
Para Rafa, que nos la descubrió, bien rosadita.
Canta el pobre, su pena canta, / no canta el rico. Así es. Pero siempre hay plenitud, opulencia en el canto: una riqueza soñada, una redistribución de sueños que viene a poner, en otro orden, las cosas en su sitio. No son razones nuevas, pero siempre refrescan. Pocas veces ha cantado el vicio con tanta alegría como en esta canción underground griega de principios del XX, de eso que llaman su blues particular (la rebétika) y que es todo un baile de ascuas y aceros. La letra es tan comprometida que en los últimos tiempos, para poder cantarla en televisiones y sitios así, los músicos del género han cambiado la coca y el hachís del original por el ouzo, un licor cabezón que no es menos dañino, pero todavía no está satanizado. Aquí van dos versiones fieles: la de Roza Eskenazy antañazo (años 30) y otra de antesdeayer, de unos coleguis grecoturcofranceses.
Don't try this at home, folks. (De todas formas, pleasure is never there. Se lo dice un amigo.)
Del ocaso al amanecer
le doy al vicio con placer,
el mundo pasa a mi poder
cuando respiro el polvo blanco.
El mundo todo es de mi propiedad
si pillo merca y me la trago
—y si me ve por ahí la autoridad,
echo tinta y me abro.
Con el colocón,
vaya vacilón,
te vuelves un rey, un dictador, un dios, un déspota.
Pruébalo y verás:
alucinarás
y verás el mundo todo de color de rosa.
La patria a mi nombre está
y risa da su adversidad,
tan sólo un pie le queda ya
para jugárnoslo a los dados.
Si un día llego a dictador,
reduciré el mundo a cenizas:
uno que sepa prender el narguilé
y otro que apague la cachimba.
Con el colocón,
vaya vacilón,
te vuelves un rey, un dictador, un dios, un déspota.
Pruébalo y verás:
alucinarás
y verás el mundo todo de color de rosa.