viernes, 4 de agosto de 2006

Tradición popular punto cero


...y será cosa bien sabida, pero yo no he caído en ella (y por indicación de otros) hasta hace bien poco. Me gustaba pensar (y es verdad —pero muy parcialmente) que la tradición popular fluía, siempre distinta y la misma, desde los primeros vislumbres conservados hasta ahora mismo, con casos como ese ripio (Amor loco: yo por vos y vos por otro) que uno encontró primero en las carpetas de los alumnos y sólo después en Margit Frenk. Sin embargo, reciente la experiencia de haber recopilado las coplas populares de Navalmoral (que con un poco de suerte verán la luz en septiembre) y también la lectura de los villancicos medievales editados por Frenk, Beltrán y otros, la diferencia es innegable: desde el Barroco, parece, todo ha quedado inundado en sal, todo (o casi todo) es culto a la agudeza, el conceptismo y el desaire: Cuando quise no quisiste / y ahora que quieres no quiero: / pasa las penas de amores, / que yo las pasé primero. Hasta la métrica cambia, con esa dictadura de la copla y la seguidilla, a una u otra de las cuales (ventajas de la producción en serie) se ajusta casi cualquiera de las músicas de ronda que corren. El enigma y la delicadeza de los villancicos, la armonía perfecta de las cantigas de amigo, sólo por excepción se asoman a la musa popular moderna. Se me dirá que la comparación es injusta, que de todas formas la sal también tiene su gracia, y que no faltan atisbos de misterio y delicadeza en esta tradición reciente. Todito lo concedo —pero qué poco consuela.

(Desotra tradición que se fue, un par de ejemplos, por si dieran una idea de lo que quiero decir.

Ya florecen los árboles, Juan,
mala seré de guardar.

Ya florecen los almendros
y los amores con ellos,
Juan;
mala seré de guardar.

Ya florecen los árboles, Juan,
mala seré de guardar.

*

A mi puerta nace una fonte,
¿por dó saliré que no me moje?

A mi puerta la garrida
nace una fonte frida
donde lavo mi camisa
y la de aquél que yo más quería.
¿Por dó saliré que no me moje?
)