sábado, 6 de diciembre de 2014

Del otro barrio en este


Este viernes los lectores de Elvira Lindo tuvimos ocasión de regalarle el único ejemplar que ha habido y habrá de Nuestro otro barrio, un libro manuscrito que recoge todo tipo de impresiones sobre su libro de El otro barrio, que han estado leyendo durante este trimestre los muchachos de 4º de ESO.

Traigo aquí mi aportación al juego: un soneto que puede parecer críptico si no se ha leído el libro, pero que resulta bastante transparente en caso contrario.

Del otro barrio en este 

No hables con nadie, dice el abogado. 
Hablar algunas veces es dar forma 
a un vértigo fatal que se deforma, 
una caída libre hacia el pasado. 

Pero hablamos. Afloran nuestros hechos 
y con ellos las mañas de Fortuna: 
el hueso que se esconde en la aceituna, 
el filo oculto entre los berberechos. 

Amado por mujeres que te ocultan 
de la verdad y a ella, nuestra vida 
persigue, como el agua, la salida 

por grietas, accidentes, recovecos: 
conjeturas absurdas que resultan, 
la voz del padre ardiendo en nuestros ecos. 

jueves, 30 de octubre de 2014

Pan Bendito


Contar cuentos a mis niños cada noche me ha llevado a leer cientos de ellos en los últimos años. Mi último tesoro es un tomo en tapa dura de Siruela, los Cuentos populares de los gitanos españoles, recogidos por Javier Asensio García. Se trata de una obra maestra de su género, por la pulcritud con la que están recogidos los textos y por la riqueza de los mismos, que van de los cuentos maravillosos de toda la vida (de los que se aportan versiones que, al menos para el mundo payo, resultan a menudo novedosas) a otros muy divertidos sobre engaños y negocios turbios. Pero para mí la joya son los relatos del final que, más que cuentos, se acercan al formato de la leyenda, pues se trata de historias contextualizadas, narradas como reales, que a menudo le sucedieron a algún familiar del narrador, o incluso a él mismo.

Una de estas historias tiene que ver con el Pan Bendito, que da nombre al famoso barrio gitano de Madrid. Famoso y temido, aunque de adolescentes, por cuestiones de amistad y amor, mis amigos y yo anduvimos mucho por allí y jamás tuvimos ningún percance serio ni con los gitanos ni con otras gentes presuntamente peligrosas. Dice así el relato:

El pan protector

Esto le ocurrió a un gitano que acababa de hacer un trato muy bueno en una feria. Les había vendido a unos payos doce bestias.  Llegó a casa y empezó a darle vueltas a la idea de que, si los payos se arrepentían, iban a ir a buscarle para deshacer el trato. Así que le dijo a su mujer:
—Me voy de casa, no sea que los payos se echen para atrás.
Salió de noche, andando, andando, hasta que llegó a un caserón oscuro. Y no tembló:
—No le tengo miedo ni al lucero del alba.
Preparó una fogata con broza y paja para calentarse. Se puso a cenar lo poco que había podido llevarse de casa. En esto que oyó un murmullo de voces que no entendía y pensó: «¡Los payos!».
Rápidamente apagó el fuego con una pelota de trapo. Siguió oyendo los murmullos y pensó que los payos se acercaban. En lugar de salir por la puerta, subió por una escalera, se asomó a una ventana, dio un salto y cayó sobre el caballo. Entonces todos los gitanos llevaban faja, y como le había sobrado un trozo de pan y el pan es sagrado, no lo tiró. Se lo metió en la faja. Arreó el caballo y salieron camino adelante, pero al poco tiempo notó que el caballo se atollaba, que no podía seguir. «¿Qué pasa aquí?», se preguntó.
Entonces se dio la vuelta y vio el cuerpo de una persona que tenía la cabeza de cabrito y que le hurgaba en la faja.
Era cosa diabólica. Como el pan es sagrado, ese diablo, hasta que no le quitase el pan de la faja, no podía hacerle nada, y eso era lo que intentaba: arrojar el pan bendito al suelo. Pero el gitano se agarraba la faja y no dejaba que le tocasen el pan.
El diablo, visto que nada podía hacer, le gritó al oído, un grito estremecedor. Y el gitano murió del susto.

(Javier Asensio García, Cuentos populares de los gitanos españoles, pp. 277-8)

domingo, 26 de octubre de 2014

Las hadas de tu templo (2014)


¡Pero esto es una folía!, me dijo el maestro Aníbal cuando le enseñé esta pieza de nuestro querido Alfonso. Y como esa danza renacentista, con su debido contrapunto y algún guiño arcaizante al modo dórico, ha quedado arreglada en esta versión, que nace instrumental pero espera oírse cantada bien pronto.



miércoles, 1 de octubre de 2014

Con una cinta de seda


Llega una edad en que los hijos se van de casa. Así estas melodías que a uno se le ocurrieran para algunas canciones del maestro Agustín, como Ay lino y Con una cinta de seda, que ya el año pasado refrescamos con las ideas nuevas que traían los amigos Dani y Juanfran, y que ahora siguen su curso en el repertorio de La Araña Calva, mudando en el trayecto de estructura y a veces también de sustento armónico.

El resultado me parece especialmente brillante en el caso de Con una cinta de seda, donde la base de la canción ha sufrido una reescritura radical. Pero como uno es cabezón (lo dice un personaje de Borges: Todas las cosas quieren perseverar en su ser, ha escrito Spinoza. La piedra quiere ser una piedra, el tigre un tigre, yo quería volver a ser Hermann Soergel), los acordes originales han venido a visitarme esta noche para convencerme de que en ellos quedaba aún mucha música por exprimir. Y esto me cuentan.


miércoles, 24 de septiembre de 2014

Sweet sweet feeling


Seguro que mañana la veré con otros ojos, más duros ellos —pero ahora que la acabo de sacar, cuánto me gusta esta pieza, sencilla y pastoral como ella sola.

lunes, 22 de septiembre de 2014

Animaladas


Paradojas del simbolismo: la lucha contra el animal salvaje, que nació como reivindicación de nuestra condición civilizada y rechazo, vía el animal externo, de la bestia que llevamos dentro, acaba siendo vista como lo que también es: una animalada que confirma lo brutos que somos. Un bucle del que solo se puede salir, me parece, no mediante la prohibición, sino mediante la desliteralización de la fiesta: liberando al animal de verdad del peso que nos habíamos acostumbrado a echarle encima (lo que no le librará, al menos de momento, de otros destinos horribles, como acabar en el matadero o hacinado en un espacio mínimo) y sustituyéndolo por cualquier otra cosa que pueda cumplir la función (aterrarnos y, sin embargo, resultar finalmente vencido). Se dirá que para contentarnos con sustitutos, mejor prescindir sin más del rito. Pero eso es no entender, respondemos, lo que es un rito. Plantéese el lector cuántos consumidores indignados piden al final de la misa el libro de reclamaciones al comprobar que, pese a la publicidad engañosa, no le han servido la tapa prometida de carne y sangre humanas.


Una cultura que haya proscrito todas las fiestas (incluido el circo) en las que participan y sufren animales tendrá, me parece, problemas para entender todo el arte (magnífico, a veces, como el de Lorca o MIguel Hernández) que, sin tocar una mica a los animales en cuestión, se ha construido alrededor del simbolismo de estos ritos. La taurofilia de los artistas parecerá entonces un atavismo vergonzoso, como cuando leemos que Platón o Edgar Poe no veían nada extraño en que algunos de sus congéneres fueran vendidos y tratados como esclavos. Sin duda la injusticia que supondrá esa renuncia a entender y apreciar la poética de la lucha con la fiera y su sacrificio es menor en comparación con la que sufren, aún hoy, los animales. Pero a mí me da que no será buena cosa. // En otro escenario posible, si esas fiestas evolucionan hacia la eliminación del sufrimiento animal (como nuestros ancestros pasaron del sacrificio de animales a los dioses a las ofrendas vegetales o directamente simbólicas), conservando sin embargo su valor sígnico, será posible leer y entender esa tradición como algo que tuvo, y sigue teniendo, sentido, pero que ha evolucionado, haciéndose más sutil y menos literalista. Imagino que en esta posición me quedo más solo que la una. Pero siento que, ya que lo pienso, me tocaba atreverme a decirlo.

I Me Mine


 Si yo no fuera yo... Me apunto al trato.
Quiero mirar el sol con otros ojos,
ver verdes estos rojos,
saltar por la ventana, ser el gato

que roba la comida de tu plato
y contemplar con lentes infrarrojos
el mundo más allá de los cerrojos
que yo destejo y teje mi recato.

Estoy cansado, sí, de quien suscribe.
Prefiero ser ese señor que escribe
las cosas que de vez en cuando firmo;

ser esa habitación donde no he estado,
tener recuerdo claro (lo confirmo)
de todo lo que nunca me ha pasado.

domingo, 21 de septiembre de 2014

Barroquerías

Barroquerías

¿Qué se cuece, mi amor, en tu cociente?
¿En qué fuentes profundas se fraguaron
o fundieron las letras de tus labios?
¿Quién sabe de qué savia es tu saliva?
¿Qué cuesta recostarse en tu costado?
Retorcida cual árbol, como verja,
resentida tal llaga, cual recuerdo,
me agotas, me interpretas, me resumes,
me recorres, me ignoras, me descartas.
Tortura tortuosa a fuego lento,
señal sin afeitar (Usté está aquí),
me excomulgo, me acecho, me reviento.
Si algo tuyo era yo, no era la entraña.
Si algo bueno hubo en mí, no consta en acta.