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domingo, 13 de julio de 2014

Tres lunas llenas

La Luna que lucía ayer mientras tocábamos con la Bossa y la Vida en el Parque de la Estación, en  Navalmoral, no es de las que se puedan pasar por alto. Recordé haber compuesto, allá por 2010, tres miniaturas en honor de la luna llena, muy influidas por la música impresionista y el rock de los 70.  Mi recuerdo era vago. ¿Cómo sonarían? Pues he vuelto a oírlas y me parece que nada mal.

(Aunque el rótulo indica 'Ciento Volando', lo que suena es la Orquesta Encantada: un ensemble virtual.)

No sé si alguna vez tendremos la posibilidad de tocar estas piezas en directo. Pero bien que me gustaría. Ahí van.





domingo, 24 de junio de 2012

Cuando la Luna muera

Nobis cum semel occidit brevis lux 
nox est perpetua una dormienda... 
(Catulo) 

Escondido en mi canción 
de dos acordes con 
su eterna cantinela, 
acechando la ocasión 
de compartir el don 
con quien mi amor prefiera. 

Tardes en flor de mayo, 
perfume de cristal; 
cuando la luna muera, 
nos queda por velar 
la eterna oscuridad. 

Refugiado en el rincón 
más duro del salón, 
esperando la cena; 
como el plato principal 
de alguna bacanal 
erótico-manchega. 

Tardes en flor de mayo, 
perfume de cristal; 
cuando la luna muera, 
nos queda por soñar 
la noche sin rival.


sábado, 18 de junio de 2011

Cuando la Luna muera


Extraño, pero bueno: poco a poco toma forma un disco posible, con canciones nuevas que comparten un aire de familia con otras pasadas, pero sobre todo entre sí. Ésta llevaba días insinuándose, pero hoy se ha perfilado, creo que definitivamente, mientras paseaba. Les traigo dos versiones: a la primera, instrumental, le falta la parte final, y a la segunda, cantada, le sobro yo; pero qué le vamos a hacer. La letra (aún tentativa) dice así:

Nobis cum semel occidit brevis lux
nox est perpetua una dormienda...
(Catulo)

Escondido en mi canción

de dos acordes con
su eterna cantinela,
acechando la ocasión
de compartir el don
con quien mi amor prefiera.

Tardes de sol y mayo,
perfume de cristal;
cuando la luna muera,
nos queda por velar
la eterna oscuridad.

Refugiado en el rincón
más duro del salón,
esperando la cena;
como el plato principal
de alguna bacanal
erótico-manchega.

Tardes de sol y mayo,
perfume de cristal;
cuando la luna muera,
nos queda por soñar
la noche sin rival.

Así va la versión instrumental:

Ciento Volando - Cuando la luna muera








Y así suena la versión cantada (muy más o menos):

Ciento Volando - Cuando la luna muera









domingo, 20 de marzo de 2011

La luna es sólo la luna


Sigo imaginando libros que me gustaría leer, o escribir. Uno de ellos es Poesía lunar: una antología que recogería mitos, supersticiones y poemas sobre la Reina de la Noche. No faltarían los infaltables (Lugones, Juan Ramón, Lorca), pero habría espacio para sorpresas y joyas menores. La abriría, acaso, este poema de Mauricio Bacarisse:

La luna es sólo la luna,
y no se parece a nada.
No vale buscarle imágenes,
ni tropos ni semejanzas.
Yo acaricié aquella noche
las breves manos doradas,
las que ni desear pude,
las manos nunca soñadas.
En el río de arco iris
coreaban mil cascadas.
No eran laderas fluidas
de cordilleras de agua;
no eran tampoco caderas
de las náyades más cándidas.
No eran de piedra ni carne
sino de cosa más clara,
que sigue siendo lo que es
aunque sea destrizada.
Eran un poco de música
única e inesperada.
Sus manos eran sus manos,
en las mías anidadas.
La luna era incomparable,
redonda, contenta y alta.
¡Quién me volviera esa noche,
aunque muriera mañana!
La luna es sólo la luna,
y no se parece a nada.


domingo, 9 de mayo de 2010

Luna amarilla


Pescado del día: una canción nueva de Luli, tal como acaba de sonar por aquí, con ecos de Autumn Almanac y los dibujos animados de los 70.




Subo una propina. Lo dicho: a ver quién adivina cuál es ésta (antes de que empiece la voz).




jueves, 4 de febrero de 2010

Luna plena (y II)


Estoy un período calamárico: ésos en que sientes que podrías componer una canción al día, y además te apetece hacerlo. Sólo el tiempo no acompaña; pero hasta él cede, relativamente.

Esta pieza continúa, en estructura y tema, la anterior: vuelve a contrastar dos tonalidades y sus correspondientes modalidades (fa mayor lidio vs. do sostenido menor dórico). La instrumentación es algo distinta: flauta de pico, piano eléctrico y piano.




lunes, 1 de febrero de 2010

Luna plena


(La Luna, Tarot de Fergus Hall)

Lo pedía la noche. Una composición improvisada, valga el oxímoro, para piano, flauta y cello que va superponiendo dos tonalidades (si y re) con sus correspondientes modalidades: una mayor, lidia, y otra menor, dórica, sugiriendo (espero) algunas de las transformaciones del astro.

*

Edito. Sumo algunos compases al inicio y varío la instrumentación. Siguen el piano y el cello, ahora con viola y clarinete.





viernes, 9 de mayo de 2008

sábado, 18 de agosto de 2007

Luna carnavalina


Qué gran poeta el corruptible Manuel Machado. Me he sumergido unos días en sus primeros versos (Alma. Caprichos. El mal poema, en preciosa edición de Rafael Alarcón, en Castalia), y salgo maravillado de su gracia y hondura. Hay varios poemas poblados por Pierrot y Colombina, todos magníficos (alguno, con aportes de Rubén Darío, que en su copia del libro ha prolongado el poema, dando la réplica; por una vez, ni una nota al pie sobra: los regalos que trae Alarcón en ellas, en prosa concentrada, son de aúpa).

Carnavalina cierra El mal poema (1909), un libro de una modernidad escandalosa. Vamos con ella.

Carnavalina

La ridícula trompeta
del Carnaval ha sonado,
desapacible, indiscreta,
y ¡tan triste!... Fatigado,
Pierrot marcha sin careta.

Va en busca de Colombina,
la divina, la traidora,
la que ríe cuando él llora...
soñando en la golosina
de su boca tentadora.

En la plástica poesía
de su hermosura, que exalta
un mohín de picardía,
con la gracia de una falta
femenil de ortografía.

Y a través del vago ritmo
de aquel cuerpo tentador,
él persigue ¡soñador!
el oscuro logaritmo
imposible del amor.

Mas sólo escucha el reír
de la amada loca y bella.
Y tras de la rosa aquella,
él, sintiéndose morir,
ríe también como ella.

Y —el rostro lleno de harina—
grita aún el sin fortuna:
«¡Colombina! ¡Colombina!».
Y su alma se va a la luna,
como una carnavalina.


viernes, 17 de agosto de 2007

Luna de tres al cuarto


Siempre se rompe la máscara, se monda la cáscara, esperando encontrarla más allá de sí misma. Rimbaud abrió la veda:

En otro tiempo, si mal no recuerdo, mi vida era un festín en el que se abrían todos los corazones y en el que se derramaban todos los vinos.

Una noche senté a la belleza sobre mis rodillas. —Y la encontré amarga. —Y la injurié.

La blasfemia contra la luna es subgénero del escupitajo contra la Belleza. Esta memorable de Rosalía, hermana pequeña y mejor del Himno al sol de Espronceda:

Muda la luna y como siempre pálida,
mientras recorre la azulada esfera
seguida de su séquito
de nubes y de estrellas,
rencorosa despierta en mi memoria
yo no sé qué fantasmas y quimeras.

Y con sus dulces misteriosos rayos
derrama en mis entrañas tanta hiel,
que pienso con placer que ella, la eterna,
ha de pasar también.

El ataque a la luna, pródiga en claros, barros y arrugas, se vuelve burla con las vanguardias. Hay quien la formula con sutileza, de forma implícita (cf. André Breton, que bautiza Claro de tierra a uno de sus poemarios). Otras veces la pulla es estruendosa, como en Ramón:

¡Pedradas en el ojo de la luna!

Me he acordado de esto leyendo la Antología de Nicolás Guillén en la editorial Visor. Para mí, un descubrimiento. Guillén empieza joven, deslumbrado por las vanguardias. Y escribe esto en sus Poemas de transición (1927-1931):

Propósito

Esta noche,
cuando la Luna salga,
la cambiaré en pesetas.

Pero me dolería que se supiera,
porque es un viejo
recuerdo
de familia.

domingo, 29 de julio de 2007

Luna lunera


Et in Arcadia ego.

*

Paseo rozando los acantilados
(canción para muertos)


Ahora soy un acerico,
sucesos largos de contar,
un epicúreo que al pasar
roza la luna con su hocico.
No hay una aguja en el pajar
con que coser mi vida rota;
late mi lengua, gota a gota,
las letanías del azar.
Puede pasar. Es evidente.
Son esas cosas de la gente
que se adormece sin querer.
De nada sirve comprender.
Un espejismo se dilata:
leo las tripas de la rata,
salgo de nuevo a aquel lugar.
Son esas cosas del azar,
un vertedero consonante.
Es la pelusa del diamante:
jugo demónico del mar.

martes, 24 de julio de 2007

La luna


Repasando papelorios yo, al revés que García Calvo, casi sólo me fijo en lo que aún me hechiza. Estas palabras de Maika, por ejemplo.

La cerveza debe ser buena para el alma, porque con ella uno se siente ligero, llega antes a los sitios y ve la luna más grande.

La rosa por defecto 3 (1995)

lunes, 19 de diciembre de 2005

Dies Lunae


Dos décimos de luna
La luna, reloj de fiebre,
mengua y acrece las horas.
Es señor de las señoras,
labio roto de la liebre.
Cuando el espejo se quiebre,
hallad en él su semblante:
anciana niña gigante,
marea del equilibrio,
elogio cuanto ludibrio
del vacío rebosante.

Almendra de lo inconstante,
es fuerza de la fortuna:
hace del sepulcro cuna,
depósito del instante,
raya y dispersa el diamante
con suaves yemas de hielo.
Fruta secreta del cielo,
el zumo de su pasión
hace soñar a Endimión
marismas de violonchelo.