azulejos por tus rastrojales 
y más que van brotando de lo seco 
flores sin nombre entre espinas, 
y rojas ya las majuelas, y las agavanzas 
que un día tú  —no yo: tú, moribundo 
largo verano— para mí ensartabas 
en un collar que llevar a una tumba 
humilde, donde no se leen ni nombres, 
y en torno canta un bosque de cipreses.

viernes, 4 de octubre de 2013

Roll Over, Maharishi


Como todos los músicos aficionados, he compartido más de una vez con mis semejantes los tres acordes de un blues (o un rock), suficientes para hallar una lengua común y dar en doce compases (y unos tres o cuatro minutos) una vuelta completa al espacio y el tiempo. Pero nunca, o casi, me he atrevido a componer nada que siguiera este patrón: impone demasiado pensar que si lo haces, tienes detrás tantas buenas canciones. Es prácticamente imposible no acabar saqueando alguna, o al menos sonar de tercera o cuarta mano, completamente banal.

El caso es que hoy estuvo conmigo mi amigo Paco, con su charango, y cuando estaba a punto de irse me puse a trastear con el instrumento y me salió un riff —un sonsonete entre étnico y blusero que no dejó de incordiarme durante las cuatro horas siguientes. Como ellas mandan, acabé sentándome a escribir la cosa. Y así suena: algo como el encuentro imposible entre What I'd Say, de Ray Charles, y Within You, Without You, de los Beatles.