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jueves, 11 de septiembre de 2008

Vestido azul



Tu mano azul en préstamo fugaz.
Son normas del dolor. La biblioteca
redonda de tu amor cierra sus piernas:
las copas bajas de los cementerios,
los largos lagrimales del regreso.
No hay vino que beber que no nos mate.

*

De los hoy desconocidos, el grupo español de los 60 que más me gusta son Shelly y la Nueva Generación. Me da por pensar que a la chica de la Oreja de Van Gogh, que de voz anda sobrada, le hubiera encartado (y encantado) ser la venezolana Shelly y cantar esta canción plena de soul. Los temas son los mismos (qué mona estoy de azul, qué guay es mi chico), pero la música aporta un contrapunto emotivo, una profundidad efervescente, que lo cambia todo. Entre erupciones de órgano Hammond, flujos de guitarra y pulsos del bajo, no vemos a Shelly: nos sentimos, por un rato, esa chica que se siente la niña más feúcha de la avenida, hasta que el mar y la primavera invaden la calle.

De todos los colores, es el más lindo
y gracias al azul conocí a mi chico.
Vestido azul,
del color que tiene el mar.
Vestido azul
en un día primaveral.




*


El hechizo del azul es un clásico rocker. Desde la otra orilla (del sexo y el tiempo), lo cantaron, en los 80, Los Rebeldes:

El suelo tenía el color de la muerte.
Alguien dijo "esto es algo corriente".
Miraba perdido a mi alrededor
hasta que una voz llamó mi atención
y allí estabas tú,
vestida de azul.

En las canciones de Shelly y los Rebeldes, se toca la tela (hasta se huele la humedad del vestido). El clásico definitivo es más etéreo: el azul de regreso a su reino (próxima estación: la luna).