lunes, 2 de noviembre de 2009

Compro Ágora


Vengo de ver Ágora (ya era hora). Contento. No es una obra maestra, pero sí bien hecha, valiente y (por intempestiva) oportuna. En general, no comparto las críticas que había ido leyendo (frialdad y falta de respeto al espectador): me he emocionado y encuentro que Amenábar plantea bien en el comienzo de la película tanto los errores de los paganos (cuando atacan cobardemente a los cristianos y se jactan de que, en tiempos mejores, se les trató adecuadamente, echándolos al circo como pasto de fieras) como el atractivo de la nueva fe (capaz de atravesar el fuego sin quemarse, de convertir el auxilio al desvalido y la igualdad fraterna en valores prioritarios y efectivos). Es fácil convertir a los 'malos' de la película (el obispo Cirilo y sus fanáticos, en este caso) en personajes increíbles, caricaturescos, que cometen barbaridades sin motivaciones creíbles. Amenábar consigue que comprendamos en todo momento el punto de vista de sus villanos, y los presenta convencidos de estar haciendo el bien (ni siquiera el obispo, a pesar del cálculo algo maquiavélico de sus palabras, deja de actuar en todo momento de forma coherente con sus valores).

En cuanto a Hipatia, Amenábar hace bien en no traicionar su carácter virginal, artemídeo, a sabiendas de que un personaje así (al modo de Simone Weil) no encaja con la idea moderna de una mujer liberada y ha de parecerles a muchos una frígida o estrecha. Dudo, eso sí (y ahí va mi primer pero) que la historia hubiera perdido nervio (quizá incluso hubiera sido al revés) si se hubiera respetado el hecho de que la Hipatia que murió lapidada no era ya una mujer en sazón, sino una anciana (tampoco nonagenaria, de todas formas: entre 45 y 60 años). Admito, no obstante, que la distorsión de los hechos sigue un molde muy griego: en arte como en filosofía (platónica), la verdad y la bondad exigen la belleza. No bastaría con presentarnos una Hipatia veraz y bondadosa si no la acompañara la belleza que también, según las fuentes, poseyó en grado sumo; y es opción comprensible, y muy griega, presentar la belleza de la juventud como la única que se impone por sí misma. Pienso, con todo, que habría bastado con retratarnos a una mujer que *fue* hermosa (y quien tuvo, retuvo) para que aceptáramos que su antiguo esclavo (personaje ficticio, pero sometido como tal a la cronología del relato: tampoco podría él ser, cuando su ama cumplía los 60, ningún mancebico) y los que fueron sus alumnos siguieran colados por ella. (Recuerdo, en este sentido, cómo Elia Barceló consigue que aceptemos el amor entre un hombre aún joven y una mujer fascinante, pero ya anciana, en su novela Disfraces terribles. Pero en fin: no era ésa la guerra de Amenábar, y quizá aceptar ese reto le habría llevado demasiado esfuerzo y metraje, en una película que, si en rigor no se hace larga, está en un tris de caer en ello.)

Otro desvío de los hechos es la conducta de Sinesio, el discípulo de Hipatia que acabó siendo obispo. En realidad, murió antes que Hipatia, y las cartas que escribe muestran que mantuvo siempre una lealtad sin fisuras hacia su maestra, sin sentirse en ningún caso en otro bando que en el común de la religión neoplatónica, la de los sabios, que si puede aceptar circunstancialmente cualquier religión exotérica (en el caso de Sinesio, el cristianismo) es sólo para desvincularse explícitamente, en petit comité, de su contenido literal y reconducirla por metáfora a una versión codificada de la verdad filosófica, única admisible por hombres cuerdos. Sabemos de hecho que Sinesio se dejó hacer obispo más bien mal de su grado, y dejando claro que no estaba dispuesto a renunciar a sus convicciones neoplatónicas para hacerse creyente en lo que consideraba fábulas.

En este caso, la distorsión de Amenábar obedece a las necesidades del relato. En la vida, que no está obligada a atar cabos ni a resultar significativa en cada pormenor, un personaje como Sinesio pudo morir antes del desenlace y permanecer, antes de eso, lejano y ausente de los hechos. Una película o novela exigen que los personajes secundarios se ganen su puesto interviniendo de manera inteligible en la trama y manteniéndose cercanos al conflicto que se plantea. Tomada esa opción, plantándole en mitad de la pista, Amenábar no tenía otra opción que presentarmos un Sinesio fiel a Hipatia, que acaba muriendo con ésta (o exiliándose) o uno que, en última instancia, la traiciona. (Dicho lo cual, el desvío no deja de ser considerable y merecería la pena haberlo destacado y ponderado más en las reseñas.)

En otros aspectos, la película elige ser fiel al sentido general de los hechos a cambio de sacrificar el detalle. La Biblioteca de Alejandría sufrió muchos golpes antes de desaparecer por completo (alguno ya en la época en que, como consecuencia de la guerra civil de César y Pompeyo, se incendió el barrio portuario). La película así lo plantea (lo que queda ya es un resto o rescate de una destrucción anterior), y por más que quepa objetar que Teófilo o Cirilo no le dieron el golpe definitivo (o no en la forma que plantea la película), no hay duda de que el descuido de la Biblioteca, el vandalismo consentido o alentado y, al fin, la destrucción total en la época de la conquista árabe, obedecen en su conjunto a una hostilidad creciente del monoteísmo y su verdad única contra la pluralidad enojosa de opiniones y saberes heredados de la Antigüedad clásica y el helenismo.

Cabe decir lo mismo sobre la supervivencia de la escuela neoplatónica: si es cierto que no se dejó matar junto a Hipatia, no lo es menos que sobrevivió malamente, unas veces tolerada como antigualla más o menos inofensiva y rescatable en parte (si se traducían sus filosofemas al cristiano) y otras abiertamente hostigada. No es casual que Damascio, el último escolarca de la Escuela de Atenas, que es también el principal defensor de Hipatia, se viera obligado a exiliarse en Persia y se jugara, en fin, el pellejo. Si no se lo cargaron, no fue porque no él asumiera ese riesgo, sino porque sumar otro mártir hubiera sido excesivo y contraproducente, cuando la batalla estaba ya ganada (o perdida) de sobra.

La obra, en fin, retrata con fidelidad el conflicto, lo que estaba en cuestión. Que Hipatia fuera asesinada por lo que tenía de contrapoder a la influencia de Cirilo no elimina el componente fanático y misógino de su muerte, y de todas formas la motivación política inmediata queda bastante clara (contra lo que afirman algunas críticas) en la película, que incluso se apunta a la hipótesis más benigna al presentar un Cirilo que si bien arremete desde el púlpito contra la filósofa, no ordena directamente su muerte, y hasta parece ajeno, convenientemente desligado, de las deliberaciones de los asesinos.

Por no alargar más la reseña, no voy a entrar ahora en la cuestión más importante (la vigencia o no del conflicto que se denuncia), y entro sólo de paso, para acabar, en otro pero que debo poner a la película: alguien debería haber advertido a Amenábar que a la segunda vez que nos envía al cosmos ya hemos entendido que la Tierra es, como dice Jayán, un grano de polvo en el espacio y nuestras certezas y crímenes, bien poca cosa. Insistir en ello una y otra vez acaba cansando.

29 comentarios:

rodomunte dijo...

Decía Amenabar sobre la muerte de Hipatia que no murió lapidada sino, creo recordar, deshollada, pero que quería traer la lapidación a esta historia como actualización que traiga a la mente del espectador lo que sigue ocurriendo en países no tan lejano hoy día. Pero sobre el cambio en la edad de la filosofa al morir no dijo nada: lo cierto es que se me ocurren no pocas mujeres que con 50 años conservan muy bien su atractivo, no hubiera sido demasiado difícil mantenerlo. Aunque hablo sin aún haber visto la película...

Gharghi dijo...

¿Y a qué esperas? ¿A bajártela con el Ares?

Anónimo dijo...

Rodomunte:
Hipatia no murió desollada ni despellejada como pretenden el historiador anticristiano Edward Gibbon y el mimético divulgador televisivo Carl Sagan (éste último fuente primaria --declarada-- de Amenábar y compañía). Hasta un estudiante de griego de bachillerato sabe que "óstraka" --que es la palabra que traen todas las fuentes-- significa teja o trozo de vasija, y que la acepción 'concha de molusco' es muy rara. Pero a Gibbon le parecía que los cristianos no podían ser tan 'buenos' como para limitarse a hacer sucumbir a Hipatia bajo los golpes de los cascotes, y prefirió echarle imaginación y morbo a la cosa, sacándose de la manga que en Alejandría, por lo visto, las conchas de mejillón están por ahí en el suelo y tan a la mano que se usan como cuchillos para arrancarle la piel a tiras a la peña...

Al59 dijo...

ἀποδύσαντές τε τὴν ἐσθῆτα ὀστράκοις ἀνεῖλον, escribe Sócrates Escolástico, la fuente más cercana a los hechos. «Y quitándole el vestido la mataron con cascotes». Lo que no es poco —ni constituye, como podría parecer leyendo a alguno, un atenuante. Hay algo de tumularios en estos asesinos que utilizan los restos de lo que han destruido para seguir destruyendo.

En cuanto a Sagan, su intervención queda justificada, desde mi punto de vista, por haber divulgado la historia, dando pie entre otras cosas a la película de Amenábar.

Anónimo dijo...

O sea, señor, que es lo mismo que uno lo maten a pedradas a que le arranquen la piel a tiras estando vivo y hasta morir desollado; como le hicieron a Andreu Nin los marxistas a las órdenes de Stalin durante la Guerra Civil española.
Y es lo mismo la Historia que el tostón de peli de Amenábar. Y es lo mismo el esfuerzo y el estudio cuidadoso de una vida entera, que los 50 millones de Berlusconi que han financiado a Amenábar y cuyo producto servirá para nuevos regocijos en Villa Certosa...
Es lo mismo todo y todo es igual (pero a usted y a mí no nos invitarán a la fiesta, ¿eh, amigo...?)

Alejandro Vázquez Ortiz dijo...

No he visto la peli y no pienso verla... me basta con su crítica. Yo me mantengo en mis trece que desde "El día de la marmota" de Bill Murray no hay buen cine por ningún lado.

En cualquier caso... hay muchas cosas que hablar de cine: por ejemplo, ¿por qué diablos le tienen tanta fe algunos a la pantallita? ¡Señores! ¡Es una película! ¡Es historia!

Ah, pícaros... salen del cine y reniegan: "Yo no me lo creo...", ¿y eso qué? ¿Por qué le piden VERDAD al cine?

Al59 dijo...

Amigo anónimo: lucha usted con fantasmas. Estaría encantado de discutir cualquiera de las cosas que digo, pero no le veo el punto a andar aclarando que ni digo ni pienso las que, al parecer, me atribuye.

Anónimo dijo...

"...ni constituye, como podría parecer leyendo a alguno, un atenuante..."


Pues yo tampoco digo ni pienso eso que usted ha dejado caer. No se trata de "atenuantes" sino que hablo de muertes distintas. Y, por cierto: una real y la otra inventada, pero haciéndola pasar por real.
Así que estamos en paz :-)

Al59 dijo...

Mi punto de vista es que ni el crimen se agrava añadiéndole detalles sádicos o pintorescos ni se vuelve más leve si los retiramos. En la película, por cierto, se opta por una muerte endulzada (¿el factor Sampedro?) que tiene sentido desde el punto de vista dramático pero no está, obviamente, en las fuentes.

Alfredo J. Ramos dijo...

Alejandro, la (casi)erudita y bien documentada disección que haces de la fidelidad de la película a las fuentes podria dar a entender que Amenábar ha querido filmar algo así como un documental para ilustrar algunos extremos de la evolución del neoplatonismo y su cruce y conflicto con la ideología cristiana, una vez que se produjo el triunfo político de la cruz y la necesidad de controlar el poder y de ejercerlo comenzó a sustituir al mensaje de las bienaventuranzas.

A mí me parece que eso es sólo el telón de fondo de lo que a Amenábar le interesa contar. De hecho, deducir todo lo que tú expones a partir sólo de la película exige, a mi entender, una lectura con lupa de muchos aumentos: a mi juicio, pones mucho más de lo que hay, y analizas dilemas argumentales que dudo mucho que hayan estado presentes en los planteamientos del director.

Creo que Amenábar (y a sus declaraciones me remito), además de recrear una situación de violencia con plena vigencia en nuestro mundo (y donde no es difícil, vía vestuario incluso, establecer la relación cristianos fanáticos de entonces = talibanes actuales), se interesa más bien por la cuestión cósmica (y de ahí esas redundancias que criticas), por la inmensidad del universo, para, dentro de ese contexto, subrayar lo absurdo de la desaforada violencia humana (y aquí engarza con el conflicto cristianismo-paganismo); lo insensato, en fin, de tanta bulla sangrienta en un punto insignificante de un sistema solar perdido en un un rincón de una galaxia como hay millones... La Hipatia que nos muestra aparece a menudo como ajena a las cuestiones político-religiosas (y no sólo a los reclamos sensuales) que se dirimen a su alrededor (en varios sentidos), absorta como está en sus inquietudes cosmológicas: su heroica condición de científica pura es lo que aparece en primer plano y a ello sacrifica todo lo demás. Desde esta perspectiva cenital, me parece que la fidelidad a la historia (¿pero qué historia?) no le preocupa mucho al director y se toma libertades (o hace ejercicios de imaginación) para sostener el relato. No creo que, salvo si se contempla desde una "meteculitis hiperespecializada", pueda reprochársele. Al fin y al cabo tampoco los expertos parecen ponerse de acuerdo.

Para mi la debilidad de la película está en su endeble estructura narrativa, en sus enfáticos pero también banales diálogos, en una manifiesta falta de sintonía entre los actores, que parecen cuerpos a la deriva, también ellos, en el carlsagiano (y kepleriano: no olvidemos que e Hipatia, en lo que quizás sea la mayor anacronía del filme, se le regala la intuición del movimiento elipsoidal de los astros y la teoría del doble foco)... pero en este caso de un plató del que parece haber desertado el director de escena.

Un abrazo

Alfredo J. Ramos dijo...

[Recopio el párrafo final de mi anterior comentario, que se fue al éter con algunas lagunas en la frase final. Mis disculpas.]

Para mi la debilidad de la película está en su endeble estructura narrativa, en sus enfáticos pero también banales diálogos, en una manifiesta falta de sintonía entre los actores, que parecen cuerpos a la deriva, también ellos, en el carlsagiano (y kepleriano: no olvidemos que a Hipatia, en lo que quizás sea la mayor anacronía del filme, se le regala la intuición del movimiento elipsoidal de los astros y la teoría del doble foco) rincón del océano cósmico, en este caso situado en un espectacular plató del que parece haber desertado el director de escena.

Al59 dijo...

No estoy de acuerdo contigo, Alfredo, pero lo he pasado muy bien leyendo tu intevención, rica en ácidos nutritivos y refrescantes.

La cuestión de la fidelidad a las fuentes sí se ha planteado, con certeza: Amenábar contrató a Carlos García Gual, que no es cualquiera, para que repasara el guión, y aun si el director y su coguionista no se molestaron en leer a Sócrates Escolástico, Juan de Nikiû, la Suda, etc., el asesor, gran filólogo, los tuvo sin duda muy presentes. De hecho, apenas hay dato en las fuentes que no tenga reflejo en la película (uno de los pocos es la afirmación que hace la Suda de que Hipatia, aunque casta, se casó con otro filósofo, Isidoro).

Por otra parte, mi intervención no quería ser un mero catálogo de desvíos, sino una reflexión sobre en qué medida contribuyen o no al desarrollo de la película y tergiversan o no el sentido de los hechos. (Otra cosa es que haya estado más o menos afortunado.)

Mi valoración de conjunto es positiva, y en eso estoy en desacuerdo con casi todos los que habéis escrito reseñas sobre ella. Está claro, en cualquier caso, que no ha dejado indiferente a casi nadie; y que ha contribuido a rescatar a una figura injustamente olvidada (este fin de semana comprobé que el diccionario enciclopédico de mi niñez, ése que Rodomonte llama cariñosamente el Nigo-Pum, ni siquiera tiene una voz 'Hipatia').

Ahora, a ver si alguien se anima con Juliano el Apóstata, otro unsung hero de aquellos tiempos.

Anónimo dijo...

"De hecho, apenas hay dato en las fuentes que no tenga reflejo en la película (uno de los pocos es la afirmación que hace la Suda de que Hipatia, aunque casta, se casó con otro filósofo, Isidoro)."


¿En qué fuente se dice que el obispo de Ptolemaida Sinesio de Cirene sobrevivió a Hipatia, deslizó amenazas contra ella y traicionó a su maestra, haciéndose finalmente uno con sus verdugos?
¿En qué fuente consta que el patriarca Cirilo ordenara masacres de mujeres y niños judíos?
¿En qué fuente aparecen los cristianos de Alejandría provocando a los judíos en el teatro y no al revés?
¿En qué fuente figura que los cristianos de 391 buscaran la destrucción "ex professo" de los rollos de la antigua biblioteca alejandrina depositados en el Serapeo, y no el propio Serapeo por su carácter de santuario pagano?
¿De qué fuente fiable se puede colegir que Cirilo estaba detrás del asesinato de Hipatia?
Gracias.

Al59 dijo...

Amigo anónimo: relea mi comentario, después sus preguntas, y luego, si tiene la bondad de explicarme la relación lógica entre una cosa y otra, con gusto se las contesto.

Anónimo dijo...

Se lo plantearé a usted con más exigente lógica. Tiene derecho, porque ésta es su casa:
"De hecho, apenas hay dato en las fuentes que no tenga reflejo en la película (uno de los pocos es la afirmación que hace la Suda de que Hipatia, aunque casta, se casó con otro filósofo, Isidoro)."


¿Por qué entonces Amenábar, en lugar de retratar a Sinesio como un villano, no reflejó la fuente más directa que hay (sus cartas publicadas en Gredos, como sabe) que lo retratan como un ser sensible, digno de admiración y fiel a su maestra hasta la muerte, acaecida antes que la de Hipatia?
¿Por qué Amenábar tampoco refleja para las masas incultas que, según la fuente más fiable y contemporánea, fueron los judíos quienes provocaron una y otra vez a los cristianos de Alejandría, hasta llegar a asesinarlos por decenas en una cruel añagaza nocturna?
¿Por qué Amenábar no presenta la verdad proveniente de las fuentes, según la cual Cirilo expolió y desterró a los judíos tras esos luctuosos sucesos (y ante la pasividad cómplice de Orestes), pero no los masacró, y que además los judíos luego volvieron?
¿Por qué no hay en la película ni rastro ni reflejo del temprano lamento e inequívoca condena que la fuente cristiana más cercana a los hechos --Sócrates-- contiene del asesinato de Hipatia?
Gracias una vez más.

Al59 dijo...

Ok, mucho mejor. Vamos por partes.

Sobre Sinesio, es justa su queja: es evidente que el que aparece en la película tiene poco en común con el autor de las Cartas, Himnos y Tratados, y en mi entrada intento razonar por qué el guionista puede haber optado por variar su rol en la historia. [Las razones, por cierto, no son muy distintas de las que llevaron a otro célebre desvío, vivido por muchos (yo entre ellos) como atropello: la desaparición de Tom Bombadil de la versión cinematográfica de El Señor de los Anillos.]

Respecto a quién empezó a agredir a quién, creo que olvida que Sócrates Escolástico, cuyo esfuerzo de imparcialidad todos coinciden en apreciar, no deja de ser una fuente cristiana, parcial. (Precisamente por eso resulta sorprendente que en el caso de Hipatia, a diferencia de Juan de Nikiû, opte por decir lo que considera cierto. ¡Qué indignación no debió de provocar aquella muerte para que hasta un correligionario de Cirilo acabara escribiendo lo que escribió!)

Pienso, de hecho, que si tuviéramos la oportunidad de recoger un testimonio directo de cada una de las partes implicadas, no estaríamos más cerca de poder establecer quién empezó las hostilidades; sencillamente porque en estos casos no suele haber un agravio fundacional, sino una tensión latente que se va manifestando en múltiples escaramuzas, hasta que la sangre llega al río. Dando por bueno que pudiéramos hallar un primer paso, incluso si empezó A, la respuesta de B, desproporcionada o simplemente igualmente deprimente que la de A, puede hacerle tan culpable del proceso como aquel que lo inició. (Remito, en ese punto, a las aladas palabras de René Girard, quizá quien mejor ha estudiado cómo funcionan las escaladas de violencia.)

En la película, por otra parte, se presenta el asunto de los agravios mutuos de forma nada demagógica: si es cierto que los cristianos arrojan al fuego al orador pagano, no lo es menos que éste acababa de recordar (jactándose) que en tiempos pasados muchos de los ahora campantes habían acabado sus días en el Circo. Son los paganos, en fin, quienes dan el siguiente paso al atacar por sorpresa a los cristianos, etc.

En el caso de los judíos, hasta autores tan admirables desde el punto de vista moral como Juan Crisóstomo (uno de los enemigos de Cirilo, por cierto) escriben unas parrafadas antisemitas de las que quitan la respiración. No hay agravio posible que libere a los cristianos de su culpa por no haber estado a la altura de sus propias enseñanzas (poniendo la otra mejilla y amando a sus enemigos) en vez de cebarse con aquellos a quienes, en conjunto, se culpó de la muerte de alguien que, al fin y al cabo, no dejaba de ser también un judío.

En cuanto a la condena de los hechos por parte de Sócrates Escolástico, parece evidente que cae fuera de la trama de la película. Si hubiera aparecido en un cartelito final, podríamos quejarnos de que no aparece el testimonio de Juan de Nikiû gloriándose de los mismos hechos. Es pertinente, más bien, hablar de lo que pasó después a los protagonistas: y, por sorprendente que parezca, es totalmente cierto que el mismo Cirilo que se cubrió de no poco oprobio según Sócrates a consecuencia del asesinato y contra el que el emperador tomó alguna tímida medida (remarcando, por vía de los hechos, que todos los que estaban en el ajo daban por hecha su implicación), fue después marcado como hombre santo (poniéndolo así como ejemplo de rectitud moral). (Escaso consuelo es que su enemigo Crisóstomo también ganara la medalla.)

En resumidas cuentas, permítame ahora a mí una pregunta: ¿diría usted que Cirilo y en general la comunidad cristiana se comportaron de acuerdo a los principios evangélicos en su trato a Hipatia, los judíos y otras gentes? (Pero claro, si no fue así, ¿qué hacemos con esa elevación a los altares de quien, por sus hechos, tantas dudas plantea?)

Anónimo dijo...

"[Las razones, por cierto, no son muy distintas de... la desaparición de Tom Bombadil..."


Sí, son harto diferentes y a cualquiera se le alcanzan, a saber: que no quede un solo cristiano en la película sin su correspondiente lote de intolerancia y cerrilismo (¿a qué, si no, iban a obedecer las risibles y simplonas palabras finales puestas en boca de la filósofa: "Tú no puedes dudar, etc." Por favor... Y es que ¿quién conoce al fin y al cabo a un cristiano que no sea más que un robot incapaz de pensar algo que no venga en sus irracionales Escrituras...? Pero le recuerdo que Sinesio, a diferencia de Bombadil, existió fuera del caletre de un novelista, e incluso dejó obra. Lo de Amenábar es un abuso de la historia para servir de pienso ideológico a los estabulados por la LOGSE.


"Sócrates Escolástico... no deja de ser una fuente cristiana, parcial...correligionario de Cirilo...".


No vaya tan rápido, por favor: una somera lectura de su "Hª Eclesiástica" le revela como adepto a alguna heterodoxia. Muchos dicen que era seguidor del cisma novaciano (primer enemigo a abatir en el plan pastoral de Cirilo). Tal vez por esa profunda razón hostil al patriarca, no se esforzó demasiado en despejar las ambigüedades que dejaba caer al respecto de la reputación de Cirilo. Mas no se atrevió a incriminarle directamente en el asesinato de Hipatia. Su vocación de historiador pudo más. Por lo demás, no alcanzo bien a comprender la pertinencia aquí de los hallazgos antropológicos del católico ortodoxo y militante que es Girard, la verdad...


"...en vez de cebarse con aquellos a quienes, en conjunto, se culpó de la muerte de alguien que, al fin y al cabo, no dejaba de ser también un judío..."


Bueno, con remontarse usted casi a los evangelios, se salta la historia intermedia: la expulsión terminante de los primeros cristianos de la sinagoga (fuera de la protección de la "religio licita"), su inmediata inclusión por los judíos en la "birkat ha-minim" (una de las 'bendiciones' --en este caso maldición y condena-- pascuales), la salvaje persecución, tormentos y masacres anticristianas de Simón Bar Kochba (el "mesías" proclamado por el mismísimo rabí Akiba)... Que todo esto derivara en antijudaísmo cristiano es bastante comprensible. Pero ya que le gusta evocar la biblia, recuerde que en los Hechos se relata el primer martirio cristiano de la historia: Esteban, lapidado por los hebreos. Lo siento, pero debo insistir en que empezaron ellos; aunque si alguien ha querido concluir el lamentable asunto han sido sólo los papas recientes, pidiendo perdón sin contrapartida a sus "hermanos mayores".

Anónimo dijo...

"...Si hubiera aparecido en un cartelito final, podríamos quejarnos de que no aparece el testimonio de Juan de Nikiû gloriándose de los mismos hechos..."


Pero qué insistencia la suya con un oscuro obispo copto del siglo VII (¡!), cuyo prescindible "testimonio", para colmo, se conserva sólo en lengua etiópica... Y ya que me habla de cartelitos, en el que sí puso interés Amenábar es en el que "informa" de que Cirilo es hoy venerado en la Iglesia (también en la ortodoxa y la copta, ojo) como santo y doctor. Qué amable el 'niño prodigio' ilustrándonos así a todos, como veo que usted agradece...


"¿diría usted que Cirilo y en general la comunidad cristiana se comportaron de acuerdo a los principios evangélicos en su trato a Hipatia, los judíos y otras gentes?"


Yo sólo digo lo que traen las fuentes solventes porque no estaba allí: a) Que las enseñanzas privadas y públicas de Hipatia fueron escrupulosamente respetadas por el arzobispo Teófilo, tan poco dado, por otra parte, a componendas con los paganos. b) Que Hipatia no era atea, sino una pensadora genuinamente neoplatónica. c) Que el obispo Sinesio venera en sus cartas a Hipatia y a Teófilo simultáneamente y por igual. d) Que el modelo eclesiástico y moral de Cirilo a la hora de ejercer el patriarcado (para el que fue elegido por votación del pueblo a mano alzada) era, precisamente, su tío Teófilo, al que no iba después a traicionar en lo tocante a Hipatia. e) Que no hay una sola prueba en las fuentes fidedignas que incrimine a Cirilo en ese asesinato, obra particular de un puñado de exaltados acaudillados por un simple monaguillo loco.
Lo demás ya lo ponen Gibbon, Carl Sagan, Amenábar y usted. Con un poco de suerte, competirán en 'creatividad' hasta con el mismo Tolkien...

Al59 dijo...

Amigo anónimo: aprecio su esfuerzo en mantenerse en términos corteses (yo estoy intentando hacer otro tanto), pero encuentro poco amable, la verdad, que no realice el esfuerzo de entender en qué sentido los argumentos que, *en mi opinión* (discutible), llevaron a cambiar el rol de Sinesio y los que hicieron caer a Bombadil son similares (en ambos casos, no era narrativamente viable un personaje que, tras adquirir importancia en el planteamiento, desaparece en mitad de la historia y no interviene de forma visible en el conflicto dramático ni su desenlace).

A cambio, nos recuerda usted que Bombadil es un personaje de ficción, como si no hubiéramos caído en ello o no fuera, precisamente, el status ficticio del Sinesio de la película (por contraste con el que nos dibujan sus obras) lo que nos obliga a detenernos en él.

También me entristece, cuando menos, que el tiempo que dedica a recordarnos la condición religiosa de Girard (¡es de los nuestros! Ya puestos, apunte también a Tolkien en el número de los salvos) no le deje un momentito para hacerle justicia reflexionando sobre su tesis de que la violencia es un fenómeno contagioso en el que cualquier primacía moral que pudiera tener una de las partes implicadas se pierde cuando ambas se dedican, miméticamente, a reproducir y magnificar los golpes de la otra, en una escalada que sólo puede detener el perdón o la aniquilación completa del enemigo.

Con todo, siempre se aprende algo. Desconocía la condición novaciana de Sócrates Escolástico. Está bien, porque sirve para cerrar la nómina: todos los que implican a Cirilo en el crimen son herejes, paganos o sólo nos han llegado en texto etíope... De todas formas, no parece exagerado considerar a dos cristianos correligionarios; incluso a tres, si incluimos a ese obispo copto fan de Cirilo que reivindica con orgullo el asesinato de Hipatia, y cuyas razones para mentir sería interesante conocer.

Su último párrafo en fin, habla de fuentes, pero es más bien una declaración de apriorismos. Que yo sepa, no conservamos una palabra del obispo Teófilo sobre Hipatia, así que eso de que respetó escrupulosamente sus enseñanzas es mero wishful thinking. Puede que, sencillamente, la filósofa no fuera por entonces un enemigo que mereciera la pena batir; de ahí a ver en la inacción respeto, hay un largo trecho. Sabemos, sí, que Teófilo ordenó obispo a Sinesio a pesar de que éste le advirtió que no pensaba renunciar a sus opiniones contrarias al dogma. Curioso pragmatismo. En cuanto a Sinesio, no sorprenderá a muchos su gratitud hacia quien lo nombró obispo en las referidas condiciones; quizá merezca destacarse, en cambio, su silencio total sobre su sobrino, que no parece haber sido hombre que pasara desapercibido.

Lo de que Cirilo no pudiera apartarse de la política seguida por Teófilo es pura ficción. No hace falta preguntarse si Cirilo hubiera nombrado a un obispo heterodoxo como Sinesio: sabemos que su política respecto a Hipatia fue bien distinta (o ésta hubiera muerto de muy otra manera).

Respecto a esos 'exaltados acaudillados por un simple monaguillo loco', a los que nos presenta como cortafuegos de la responsabilidad, no parece que fueran muy distintos en conducta ni galones de aquel Amonio que apedreó al prefecto Orestes y a quien Cirilo se apresuró a declarar mártir por su importante servicio a la fe.

Lo de las pruebas, con perdón, es risible. A esta distancia lo único que podemos tener en condición de prueba (y vive Dios que lo tenemos por triplicado, desde tres bandos bien distintos: el noviciano de Sócrates, el pagano de Damascio y el copto de Juan de Nikiû) es alguien que escriba que Cirilo estuvo implicado en el crimen. Eso y los hechos, que también hablan bastante claro (el emperador retirando a Cirilo tras los hechos una parte de los fieles armados que le acompañaban).

Sobre el hecho de que quienes predicaban lo de poner la otra mejilla perpetraran tan a menudo matanzas y otras violencias, ya veo que se escurre usted. No le culpo. (Pero comprenderá que tampoco me sorprende.)

Anónimo dijo...

"(en ambos casos, no era narrativamente viable un personaje que, tras adquirir importancia en el planteamiento, desaparece en mitad de la historia y no interviene de forma visible en el conflicto dramático ni su desenlace)."


Entonces lo verdaderamente honrado habría sido que Amenábar le hubiese cambiado el nombre y la condición. Nadie hoy quedaría de brazos cruzados si una película mostrara a un poeta de nombre Antonio Machado supervisando las torturas de las checas del Madrid rojo. Pero, claro, como en este caso el verdugo es un obispo católico, pues vengan “exigencias del guión”: las que hagan falta y más…


”…Girard (¡es de los nuestros! Ya puestos, apunte también a Tolkien en el número de los salvos) no le deje un momentito para hacerle justicia…”


Es que yo no tengo que hacerle justicia a René Girard. La justicia se la hizo ya él mismo convirtiéndose del ateísmo al catolicismo ortodoxo, una vez que culminó el grueso de sus investigaciones sobre la violencia, el sacrificio y el “bouc émissaire”, y precisamente empujado por las propias conclusiones a las que este antropólogo llegó. Se trata de algo más, en este contexto, que de un mero “Girard es de los nuestros”…


”…si incluimos a ese obispo copto fan de Cirilo que reivindica con orgullo el asesinato de Hipatia, y cuyas razones para mentir sería interesante conocer”


Es que en la historia no todo es tan blanco ni tan negro, ni hablamos aquí de mentir (como no sea en la peli de Amenábar, pero ese actividad extra-escolar de Educación para la Ciudadanía se parece a la rica y compleja realidad como un huevo a una castaña). La razón por la que Nikiu no merece –-como pieza de convicción, no como venerable legado del pasado-- ni el tiempo que uno dedica a leerlo es que, además de otras razones, es un “testimonio” posterior en más de dos siglos al tiempo en que sucedieron los hechos. ¿Me imagina usted a mí “dando fe” de los detalles y causas profundas por los que Madame Desmoulins fue enviada a la guillotina por el Comité de Salud Pública?


”…no conservamos una palabra del obispo Teófilo sobre Hipatia así que eso de que respetó escrupulosamente sus enseñanzas es mero wishful thinking …”


Tampoco Teófilo tendría por qué haber escrito nada a ese respecto. De todos modos, lo que se desprende de las cartas de Sinesio es muchísimo más de lo que cabría esperar, dados los increíbles azares por lo que han atravesado los testimonios literarios del pasado hasta la invención de la imprenta.

Anónimo dijo...

“…Sabemos, sí, que Teófilo ordenó obispo a Sinesio a pesar de que éste le advirtió que no pensaba renunciar a sus opiniones contrarias al dogma…”


¿Sería usted tan amable de especificarme –-dado que Silesio tiene bastante obra escrita-- cuáles son esas “opiniones contrarias al dogma” a las que se refiere?


“…En cuanto a Sinesio, no sorprenderá a muchos su gratitud hacia quien lo nombró obispo en las referidas condiciones…”


Yo creo que la malsana influencia de Amenábar le está llevando a usted a volver a mirar mal al bueno de Sinesio. Resulta que a él, años antes de ser consagrado obispo, Teófilo le unió en matrimonio. ¿Por qué tienen que ver ustedes sólo cálculo y pragmatismo también en una relación entre personas que sencillamente se admiran y aprecian, como a veces sucede entre los humanos? Sí que es verdad que luego Teófilo consintió a su amigo conservar su matrimonio y su familia, a pesar de haberle encumbrado a la dignidad episcopal, ¿pero usted ve en esto una contradicción a algún dogma?


“…quizá merezca destacarse, en cambio, su silencio total sobre su sobrino, que no parece haber sido hombre que pasara desapercibido…”


A lo mejor lo conocía poco. Sinesio ni siquiera era de Alejandría, y a partir de un determinado momento se instaló para siempre fuera de ella, y sólo la visitaba esporádicamente. Cuando, viviendo lejos, le sobrevino la muerte, Cirilo apenas llevaría meses al frente del patriarcado de Alejandría.


”…sabemos que su política respecto a Hipatia fue bien distinta (o ésta hubiera muerto de muy otra manera)…”


Eso lo sabrá usted solo, y por alguna revelación particular…


”…aquel Amonio que apedreó al prefecto Orestes y a quien Cirilo se apresuró a declarar mártir por su importante servicio a la fe…”


Según las fuentes históricas, en efecto, Cirilo lo intentó, dolido como estaba porque Orestes infringió el derecho procesal romano torturando a Amonio hasta la muerte. Cirilo cometió entonces el precipitado error de enterrar al monje en sagrado y declararlo mártir. ¿Pero no habla mucho en su favor (dígame un político o personalidad actual que se retracte al instante de algo mal empezado) que escuchase al sector de fieles cristianos que protestaron porque Amonio no había muerto por "odium fidei", sino a resultas de su propia e injusta acción de lanzar una piedra al prefecto? Cirilo habría sido un tirano y un líder fanático si no hubiera escuchado el sensato clamor del pueblo fiel, pero, por Dios, ¡escuchó al pueblo y dio marcha atrás!

Anónimo dijo...

”…A esta distancia lo único que podemos tener en condición de prueba… es alguien que escriba que Cirilo estuvo implicado en el crimen. Eso y los hechos, que también hablan bastante claro (el emperador retirando a Cirilo tras los hechos una parte de los fieles armados que le acompañaban).”


Pues le aseguro que ni siquiera un juez moderno que se precie, se atrevería a condenar a Cirilo con esa clase de pruebas.


”Sobre el hecho de que quienes predicaban lo de poner la otra mejilla perpetraran tan a menudo matanzas y otras violencias, ya veo que se escurre usted. No le culpo. (Pero comprenderá que tampoco me sorprende.)”


No sólo no perpetraron tantas violencias como llevan ustedes pretendiendo desde hace casi tres siglos –-con absoluto desprecio de la historia, agravio de la justicia y flagrante contradicción del ideal “ilustrado”–- sino que además han prodigado muchos más bienes de los que ustedes estarían dispuestos a reconocer ni aunque tuviesen la irresistible luz de la verdad inundándoles la cara. Deberían ustedes dedicar todos esos esfuerzos a causas más dignas, como aceptar algún día y reconocer de una vez que los “humanismos” laicos modernos han traído en siglo medio infinitamente más muerte, dolor y destrucción que los veinte siglos que lleva la fe cristiana sobre la Tierra. Y ni un solo bien. Empezando por tratar de parar la sangría de más de cien millones de muertos que lleva a sus espaldas el “socialismo real” en sólo 80 años. Pero, claro, usted nunca llevaría la contraria a Marx cuando pontificaba que “el comunismo es un humanismo”. No es poco: otra creación hegeliana moderna se proclamaba “super-humanista” (“Übermensch”) y hay qué ver la efectividad letal que tuvo: 25 millones de vidas arrambladas en poco más de diez años…
Por lo demás, creía que había leído usted a René Girard. En cualquier caso, no creo que se pueda colegir de ninguna de las palabras de Jesucristo que todo aquél que le siguiese quedaría inmediatamente convertido, en vida, en un espíritu puro…

Al59 dijo...

Amigo anónimo: por empezar por la nota falsa más evidente, llamar Nikiû a Juan de Idem es como llamar Éfeso a Heráclito o Nazaret a Jesucristo.

Respecto a Girard, me sigue entristeciendo que lo único que demuestre haber captado de él es que es uno de los salvos, cuando tan útil le sería tomar en consideración, como le sugería, sus reflexiones sobre la violencia como un proceso mimético. (Más útil, desde luego, que seguir creyendo en eso tan infantil de que 'empezaron ellos, así que suya es la culpa de todo lo que vino después. ¡Si es que van provocando!'). En fin: si al final se decide, puede empezar por 'La violencia y lo sagrado'.

Sobre Sinesio y su papel en la película, creo que por fin ha entendido lo que quería decir, así que algo es algo. Teniendo en cuenta la voluntad de incluir en la película cuanto fuera posible de lo que las fuentes nos cuentan (insisto: poco queda fuera), es lógico que al discípulo predilecto se le reservara un hueco de honor; aunque precisamente por darle protagonismo, el personaje de ficción acabe separándose mucho (y así lo hago notar en mi entrada) de su referente histórico.

Sobre Sinesio, sus dudas y convicciones planteo escribir una entrada, así que a ella le remito. Vaya leyendo, en cualquier caso, la carta 105; y vaya por delante que (como cualquiera que lea sus cartas, creo yo) no siento sino viva simpatía por este filósofo metido a obispo. Yerra usted al ver un reproche en que yo encuentre natural el agradecimiento de Sinesio a Teófilo por haber aceptado éste las condiciones peculiares que puso aquél para aceptar el cargo.

Respecto al energúmeno Amonio y el apoyo de Cirilo a este kale borroko avant la lettre, veo que hasta usted prefiere considerarlo un error, aunque perdonable; si uno no está costreñido a defender como sea que fue santo (nada menos) quien tan poco lo parece, lo que se observa más bien es un patrón de conducta, que recuerda por cierto a nuestros píos compatriotas del PNV en sus tratos con Batasuna: apoyar la violencia callejera, hacer la vista gorda ante la misma y hasta darle cuerda sotto voce mientras al mismo tiempo se mantiene una impostada distancia que permita, si las cosas se ponen duras, echarle toda la culpa al exaltado —una ficción que, como todas las caretas, acaba cayendo al suelo con cierto estrépito.

Eso, en fin, de que los buenos somos los buenos, y si hacemos lo contrario de lo que predicamos es porque somos humanos y falibles (en suma, un mérito más: baja, Modesto, que yo subo), no creo que colara ni en uno de esos tribunales en que, con argumentos como los que usted maneja, se pediría sin rubor la absolución de Calígula por ser manifiestamente parciales las fuentes que nos cuentan sus barrabasadas y no constar en archivo pruebas materiales de las mismas. Más que Disney, las películas y series de juicios han corrompido definitivamente nuestro sentido de la justicia. A este paso, los descendientes de los cambistas del Templo acabarán pidiendo una compensación económica al Vaticano. Alan Shore estaría encantado de llevar el caso.

Anónimo dijo...

"...por empezar por la nota falsa más evidente, llamar Nikiû a Juan de Idem es como llamar Éfeso a Heráclito o Nazaret a Jesucristo."


O como hablar de Berceo (para referirse a Gonzalo de Berceo, nacido precisamente en Berceo). O de Talavera (para el arzobispo Hernando de Talavera, talaverano él). O de Sigüenza (para el padre José de Sigüenza, hijo de esa misma ciudad castellana). ¿Verdad?

En fin...

Al59 dijo...

En esos ejemplos que cita, como en tantos otros (Clitemnestra por Clitemestra, por ejemplo), el uso ha impuesto el abuso. No parece que vaya a ser, por fortuna, el caso.

Anónimo dijo...

¿El caso? ¿Qué caso? Ni que anduviéramos todos los días con el Juan de Nikiu ese en la boca...

Pero, en fin, sume y siga, y añada nuevos "abusos":
-El pintor Correggio (en realidad Antonio Allegri, natural de ese pueblo).
-Nuestro Nebrija (Antonio Martínez de Cala, nacido en Lebrija, que latinizó su nombre... y el de su lugar de nacimiento).
-Oropesa (el jerónimo Alonso de Oropesa, autor del "Lumen ad revelationem gentium").
-Montemayor (el poeta Jorge de Montemayor, que castellanizó el nombre portugués de su localidad natal).
...

Yo toda mi vida he dicho Clitemnestra y a todo el que se lo he oído también. No sé por qué lo dice, pero en cualquier caso, si en español decimos Hércules, en lugar de Heracles, o Hécuba, en lugar de Hécabe, eso no es abuso, sino tradición.

Al59 dijo...

Hay tantas cosas que "hemos dicho" u oído toda la vida y son falsas que casi dan ganas de forzar el argumento y escribir que la 'sabiduría recibida' es la forma más persistente e insidiosa de falsedad que nos acecha. Un pequeño catálogo

Anónimo dijo...

Ande, ande, que salta de una cosa a otra, como si estuviera recogiendo siempre fresas...

Al59 dijo...

Ya quisiera yo. Uno de mis recuerdos más felices es acudir al huerto de mi tío, preferiblemente sin permiso, a coger fresas. No las he comido mejores.