lunes, 21 de junio de 2010

Vd. no sabe quién soy yo (y yo tampoco)


Curado a la fuerza de ciertas adicciones, he vuelto a leer, en papel y en cantidad apreciable. No tanto a escribir: estoy más receptivo que otra cosa, con el intelecto en barbecho, como solíamos decir entonces. El caso es que de vez en cuando da uno con párrafos que te obligan a reaccionar, aunque sólo sea para celebrarlos y darles dos vueltas. Me pasó con la defenestración del heavy metal de MacDonald, pelín injusta pero ingeniosa, y ahora leyendo un libro, muy recomendable, sobre los contraculturales de hoy y sus paradojas. En un momento, cita el autor a un tal Giddens, y dice éste así:

Si se analiza el trabajo en Psiquiatría, en Psicoterapia, se observa que la mayoría de los terapeutas dicen que si bien hace una generación la mayoría de los problemas que tenían que tratar eran neurosis, patologías de la conducta, hoy día la mayoría de los problemas que tratan son problemas de identidad, problemas de personas que dicen no sólo «no sé quién soy», sino incluso «siento que no existo». La personalidad «esquizoide» parece estar emergiendo como la personalidad patológica de finales del siglo XX.

Anthony Giddens publicó su ensayo en el 99. Treinta años antes, King Crimson abrían su primer disco con 21th Century Schizoid Man. Los años de la exploración psicodélica fueron sin duda pródigos en crisis de identidad. Piensa uno en otras canciones, ajenas (Country Joe and the Fish: Who am I?, Incredible String Band: The Half Remarkable Question, Supertramp: Logical Song) e incluso propias («Ya no sé quién soy; tal vez una sombra»; «Yo no sé cuál es mi nombre, / quién se esconde dentro en mí») que abordan el tema, con formulaciones idénticas o casi, y asombra que lo espontáneo, 'lo que le sale a uno', resulte, levantando la lupa, obediencia casi mecánica a la canción de los tiempos.

Puestos a dudar, ni siquiera se decide uno a declarar la duda como mórbida o saludable. Yo me inclinaría, con el maestro Agustín, por lo segundo; pero me inquieta pensar que la duda sobre la propia identidad y las medidas drásticas para afirmarla formen un paquete, como la anorexia y la bulimia, y la duda, al menos cuando cursa con angustia, acabe abonando la conversión, el golpetazo contra la mesa y la exclusión radical de lo que inquieta al sujeto. Medítenlo Vuesas Mercedes, si les place; y cuéntenme qué les parece.

14 comentarios:

Rafa Herrera dijo...

Pues ya que preguntas, diría yo que ambas. Que como Agustin es saludable esa afloración espontánea, no cabe duda (valga el oxímoron). Nada más socráticamente correcto, pero eso no presupone una mínima, si no consciencia, ál menos intuición de identidad, aunque sea para negarla.
El problema es que la absoluta negación (ya patológica o, como mejor dices, mórbida), sentida, por influencia del medio, como carencia, deja expuesto, como dices, a ser inmediatamente remediada/remendada con lo que cualquier desaprensivo "formador" quiera imponer.
No me decido, pues, que en esto tampoco sé nada.
Un abrazo,
Rafa

Lord Charles H dijo...

Pues a lo mejor te molaba Evolution, banda barcelonesa que en 1970 sacó un disco con notables versiones de Crimson King, como In the Court of... y la grandiosa que has puesto.

Lo cual no quita que el resto del disco tenga algún cover más de otra banda, canciones propias, y guiños a canciones célebres de la época.

Al59 dijo...

Ya lo dicen los grafiteros, Rafa: lo malo de tener la mente abierta es que enseguida surge gente decidida a meter cosas dentro. Imagino que Chesterton se refería a algo parecido cuando escribió que la gente deja de creer en Dios para acabar creyendo en cualquier cosa. Las dificultades del ateísmo, que decía el maestro; que son también las de la anarquía, la anonimia y el descreimiento en general. ¡La vida es un barco / y todo se mueve!

Al59 dijo...

Pues seguro, Lord Charles. El rock progresivo de los 70 me gusta mucho. ¿Alguna muestra gratuita?

Joselu dijo...

A mí realmente me inquietan los problemas de identidad. Me atraen todos los escritores que han recreado esa nebulosa que es el yo, que se han escindido en múltiples yoes, y cuya obra es la expresión del conflicto. Las sociedades, las naciones (?), las clases sociales, las ideas, los individuos nos debatimos en intrincados debates de identidad. Pero no sé por qué temo más a los que tienen clara su identidad, a los que no albergan dudas, a los que se sienten seguros y no se arrepienten de nada... A estos les temo.

Anónimo dijo...

Mis dudas, absolutamente patológicas, son tan estériles, que sólo consiguen agotarme y voverme más débil.¿Qué diferencia existe entre una duda patológica y una que no lo sea? ¿Cómo se puede saber dónde se halla el equilibrio? Como, a pesar de mi dilatada expreriencia en estos temas, no lo sé, el psicólogo dice que los ¿Y si...? son todos patológicos, aunque quizá sólo lo sean en mi caso. En fin, a preguntas estúpidas no se puede contestar con respuestas inteligentes...

Gharghi dijo...

Un viaje al infinito sin salir de la finitud del cuerpo. Eso es la mente. Si dejamos que viaje sola podemos sentir el vértigo de la caída libre... pero los resultados son, cuanto menos, maravillosos; en el caso del tema musical los resultados fueron, simplemente asombrosos.

Juan Poz dijo...

"Pues yo, de dentadura, perfectamente, ningún problema...", podríamos parodiar cualquier salida ingeniosa, como la que le leí a cierto autor con ínfulas de serlo: "El Yo es un martini al que se le ha caído la aceituna". En cualquier caso, creo que tendríamos que distinguir entra la inseguridad del yo, la radical heterogeneidad del ser y la alienación, porque los mapas intelectuales del yo son diversos y variados. "El caqnsado de su nombre", decía de sí JRJ, y probablemente su nombre era, para él, la pluralidad de yoes, siguiendo a Daría: "plural ha sido la historia de mi corazón".

Al59 dijo...

Totalmente de acuerdo contigo, Joselu: yo también «temo más a los que tienen clara su identidad, a los que no albergan dudas, a los que se sienten seguros y no se arrepienten de nada... A estos les temo».

Al59 dijo...

Amigo anónimo: uno sí distingue dos sensaciones, el placer de dejarse ir y el temor a perderse. Lo intrigante es que puedan sentirse al mismo tiempo, o casi. En mi caso, sea al quedarme dormido o en otros trances en que viene a qué, la primera gana por goleada a la segunda.

Al59 dijo...

«Un viaje al infinito sin salir de la finitud del cuerpo. Eso es la mente.» Confiesa, Gharhi: en realidad eres Lao-Tsé.

javierargul@yahoo.es dijo...

Yo, desde jovenzuelo, siempre he pensado que la gran pregunta no era si existe dios o un dios, etc, sino ¿por qué yo soy yo? O sea, ¿por qué esta conciencia en este cuerpo, en este tiempo...?

javi dijo...

(Vaya, ya me he vuelto a liar con las contraseñas... ¿Por qué YO soy tan torpe? :))

Gharghi dijo...

En realidad soy Li Kao y tengo un pequeño defecto en mi carácter. ^_^