martes, 7 de septiembre de 2010

Ni caído del cielo


Cuenta Jung en sus memorias que una de sus primeras visiones trascendentales fue ésta: la cúpula de una iglesia. De pronto, del cielo, cae una catarata de mierda que cubre todo el edificio. Lo que se construye en honor de lo sagrado (lo desconocido) es en realidad una blasfemia, una costra que obstaculiza su curso. 'Dios' se da por aludido, pero sólo para desautorizar la maniobra de 'los suyos'. Heráclito, más fino: 'Uno y solo lo inteligente no quiere y quiere que se le diga nombre de Zeus' (Ἓν τὸ σοφὸν μοῦνον λέγεσθαι οὐκ ἐθέλει καὶ ἐθέλει Ζηνὸς ὄνομα, fr. 32 D-K).