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martes, 6 de marzo de 2007

Presencias (II)


Desde el siglo XVI se creía que cuando un niño reía en sueños Lilith estaba jugando con él, por lo que era aconsejable darle un toquecillo en la nariz para conjurar el peligro (Emek ha-Melekh 130b) (Gershom Scholem, Encyclopedia Judaica, sv. Lilith).

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A ella [Lilith] le gusta mucho el semen del hombre, y anda siempre al acecho de a ver dónde ha podido caer (generalmente en las sábanas). Todo el semen que no acaba en el único lugar consentido, es decir, dentro de la matriz de la esposa, es suyo: todo el semen que ha desperdiciado el hombre a lo largo de su vida, ya sea en sueños, o por vicio o adulterio . Te harás una idea de lo mucho que recibe: por eso está siempre preñada y no hace más que parir (Primo Levi, Lilith, 1989, p. 24).

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Te conjuro, demonio maligno femenino y embarazado, llamado Onoscélide, el espíritu corporeizado, el que tiene su madriguera sobre la tierra y tiene su morada en precipicios y en cuevas y en barrancos, el que se une con los hombres en su ensueño creyendo ellos que es una mujer, el que es neutralizado por el santo Iel de nuestro Señor Jesucristo: retírate del siervo del Señor, Fulano. (texto mágico griego; A. Delatte, Anecdota Atheniensia)