martes, 22 de junio de 2010

¿Soy yo quien anda esta noche?


Antonio, que tanto nos falta, tenía mucho que contar sobre la sensación de extrañeza que provoca (al parecer) el aura epiléptica y que él consideraba almendra tanto de su propia sensibilidad como de la de JRJ. Al hilo de esos razonamientos, le pregunté una vez por este poema, y estuvo a punto de contarme lo que pensaba, pero llegó la aurora o alguna otra transeúnte y la conversación cambió de tercio.

Se trata de un romance incluido en Jardines lejanos, de 1904. En una de sus versiones, dice así:

¿Soy yo quien anda, esta noche,
por mi cuarto, o el mendigo
que rondaba mi jardín,
al caer la tarde?... Miro
en torno y hallo que todo
es lo mismo y no es lo mismo...
¿La ventana estaba abierta?
¿Yo no me había dormido?
¿El jardín no estaba verde
de luna...? El cielo era limpio
y azul... Y hay nubes y viento
y el jardín está sombrío...
Creo que mi barba era
negra... Yo estaba vestido
de gris... Y mi barba es blanca
y estoy enlutado... ¿Es mío
este andar? ¿Tiene esta voz
que ahora suena en mí los ritmos
de la voz que yo tenía?
¿Soy yo, o soy el mendigo
que rondaba mi jardín
al caer la tarde?.... Miro
en torno.... Hay nubes y viento....
El jardín está sombrío....

Y voy y vengo.... ¿Es que yo
no me había ya dormido?
Mi barba está blanca y todo
es lo mismo y no es lo mismo...

1. En su fragmento más famoso, escribe Heráclito que «en unos mismos ríos entramos y no entramos, estamos y no estamos» (fr. 63 GC, 49a D-K). En la reconstrucción que hace García Calvo del libro de Heráclito el fragmento inmediatamente anterior dice casi lo mismo que el poema de Juan Ramón: «todas las cosas, las mismas y no las mismas» (fr. 62 GC, A7 D-K). «No ha cambiado casi nada, / pero nada sigue igual

2. Las mareas del yo, el sentimiento oceánico. Y voy y vengo, dice Juan Ramón. Aquella otra canción griega: φεύγει ο καιρός, καράβι και μας πάει πίσω μπρος («huye la edad: / su barco nos lleva adelante y atrás»). «Porque la vida es un barco / y todo se mueve

3. Aunque el paso del tiempo no sea la única clave del poema, sin duda abre algunos de sus cerrojos. En la caja de los ecos, este poema tradicional japonés, que trae García Martín en sus particulares jardines lejanos:

¿Por dónde ha entrado
el viejo que me mira en el espejo?
De haber sabido
que venía tras mis pasos,
le habría dado con la puerta
en las narices.

4. Sucede que John C. Wilcox escribió un artículo, probablemente esclarecedor, sobre este poema. He esquivado leerlo hasta escribir estas notas, para que no condicionara mi deriva. Ahora me daré (y a ello les invito) el gusto.