jueves, 1 de noviembre de 2012

Una oda de Horacio





Para Montano, un poema de Horacio traducido por el maestro García Calvo.


 Odas IV 13 

Oyó el cielo mi voz, Lice; los cielos han 
escuchado mi voz: vieja te ves y aún 
te las echas de linda, 
juegas, bebes y sin pudor 

con canturria temblona al remolón amor, 
ebria, incitas: el cual en la mejilla en flor 
de la bien tañedora 
Quía monta la guardia ya: 

pues al vuelo y desdén secas carrascas él 
pasa, y tuerce de ti, porque los dientes mal- 
amarillos te afean, 
mil arrugas y canas mil; 

ni te va a devolver púrpura coa ya 
ni el más caro joyel días que el tiempo en un 
bien notorio registro 
volandero cerró una vez. 

¿Dónde fue la Color, ay? El airoso andar 
¿dónde? ¿Qué tienes ya de ésa, de aquella tú 
que alentaba de amores, 
la que a mí me robó de mí, 

tras de Cínara tú alta en favor, tu faz 
luz del arte feliz? Sólo que a Cínara, ay, 
breve vida los hados 
dieron, prestos a hacer durar 

largo a Lice, a la edad de la corneja, a fin 
de que mozos de hoy puedan en bulla ver 
no sin risa la antorcha 
derruyéndose en frío hollín. 

(tr. Agustín García Calvo, )