
Armonía estridente. Esto sí que es el sonido de la jungla: las limitaciones acústicas trascendidas en una suerte de punk sinfónico-tropical, con Gilberto Gil y Os Mutantes enloquecidos y enloquecedores. La letra cuenta una historia triste de mal amor y venganza (de la que Cruz de navajas, de Mecano, se diría un retoño tardío, con las navajas cambiadas), pero la música se la lleva por delante sin contemplaciones. Quien conozca algo comparable, que me lo cuente.