martes, 25 de junio de 2013

Arrival



Y dudar ante todo de este viejo cansancio
que reduce las cosas a su cáscara hiriente.
La mirada decide por qué tunel abierto
se aproxima a tus ojos un herraje del sueño.


sábado, 22 de junio de 2013

Leyendas augustóbrigas: On the Road Again

Vuelvo sobre uno de mis empeños: el libro sobre las leyendas recogidas por mis alumnos del instituto. Encuentro unos apuntes, escritos con prisa en algún momento y que no recordaba. Así  comienzan:

Las leyendas: variaciones de unos pocos temas recurrentes, eterno retorno diferenciado de lo idéntico que vive en variantes.

1. On the road again. La autoestopista fantasma, el alma errante (como Nadja). Hasta la Virgen, convertida en estatua, es Andariega. La muchacha muerta de forma prematura (que retorna). Hija, novia o madre fallida. Su eterno retorno, como la acción eterna de lavar la ropa o peinarse de lavanderas y sirenas,como el castigo de las Danaides y el de Sísifo, expresa la noción de estar preso en un bucle, una cinta (la carretera), como en los sueños en los que uno trata inútilmente de avanzar, pero siempre vuelve al mismo sitio. Aunque sepa los caminos, yo nunca llegaré a Córdoba. Un pasaje sin salida: un laberinto. Correlatos masculinos: el Judío Errante, el Holandés Errante. El fantasma de Robert Johnson subiendo al autobús: You may bury my body / down by the highway side / so my old evil spirit / can get a Greyhound bus and ride (Robert Johnson, Me And The Devil Blues).

domingo, 9 de junio de 2013

Primavera (I) (Antonio Hernández Marín)


Abrumadora,
pesada,
pero transparente,
clara.

Hora de dolor
en calma.

El silencio reduce
las distancias.

Casi
no eres
nada.

lunes, 3 de junio de 2013

Unos y otras: encuentros con ¿Agustín García Calvo?



Todos los días me subo a un globo, vía Google, y recorro el ancho mundo a ver si alguien se ha decidido a reseñar por fin Unos y otras. Encuentros con ¿Agustín García Calvo?, el libro que acaba de editar Triacastela y que se presentó hace una semana en la fundación Juan March.  Como parece que nadie se anima, me lanzo yo mismo a dar mal ejemplo, en la esperanza de que no faltará quien lo agrave.

Antes que nada, conviene aclarar que sí, juegos terminológicos aparte, se trata de un homenaje póstumo, eso que el maestro tanto odiaba y cuya sola posibilidad le hizo sufrir y maldecir en vida.  Cuenta, por tanto, con la hostilidad razonada de cuantos sienten que la manera de mostrar cierta gratitud al difunto es no darle por tal y seguir enredándonos en las múltiples razones y juegos que nos dejó, en vez de fijar la vista en lo que él mismo consideró un excipiente desdeñable: su persona. Al final de la presentación [minutos 22:38 y siguientes] antes citada, Luis Caramés expone este punto de vista con elegancia, recia pero un tanto escéptica: en contradicción quizá con la indignación que encarna, parece cumplir buenamente un deber, más que seguir un impulso.

El libro se ha montado con prisas, quizá demasiadas, y se nota. Su ambición es que gentes diversas aporten 'su Agustín': una suerte de álbum de fotos que nos muestra al personaje aquí y allá, tan pronto dando lo mejor de sí (por ejemplo, cuando se queda con Savater como único alumno de sus clases de Desengaño y prosigue como si nada, con la misma convicción y entrega que si la salud de la Polis toda dependiera de ello) como haciendo con contumacia de sí mismo (cuando le invitan a un congreso erudito sobre Heráclito y decepciona al público especializado haciendo un discurso genérico contra la Realidad y sus males, sin contenido filológico alguno).

Como es de suponer, la lectura del Agustín de cada cual informa sobre todo sobre los gustos, logros y defectos personales del ponente. Hay un par de contribuciones magníficas que confirman el aprecio que uno ya tenía por las dotes del autor: Félix de Azúa juega maravillosamente con las expectativas del lector y Jesús Ferrero, que nos convierte en Jesús Ferrero durante su narración de los hechos, hace que nos quedemos con ganas de vivir más (sobre Agustín o no) desde sus ojos. Otros tiran de lo que ya escribieron: Savater, siempre simpático y zumbón, revisita sin mucho reparo el capítulo pertinente de su Mira por dónde y la necrológica que escribió en noviembre. El mucho oficio no disimula el hecho de que en su caso, más que en ningún otro, se trata de cumplir con un deber inexcusable pero engorroso: si Agustín fue esencial en su 'biografía intelectual', parece evidente que su figura acabó resultándole incómoda, y que su discurso en otras voces le resulta soporífero e insufrible. Leyendo la introducción que hace en 1996 a algunos de sus libros antiguos, reeditados en el volumen La voluntad disculpada, se percibe en el Savater maduro una suerte de envidia hacia el juvenil que se resuelve en ojeriza:

El lector es muy libre de simpatizar más con mis fórmulas pasadas que con las actuales. En cierto sentido, yo diría que es casi inevitable que lo disparatado resulte más simpático que lo verosímil: después de todo, la mayoría de nuestros errores provienen de querer creer lo que nos agrada o lo que nos edifica —por lo cual también pueden resultar más gratos o edificantes para otros— mientras que nuestros aciertos son más inhóspitos porque se deben casi siempre al reconocimiento de una realidad frecuentemente insípida y desde luego invulnerable a nuestros caprichos. 

A tan firme abogado del principio de Realidad, un evasor de infinitos como García Calvo no puede parecer sino un tozudo irresponsable, incapaz de descender de su nube para condenar de forma explícita el terrorismo etarra o para apreciar y defender las bondades del marco legal que hizo posible, de 1978 en adelante, que el maestro pudiera desarrollar en público sin demasiado escándalo su ataque sistemático contra la Paz y la Democracia. Que, a pesar de todo, el afecto le haya llevado a impulsar la confección del libro y a dar la cara (cierto que una cara de invencible hastío) en su promoción no deja de ser un triunfo.

Savater, en cualquier caso, no decepciona, o lo hace a la manera que Montano, su mejor fan, suele agradecerle. Es penoso en cambio que hayan encontrado sitio en el volumen las letrillas (o letrinas) en que Villena, un individuo que jamás apreció la obra del difunto y se complació a menudo en caricaturizarlo, hace del peor Villena: culto y vacuo, pero dispuesto hipócritamente a hacer causa común, o simplemente a apuntarse a los canapés, en cualquier milonga que suene 'progre'. Más penoso aún es que la contribución de Yolanda Alba intente endilgarle al muerto un discurso feminista al uso, que sus propias citas desmontan, y que, vencida acaso por la dificultad del apaño, se dedique a saquear el artículo de Wikipedia sobre el maestro, dándonos así a los que colaboramos en él la sensación extrañísima, aunque no inédita, de leernos bajo otros nombres y en compañía muy mejorable.

El volumen, en fin, es atractivo pero muy irregular: faltan nombres clave (¿dónde están Juan Bonilla y Javier Marías?) y hay mucho material de relleno. En lo que surge, si es que surge, alguien capaz de obsesionarse de veras con Agustín García Calvo y dedicarle un libro que sirva de puerta a su obra o que le añada un apéndice biográfico bien trabado, esto es lo que hay de momento: el peso de un legado inmenso que ha sido hasta ahora ninguneado en los días laborables y premiado en los festivos (3 Premios Nacionales, de Ensayo, Teatro y Traducción, no se los regalan a cualquiera). En lo que los filólogos deciden si lo incorporan o no a su discurso, contrariando una costumbre muy asentada, vivimos una zona extraña en que, por ejemplo, Carlos García Gual nos habla en este homenaje con cariño del montaje de Edipo Rey de Agustín y después, en su reciente libro sobre Edipo, logra recordar todas las traducciones al español de la obra menos la publicada en Lucina.

A día de hoy, en lo que vemos qué sucede con su pensamiento (toda una patata caliente), pinta mejor el uso continuado de al menos una parte de las aportaciones del maestro, las canciones y soliloquios de propia mano y la recreación de baladas populares.  Termino la reseña invitándoles a disfrutar de esta intervención recientísima de Isabel Escudero con Quesia Bernabé y Virginia, en la que se recuerda al maestro en su propia salsa: la oralidad, el canto y un poco, siempre sano, de teatro.

sábado, 1 de junio de 2013

Danza de las amapolas

 

Para Carmen la Bella y Rafa. Es cosa suya.

Amapola, ababol, rosella, 
badabadoc, quiquiriquic, ruella, 
ababolera, mitxoleta, poppy, 
lobedarr y popula, rosolaccio, 
papavero comune, pavot rouge, 
coquelicot, ponceau, red weed, corn rose,
Klatschmohn y Kornvalmue, paparuna,
paparina, flor roja, lulekuqe. 

¡Amapolina, amachirinka, populadora, 
rosopaverolucha, redweedichosa, 
coquetirusca, lobedarina, rosolaccioniña!

sábado, 18 de mayo de 2013

En las manos del tiempo

 

Así son las cosas: dadme una montaña de exámenes que corregir —y yo compondré para vosotros, en tiempo récord, la banda sonora de cinco o seis películas. Esta podría suceder en Tropicalia.

viernes, 17 de mayo de 2013

Nocturno (Antonio Hernández)

 

 Esta noche he soñado que encontraba en la biblioteca de una Universidad un libro inédito de Antonio Hernández Marín, Aker: era un ejemplar único, encuadernado de forma artesanal, que recogía varios ensayos, con el título De la forma en el fondo. El libro se había encuadernado a finales de los 70, utilizando originales variopintos en papeles de diversas calidades y tonos, unos a mano y otros a máquina. El autor había ido guardando dentro, en folios doblados, trabajos posteriores sobre el mismo tema: uno de estos afterthoughts era precisamente el prólogo, llamado 0 (cero). La página que llegaba a leer (y, alguna vez lo he contado, en los sueños rara vez o nunca me permiten leer de veras algo sin que las letras empiecen a bailar por la página o se conviertan en hormigas) hablaba de las correspondencias entre los modos musicales, las letras, los colores y los números. Así, el modo jónico, primero o A, es de color rojo y no es 'mayor' en sentido estricto (solo la escala mayor de sol lo es): Antonio (en el sueño) prefería llamarla 'escala de do-sol'.

Cuando encontraba el libro, recordaba su existencia: lo había visto antes en esa misma biblioteca, pero lo había olvidado. Solo hacia el final se me ocurría la posibilidad de sacarlo en préstamo. En el final propiamente dicho me encontraba en el andén de una estación con Roberto (alumno dilecto de otro maestro, Agustín) y hacíamos planes: el libro, sin dejar de ser De la forma en el fondo, era ahora también Letras y figuras, uno de los libros que planeó pero no publicó García Calvo (creo; aunque mi amigo Rafa jura haberlo consultado alguna vez). 

Como suele, el sueño funde muchas capas. Me recuerda, en primer lugar, que llevo tiempo sin emprender la necesaria ordenación y publicación de los papeles de Antonio; pero el título de la obra es también un juego sobre otra, un poemario, que tengo escrita pero no encuentra (ni apenas ya lo busco) editor. El celo con que los discípulos de Agustín han emprendido la recopilación y transcripción de sus intervenciones sirve de constraste con mi desidia, planteándome un elegante reproche.

Tengo, en fin, un libro manuscrito de Antonio que recoge sus poemas de los años 80 (Fuensanta atesora otro previo, con poemas de los 70). Lo abro al azar. Esto cuenta, aquí y ahora:


NOCTURNO

Tres de la madrugada, fumándome el insomnio
en la ventana abierta y silenciosa. Abajo, por la vía nocturna
de la calle, pasan perros, perros sin amo, perros
independientes, tal vez libres, quizás abandonados,
pasan, ajenos, rápidos, un lobo raído y flaco
abre la marcha y pasan, posiblemente felices,
destinados sin duda, perros, tal vez perros, sagaces perros,
y pasan, a comer, a devorar las sobras, acaso sin dolor,
tal vez contentos, las sobras que nos llegan, caídas, del amor
desde el festín diario de los hombres...

sábado, 11 de mayo de 2013

Organ Tune


La música es tan inseparable de la gente a la que quieres que a veces emana literalmente de ellos. Esta pieza instrumental, por ejemplo: el ritmo lo trajo esta mañana mi pequeño tocayo (un, dos; un, dos, tres), supongo que de la escuela —pero sin duda corresponde a alguna danza tradicional: me trae recuerdos de las piezas folkies y medievales que tocábamos hace tanto con Dani o Alfonso (y también de La Yenka). Por otra parte, oír el órgano, que se ha impuesto enseguida en el casting, es oír a Antonio, que tantas veces lo hacía sonar para nosotros, primero en Las Águilas y luego en Valdemanco. Allí me invadieron las cadencias barrocas —que con el maestro Aníbal hemos tenido ocasión luego de explorar y entender debidamente. Todos ellos dan vida a la pieza. Aunque ella, claro está, no aspire a hacerles justicia.


jueves, 2 de mayo de 2013

Necromancia


Los muertos no regresan porque alguien los invoque.
Ocultos en la arena del recuerdo
se siembran, se interrogan, se disuelven
y vuelven a la guerra por su cuenta.

martes, 30 de abril de 2013

La canción que cantábamos juntos


Para los que gustan de estas cosas: así sonó el otro día en el ensayo, y volverá a sonar ahora si les apetece, La canción que cantábamos juntos, del maestro Agustín, en la voz de la dama Fátima y con las guitarras de Paco y quien les escribe. ¡Momentazo!



La canción que cantábamos juntos
en el aire me suena,
amiga mía nueva,
mi viejo amor.

Cuando voy por las calles bullentes
y en un árbol de pronto
tres hojitas apuntan, entonces
en el aire me suena,
amiga mía nueva,
mi viejo amor.

Cuando estoy de discursos y parlas
asordado, y acaso
abre un breve silencio la tarde,
ella suena en el aire,
amiga mía nueva,
mi viejo amor.

Cuando, echado en la espesa mazmorra
de la ley, hasta el catre
entra un soplo de día, ella sola
en el aire me suena,
amiga mía nueva,
mi viejo amor.

Y entonces voy yo a repetirla,
y la voz se me quiebra
de sentir que estoy solo y no suena
tu voz junta en el aire,
amiga mía nueva,
mi viejo amor.

Y maldigo las plazas y el ruido
y el tiempo y su cárcel,
que de mí te han llevado y no dejan
que en el aire me suene,
amiga mía nueva,
mi viejo amor.

Pero escucho tu voz del recuerdo,
juvenil para siempre,
que me dice que nunca se pierde
lo que suena en el aire,
amiga mía nueva,
mi viejo amor,

y que allá tras la última estrella
hay un río y un bosque
de Valorio, y tú estás a mi lado
y cantando conmigo,
amiga mía nueva,
mi viejo amor.

miércoles, 24 de abril de 2013

Contrarrembolso


La flecha que enviaste a por nosotros, 
altiva, insobornable
metal usurpador de su madera, 
ya cruza por los márgenes del tiempo, 
ya se detiene 
en un viejo motel de carretera, 
ya apura las caricias de la fiebre, 
ya duda si su ruta era certera. 
La flecha cuya punta entre mis dedos 
araña mis palabras, no Te ofendas, 
Señor, si de esta guisa a Ti regresa, 
si Te alcanza su beso traicionero, 
si mi sangre en la tuya Te envenena.

sábado, 20 de abril de 2013

Tema de flauta

No sé qué influye más para que a uno no paren de ocurrírsele melodías: si estos primeros días de sol y viento o el tener que corregir una tonelada de exámenes. Que siguen esperando su turno.

miércoles, 17 de abril de 2013

Y ya nadie moriría

 

De viva voz se llamó el homenaje que recibió ayer 16 de abril Agustín García Calvo en su querido Ateneo de Madrid, donde se celebraban y aún se celebran cada miércoles las sesiones de la Tertulia Política fundada por el maestro a finales de los 90 y que han sido su empeño público más longevo.

Gracias a la labor impagable de Teresa, quien lo desee puede seguir en su canal de YouTube todas las intervenciones, desde la apertura de Isabel Escudero hasta el canto final del Himno de Madrid, pasando por las canciones de Amancio Prada (que estuvo absolutamente arrebatador: pedazo de maestro) y una escena crucial de la Iliupersis, en la que Esther Bellver reiventó para todos los presentes la magia del teatro (con un texto que, precisamente, la cuestiona y confirma de un mismo golpe).

Tuvo Isabel Escudero (que ojalá se deje convencer pronto para venir por estas tierras, a recitar a nuestros muchachos) la infinita amabilidad de invitarnos a cantar un par de canciones. Para la ocasión, nos reunimos cinco almas, que aunque anunciados como Ciento Volando veníamos a ser en realidad Ciento y la Vida o la Bossa Volando: el maestro Juan Fran, Fátima, Luli, Dani y quien les escribe. Traigo aquí las dos piezas que hicimos, ambas de Valorio 42 veces (canciones XL y XIV), en el mismo orden en que sonaron. Mil gracias a Carlos César Álvarez por la foto.



domingo, 14 de abril de 2013

Que yo no sé cómo llamarte


A menudo me faltan
o me sobran palabras;
se acumulan, oscuras,
en la lengua gastada
o se ocultan, brillantes,
en las grietas del alma.
Busco un nombre  y es solo
su silueta quien pasa:
ni materia ni forma,
solo vaga añoranza
—quiero dar con la fecha
y su punta herbolada
va quebrando las cifras,
ajustando la nada.
Pienso en ti y en los días
en que al tiempo lejana
e inminente, vivías
donde acaba mi casa.
¿Eres hoy el pronombre
o este solo tu cáscara?
¿Queda solo lo poco
que de ti yo inventaba?
Y ese poco ¿me mira
como tú me mirabas?
¿Puedes verme? ¿Se mueve
por ti tanta palabra?
¿Eres tú quien se esconde
tras la rima apagada?

sábado, 13 de abril de 2013

Bourrée (revisited)

 

Another dance in the suite. Esta ya estaba, pero por sugerencia del maestro Aníbal le he criado una segunda voz, que aparece (muy propiamente) en la segunda exposición de cada tema.

viernes, 5 de abril de 2013

Bourrée


Seguimos el maestro Aníbal y yo con nuestra locura de hacer una suite al modo barroco. Esta vez le toca a la Bourrée. En tan solo un minuto, el autor dirime sus deudas con Asfalto, Bach, los Beatles y Bob Dylan.



martes, 2 de abril de 2013

Qué era lo que fue


(Agustín y Jose Luis García Rúa en Granada, 1984)

1994, más o menos. Empezábamos entonces a musicar los poemas de Valorio 42 veces, de Agustín García Calvo, publicado ocho años antes, y sin esfuerzo iba surgiendo no solo la música puntual de este o aquel texto, sino una música global, una atmósfera sonora ligada a ese libro y al bosque que abren sus páginas.

Esta canción lleva a un extremo esa exploración, con los acordes de cuarta suspendida de la estrofa y las modulaciones imprevistas del estribillo. Empieza sonando a rayos (qué horror de guitarra acústica tenía entonces, y qué mal la ecualizaba), pero pronto se entona, gracias a los coros de Dani y el bajo fibroso del maestro Rafa Herrera.

Recuerdo que tocamos poco después esta canción para el maestro y las buenas gentes en el Cuartel Viriato de Zamora, ocupado por entonces por la Escuela de Sabiduría Popular, y alguien me dijo esa noche que le recordaba a Tír na nÓg. Un honor, oiga.