lunes, 15 de octubre de 2012

Edipo reconstituido


Leyendo el libro (estupendo) de Charles Segal sobre Edipo, Oedipus Tyrannus. Tragic Heroism and the Limits of Knowledge, topo con las versiones modernas (y modelnas) de la historia, por Gide, Cocteau y otros. Inevitablemente, genero la mía. Que no me parece de las peores.

Parto de una observación sagaz de Segal:
Oedipus stopped his father's journey and replaced him, making his own journey forward to a new home, wife, and kingdom coincide with his father's uncompleted journet back to his old home, wife and kingdom.  (p. 36)
En efecto, Edipo llega a Tebas vestido con las ropas de Layo. Completa el viaje de vuelta de este. Le esperan, frescas, su mujer, su patria y su reino. En esta versión (que hubiera escrito muy bien el gran Cunqueiro) Edipo mata a Layo pero durante el combate queda herido y pierde la conciencia. Con ella, la memoria. Despierta, desnudo, sobre las ropas de Layo (lo único que han respetado cuervos y ladrones). Se las pone y se cree Layo: una impresión que se confirma cuando de hecho todos los que encuentra le saludan como tal, congratulándose por su excelente aspecto. Su juventud recobrada se interpreta como una bendición de Apolo, a quien había acudido para pedir un remedio contra el monstruo que asola Tebas. Edipo-Layo no recuerda qué remedio era ese; pero se lo imagina. Crecido, arroja su espada y se tira contra la Esfinge —de hecho, se tira a la Esfinge, enseñándole cuál es la tercera (o quinta) pata del gato.

El orgasmo transforma a la fiera, cuyo rostro feroz cae a tierra como una máscara (tal vez lo era) revelando el rostro de una cansada pero feliz Yocasta.

Nuestro Edipo sería en realidad una especie de Dorian Gray. Intermitente. Agrían su felicidad con Yocasta recuerdos confusos de una infancia imposible en Corinto. Este amor por Corinto (como si fuera su propia patria) le lleva finalmente a invadir esta ciudad. En el asedio, mata a Pólibo —que, en realidad, muere de miedo al ver a su hijo (a quien daba por muerto) de vuelta de la tumba, poseído (reclamado) por Layo.

La guinda llega cuando Edipo toma a Mérope como segunda esposa, inexplicablemente fascinado por una señora que podría ser (también ella) su madre —aunque ella, coqueta, lo niegue.

Finalmente, Edipo tiene un encuentro fatal cuando pasea por el Citerón con un viejo ciego que le insulta. Irritado por su cháchara, lo mata de un bastonazo, pero Tiresias revive de inmediato, transformado (hay precedente) en una mujer joven de generosos senos. Huyen juntos de Tebas. Y los casa (vestido de Elvis) Apolo en Delfos.