
Y tanto. Escribo, claro, en la última hora de mi cumpleaños. 39 años haciendo de uno mismo (se pueden restar, por distintas razones, tres o cuatro: siguen siendo Legión) dan para bastante. Con tanto bagaje, uno se conoce, se teme, se detesta (qué colérico, qué autoindulgente) y a lo sumo se perdona y concede alguna que otra ventaja. En los últimos tiempos he tomado (algo es algo) unas pocas decisiones que me gustan: despejan caminos que una vez quise seguir, o en los que, tras lanzarme a andar, me quedé, en algún momento, estancado. No es fácil. Indeciso, pido a veces consejo, y me lo dan. Puedo comprobar, entonces, que distinguir el norte es tan difícil para otros como para mí. Hay algunos parámetros claros sobre lo que hacer en esta vida (vivir, cuidar a los tuyos, cumplir tus compromisos), pero sobre todo lo demás apenas hay guía ni consuelo posibles. En especial, todo lo que tiene que ver con el arte es peliagudo. Si uno va por la vía positiva, es imposible convencerse de que lo que uno haya hecho ya o pueda intentar supere el pasatiempo prescindible, redundante. Sólo queda, pues, la vía negativa: al final, uno hace lo que no puede evitar. Si eso nunca es bastante, tampoco parece que la comparación con un mero fantasma (lo que pudo o podría ser) autorice a concluir que es poca cosa. Citando al presocrático,
No sé si estoy en lo cierto,
lo cierto es que estoy aquí.
Otros por menos se han muerto.
Maneras de vivir.
lo cierto es que estoy aquí.
Otros por menos se han muerto.
Maneras de vivir.


