martes, 13 de noviembre de 2012

Mundo al revés (I)


Me llega esta columna, escrita por una lectora aficionada a las columnas que solían aparecer en La Razón a nombre de ¿Agustín García Calvo? De la nostalgia de las ya escritas ha nacido esta, que les acerco, porsiaca.

MUNDO AL REVÉS 1º? 

Me dicen que la lengua o razón común, aquella que hasta sonaba por escrito y trinaba a ratos (y nos ha llegado, aunque en harapos) en el libro de Heraclito, anda por estos lares tan confundida o impedida o no sé cómo, que es que se nos ha vuelto algo muy raro que pueda florecer en algún sitio, y que así resulta que, formados en el gusto democrático, los oyentes, el público más o menos culto, los prójimos mismos, encuentran demasiado difícil aceptar siquiera que pueda darse un brote entre la gente de crítica severa y razonante, algo que ponga en duda o en solfa los gustos y verdades de ese mundo en que con tanta soltura y comodidad (salvo pequeñas pegas, algún contratiempo) han llegado, como sorteando su horror, a manejarse.

Si sales –me dicen– de las razones y motivos económicos (pues en dinero o futuro las almas del Rey Midas todo lo miden y tasan, lo que alcanzan), no les entra en la mollera a estos percebes (largos años de educación lo garantizan a manos de unos hombres adultos convencidos del valor del dinero y de su historia); y hay con todo que quererlos, seguir con ellos: son nuestra familia humanitaria. Siempre ha sido así y no hay motivo para encontrar horroroso lo que estamos viviendo y mucho menos a nosotros, nuestras cosas, lo que hacemos.

Que los mejores –añaden– están ya concienciados (¿ya se las saben todas?) y buscan que su toma de conciencia sea universal –como el dinero–, así que, aunque toques los palos más variados, en la amplísima gama de campos, materias o artes prácticas, no debes salirte de la norma y mucho menos andar por ahi enseñando o pretendiendo enseñar artes y cosas “que no van a entender”. (No sé en quién están pensando, pero ellos los conocen, y tú también –te dicen–. ¿Sabré yo acaso quién es el que entiende? –te dices) Pides –te dicen– mucho (como peras al olmo). Hay cosas que no, que no se hacen (¿no se llevan?). Hazte a la idea que la mayoría... no ya la mayoría: nadie, nadie te va a entender si dices eso.

Me tiene un poco harta la cantilena. Me suena que (con la ayuda del público lector, con vuestra ayuda, si sois tan amables) no voy a poder menos que lanzarme a desmentirla paso por paso allá donde se ofrezca. A ver si queréis acompañarme en esto, lo mismo los que entiendan de qué hablo y lo padezcan, que los que no lo entiendan con las preguntas o estrañezas que esto les suscite. Estoy tratando de que el mundo en que nos proponen que actuemos tiene unas condiciones (a cada paso se nos recuerda de mil modos) que, para cualquier sentido común ingenuo, son del mundo al revés, donde lo más común (pongamos por ejemplo el razonamiento sobre el lenguaje o la música o la aritmética de cada día) es lo más raro e incomún del mundo. Esto me deja perpleja y –la verdad– no me lo quiero creer del todo: beneficia demasiado al Señor para no ser sospechoso. Por si suenan más voces entre el público, aquí dejo por hoy el recado, y permitid que firme con este pseudónimo o apodo que me he puesto o me ha salido por el atrevimiento de escribiros.

Azorada