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viernes, 2 de febrero de 2018

Guerra al desnudo y la concupiscencia





Yo no me siento capaz de hacerlo, pero sé (lo siento) que un día alguien levantará la lupa de cada una de las pequeñas controversias de las que nos ocupamos y se verá toda esta época como un resurgir del puritanismo iconoclasta. Y del literalismo. Un mismo hilo (tampoco demasiado invisible) teje la destrucción de los Budas y la de Palmira, la de las obras de Graham Ovenden por orden judicial y la retirada del cuadro de Hilas y las Ninfas para 'favorecer el debate' sobre no sé qué.


No estoy diciendo que todo tenga la misma importancia o gravedad. Solo que son síntomas de un mismo movimiento, un Zeitgeist obsesionado con hacer limpieza moral a costa de la libertad de expresión y pensamiento. Irónicamente, este tipo de épocas produce los relatos más morbosos y sórdidos que uno pueda leer, pero dentro de un contexto de no ficción: la denuncia de los crímenes reales o ficticios que se persiguen. (Aunque, probablemente, el auge de las ficciones o semificciones sobre asesinos en serie, la fascinación por los psicópatas y los crímenes 'interesantes' y extremos, es otro rostro de ese mismo Espíritu del Momento —de hecho, es difícil que esas ficciones alcancen a los 'logros' reales de los devotos iconoclastas del ISIS, que harían ponerse blanco al mismo Sade.)

Quizá la abracadabrante sinergia entre algunas feministas occidentales y los islamistas llegue a entenderse mejor cuando se analice desde esa hermandad de fondo, ese deseo de mejorar y depurar la humanidad caiga quien caiga. Un señor (musulmán) destruye a martillazos una estatua alegórica femenina; una señora (feminista) retira un cuadro por cosificador. La fobia al desnudo femenino es la misma. Varía la coartada ideológica y el grado de saña.

Nótese que no hablo de ningún tipo de conspiración secreta (odio la conspiranoia). No creo que la gente aludida sea siquiera consciente de que les mueven impulsos similares, sinérgicos.

¿A quién le he leído algo en esta línea? A Amos Oz, desde luego. Y a Jung, cuando explicaba el nazismo como resultado del resurgir de un arquetipo (Wotan, según él). Me viene también a la mente Empédocles, que ya explicaba que el Odio tiende a la desintegración de lo mezclado en eentes homogéneos, puros.

Todo purismo se sustenta en el odio a la contaminación, el mestizaje. La demonización de la cópula heterosexual en Dworkin y McKinnon (dos veneros del feminismo puritano) es otro ladrillo de este muro. El sexo como algo sucio, por lo que tiene de mezcla de sexos y de invasión del espacio propio por el Extraño por excelencia. No es exageración ocasional, sino pulida conclusión del pensamiento de estas autoras, la de que toda cópula es una violación de la intimidad femenina por un invasor. (Camille Paglia concide. Pero ella encuentra esa idea, según y cómo, excitante.) Lógicamente, el amor entre mujeres queda libre de estas maldiciones. Es puro en el sentido que el Odio de Empédocles reclama: amor entre iguales, entre entes homogéneos.

El Amor, por el contrario, es en la cosmología de Empédocles (o al menos en mi recuerdo de ella, quizá un poco creativo) una armonía de contrarios, de seres heterogéneos que encuentran atractivas sus diferencias y subliman su agresividad en erotismo. El salto más fascinante es cuando el filósofo plantea la propia relación entre Amor y Odio como una relación de amor-odio, un ballet de enemigos implacables que se atraen y repelen. Y que se expresa en la mitología como el amor entre Afrodita y Ares (Venus y Marte). El Amor hace el Amor... con la Guerra (he ahí una verdadera militia amoris).

Hay ecos de este manera de pensar n Platón: el ejército perfecto estaría compuesto de amantes; el Amor es dialéctica (combate) de la Carencia y el Recurso; la dialéctica es la erótica de la verdad.

Mientras tanto, en el mundo sublunar, lo que estamos viviendo es como si la vida se hubiera convertido en una película solo-para-TV, de esas tan morbosas como moralistas, que nos echan en la sobremesa. Con muchos anuncios, claro: que son los discursitos de los ideólogos.

viernes, 25 de julio de 2008

Golden Brown


El Egipto islámico y el faraónico se parecen tan poco que, a los enamorados del segundo, el primero les parece inevitablemente un decorado, una pantalla que transpasar. Con todo, no hay camino al hipogeo que no pase por el zoco, con sus mercados de antigüedades y (acaso) sus cultos secretos, de estética (si no raigambre) ancestral.

El vídeo de Golden Brown, de los Stranglers, resume ese Egipto fachada y puerta secreta, algo indianajuanesco: hoteles asfixiantes, con cocodrilos en la bañera, y arqueólogos que buscan el corazón de las postales. Como si hubieran leído a Bachelard, la letra renuncia a nombrar dios alguno, pero hace sentir su presencia:

Barro dorado, fina hechicera,
marcha al oeste a través de los tiempos.
Desde tan lejos, viene a quedarse
un día sólo. (Nunca un mal gesto.)



miércoles, 23 de julio de 2008

Isis & Club de egipcios


Como H. P. Lovecraft, Carlos Berlanga fue un descreído con un agudo sentido de lo numinoso. En Isis, una de sus canciones para Dinarama (± Alaska), anima de forma convincente hasta los espantajos más quiosqueros (Las caras de Bélmez / quisieron hablar. / La prensa amarilla / las hizo callar / sin más.). Su erudición llega sin problemas hasta Roso de Luna y Blavatsky (Isis con velo, Doctrina Inmortal), tratados con la misma ironía simpática que Valle les depara en Luces de bohemia:

DON FILIBERTO: Amigo Dorio, tengo alguna costumbre de estas cañas y lanzas del ingenio. Son las justas del periodismo. (...) El Congreso es una gran redacción, y cada redacción, un pequeño Congreso. El periodismo es travesura, lo mismo que la política. Son el mismo círculo en diferentes espacios. Teosóficamente podría explicarselo a ustedes, si estuviesen ustedes iniciados en la noble Doctrina del Karma.

DORIO DE GADEX: Nosotros no estamos iniciados, pero quien chanela algo es Don Latino.

DON LATINO: ¡Más que algo, niño, más que algo! Ustedes no conocen la cábala trina de mi seudónimo: Soy Latino por las aguas del bautismo, soy Latino por mi nacimiento en la bética Hispalis, y Latino por dar mis murgas en el Barrio Latino de París. Latino, en lectura cabalística, se resuelve en una de las palabras mágicas: Onital. Usted, Don Filiberto, también toca algo en el magismo y la cábala.

DON FILIBERTO: No confundamos. Eso es muy serio, Don Latino. ¡Yo soy teósofo!

DON LATINO: ¡Yo no sé lo que soy!

DON FILIBERTO: Lo creo.

DORIO DE GADEX: Un golfo madrileño.

DON LATINO: Dorio, no malgastes el ingenio, que todo se acaba. Entre amigos basta con sacar la petaca, se queda mejor. ¡Vaya, dame un pito!

Aunque Isis es más exuberante, tengo debilidad por otra de las canciones de Dinarama, Club de egipcios. Berlanga ejerció de artista minimal en esta ocasión: con breves toques, crea un universo de tijeras y bisturíes que sugiere asesinatos y quizá momificaciones o ritos sangrientos. La rutina o la muerte: un clásico.