sábado, 1 de septiembre de 2012

Santo y seña

Para Sergio Herrero

No tengo nada que decir. Me sobran
incluso estas maneras de decirlo, 
estas pruebas de imprenta que ahora obran 
en tu poder lector. Sin percibirlo,

el signo, esa serpiente desdentada,
devora sin piedad su propio rastro:
una bola de sangre abandonada
que alcanza en soledad trazas de astro.

Si doble es mi natura, no mi lengua,
es una mi desdicha: ser la clave
que ha crecido sin puertas ni cerrojos,

el vértigo infecundo que sin mengua
ignora su derecho, pero sabe
quebrarse en los cristales de tus ojos.