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viernes, 13 de noviembre de 2020

Canción de las brujas (Tomás Segovia)

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Unas cuantas veces, siempre con placer, he recordado aquí a Tomás Segovia, poeta que fuera español y mexicano, exiliado y retornado, muy estimado por los que lo leen pero aún ignorado de muchos, acaso por alguna resistencia suya a los tejemanejes que suelen regir el éxito comercial de los autores. 

Hablando con mis alumnos del taller literario Condiciones de Luna de lo popular y lo culto, y su influencia mutua, recordé este poema, mi favorito de Segovia, incluido en su libro Anagnórisis (1967). Enlacé en su momento una reproducción del número de La Rosa Por Defecto donde lo publiqué hace años; pero no hará daño recordarlo otra vez, para que las buenas gentes lo puedan hallar y disfrutar. Recordad, en cualquier caso, que el libro que contiene este poema y otros no menos notables está disponible en Galaxia Gutenberg. Encargadlo en vuestra librería de barrio y haréis felices a no pocas personas. 

 *

Canción de las brujas

 La bruja Pirulí
de día no hablaba
de noche sí
jugaba de día
de noche hacía así

la bruja Rebruja montada en su escoba
por todos los rincones a la vez de la alcoba
miraba y remiraba
y le caía la baba
vieja revieja rebruja mujeruca
(pero siempre está detrás de tu nuca
y nunca jamás ninguno la ha visto
ni el más listo relisto)

la bruja golosa amarilla y flaca
con su ji  ji ji
y su je je je
y su ja ja jaula
y su que te como y que no te como
y enseña el meñique si estarás ya gordo

tía la mi tía
la que hila en la rueca
di ¿dónde tenemos las mantecas?
más adentro que las tripas
más a lo hondo que los hígados
por las entretelas
por los entresijos
ay bruja que no
ay que no me seques
ni me toques
ni me saques
las mantecas

tía la mi tía
dígasme por Dios
¿y si me comiera el fraile Motilón?
el fraile sin capucha
el fraile sin cordón
el fraile Motilón
comelón
sí tiene capucha y cordón
lo que no tiene es fraile
es un sayal sin nada
por dentro
sólo un vacío oscuro
qué miedo
te come y no te masca
te traga entero
te agarra y te mete en lo negro
el fraile Motilón
el tío Tomasón
el tragón
 
dime la mi abuela
Dios te valga
si habré ya pisado pasado
la raya
 
dime dime
por lo más agriado
si voy ya hacia el otro lado
y el hada madrina
y el hada madrastra
embrollan el rastro
varían de rostro
mudan de contraste
la buena bruja Pirulí
te cuenta un cuento y te dice que sí
 
pero está marchito para siempre el mundo
de saber que era mala mala y embustera
tan dulce tan bella
la reina hechicera

el hada blanca tiene leche
la bruja negra no
el hada duerme en los jardines
la bruja en el rincón
 
la bruja negra está seca
desdentada
tiene pelos en la barbilla
y la voz cascada
la bruja fea es áspera
como el asperón
la madrina huele a gloria
la bruja no
que huele a requesón

la mi abuela dime
por lo que más hieras
¿quién llora y gime allá afuera?
no es nadie no es nadie
el animalito de la noche
plañe que plañe
 
¿por qué gime por qué pena?
estará ya muerta y enterrada
el hada buena
ay la envenenó la bruja
que le puso podridas y azules las carnes
con su aguja
con su manzana y su peine
la puso verde
con su acerico
le puso el corazón frío

la esposa del rey ha muerto
duerme entre las flores
y el animalito de la noche
llore que llore

nos iremos por lo oscuro
el animalito y yo
gimiendo y llorando los dos
ay que nos duerma y nos abrace el hada
la bruja no

anda miedoso
métete en la noche oscura
dile que no la quieres
a la bruja
por vieja
por fea
por seca
porque no te da la teta
dile que eres del hada blanca
de la blanca reina
por melodiosa y serena
por la voz y la dulzura y la belleza
y por las caricias
de sus manos frescas
 
dile que la quieres y la quieres
y que eres suyo
y que ha de venir un día hecha de flores
y volcada en arrullos
a sacarte de aquí
y a cantarte la nana
y a llevarte a su jardín del alba
 
vete vieja
que no te quiero
que la quiero a ella

pero su claro corazón
la mi abuela abuela ¿dónde estará?
arroyo claró
fuente serená
por aquí no
por allá por allá
 
bruja dime que sí
que soy para ella y no para ti
bruja dime que no
dime que me duerma
dime que echaremos mucha tierra


(París, 1966)

martes, 1 de noviembre de 2016

La Rosa Por Defecto 3 (octubre 1995)


Con la fiebre del descubrimiento, no fueron uno ni dos, sino tres, los números del fanzine que aparecieron a lo largo de 1995. Este, el tercero, salió en octubre y renueva considerablemente la lista de colaboradores. Abre un autor consagrado, Tomás Segovia (al que por entonces visitábamos con frecuencia en su 'oficina' del Comercial), y repiten dos clásicos del fanzine: Rafael Herrera y Antonio Hernández, Aker. También yo cuelo algo (el inevitable editorial y un par de poemas). Pero, oh sorpresa, este es el único lugar donde podrás encontrar dos poemas de Antonio Martín, arquitecto de Cálamo y Cran, mucho más dado a la narrativa que al verso, pero que se lanza aquí a trovar con elegancia y acierto impares. Las otras dos voces, femeninas, son también frescas y novedosas: Luli trae una de sus canciones cientovolanderas y Maica Martín (hermana de Dani), dos textos en prosa.

Del postripi de Maica que cierra el fanzine, Secreto, procede la línea para mí mejor de todo el número, y quizá del fanzine en toda su historia: La cerveza debe ser buena para el alma, porque con ella uno se siente más ligero, llega antes a los sitios y ve la luna más grande. Sépase y óbrese en consecuencia.

sábado, 12 de noviembre de 2011

Verso libre


Leyendo a Tomás Segovia, un libro de ensayos, para mí nuevo: Recobrar el sentido. Lo abro por una conferencia que dio sobre el verso a una comunidad de versadores, gentes que improvisan décimas y otros géneros populares. Segovia tiene la cualidad de ver las cosas desde una perspectiva simple, en cierto modo, pero nada trillada. Observa, por ejemplo, que la música que llamamos rítmica, como la caribeña, es la menos obediente al compás: está llena de síncopas. Es así —por eso el verso libre lo inventaron los simbolistas franceses, obsesionados con la música del verso. Solo un batería experto puede tocar sin acentuar ni una vez los tiempos fuertes y variando sin aviso de compás —sin que por eso deje lo que toca de sonar, incluso como acompañamiento convincente de una canción. Juan Ramón Jiménez o Luis Cernuda son, entre nosotros, ese tipo de músicos verbales (poetas) que optan por un ritmo sutil, la música callada. Pero, salvo en su caso, qué pocas veces suena el 'verso libre' a otra cosa que a un abuso de la inercia y la tipografía.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Adiós, Tomás Segovia


Otro que se nos va, esta vez, supongo, del mal de la próspera, como él lo llamaba. Sólo vi un par de veces al poeta, que resultaba fácilmente accesible: se sentaba a trabajar en el Café Comercial de Madrid armado de bolígrafo y paciencia y no se enfadaba demasiado si uno acudía a interrumpir su tarea con dudas sobre métrica u otras materias sacras. Supimos así que era también músico, aficionado pero competente (flautista mozartiano, si no mal recuerdo), y que de su paso por Breton y otros suprarracionales había salido vacunado contra la asociación de la poesía con la magia ('cuando oigo las dos palabras juntas', nos decía, 'recuerdo a aquel jerarca nazi que al oír la palabra Cultura le quitaba el seguro a su pistola'). Tan libre era el curso de la conversación que recuerdo también su opinión sobre el terrorismo de Estado ('esas cosas se hacen, en un momento dado, si no se queda otra opción; pero resulta totalmente aberrante darles una cobertura legal'). Discutimos también sobre las vocales breves y largas, pero confieso que ya he olvidado su solución al problema (cómo puede producirse dos veces lo mismo, sin pausa gramatical que valga, y percibirse como dos y no como uno) —recuerdo, apenas, que la solución del maestro Agustín, que le aportamos por si acaso (considerar esas vocales bímoras, estableciendo por tanto un límite y una pausa entre lo uno y lo mismo), no le convencía.

Como Sánchez Ferlosio o el tite Antonio, Tomás Segovia era un hervidero continuo de ideas, que brotaban sin esfuerzo, pero delataban muchas horas de cábalas y cavilaciones. También como ellos, sospecho que deja muchas de ellas por concretar —pero con las que contiene su obra publicada hay para celebrar y ahondar durante mucho tiempo. Si no harto consuelo, alguno, al menos, nos deja tan feliz memoria.

*

Un homenaje (y su legendario soneto de rima en -oño) en el blog de la Biblioteca.