
The Cure fueron la primera banda ochentera que amé locamente, sin reservas. Esta canción en concreto valdría para convertir el agua en vino. Trasmuta los materiales más comunes (dos acordes obvios: tónica-subdominante; cuatro, si contamos el puente) en un perpetuum mobile arrasador, que sólo puede compararse, con ventaja, con el final de Hey Jude o la Escuela de Calor radiofutura.
Robert Smith no tenía un pasado progresivo detrás, como The Korgis, pero se ha ocupado de dejar clara su devoción por John Lennon, Nick Drake, David Bowie, The Doors y Jimi Hendrix a través de oportunos homenajes y colaboraciones. Con esas credenciales, es imposible negarle la entrada.