lunes, 14 de abril de 2008

No se pierde la fe


No se pierde la fe. Se va a otra parte
(no muy lejos) y allí teje de nuevo
su red fantasmagórica en que acaso
caigamos para alzarnos por resorte
o quedarnos ya quietos, donde pueda
clavarnos su aguijón definitivo.

Ingrávido negocio el de estar vivo,
dar vuelta a la manzana y a la rueda,
pendientes como agujas de algún norte
que es doble imprescindible del fracaso;
nacer por fin (soy cisne) de este huevo
para caer (hola, sartén) con arte.



4 comentarios:

Juan Poz dijo...

Alejandro, el servidor me dice que la dirección de correo que me has dado no existe. Revísala, o indicame otra al mío: jpoz@ono.com
Gracias.
Lo del huevo tiene su yema, desde luego...

Aker dijo...

nacer por fin (soy cisne) de este huevo
para caer (hola, sartén) con arte.

De las plumas al fuego; y, del fuego, al aire.
No se pierde la fe. La fe nos pierde.
Saludos.

Aker

Verónica dijo...

¡Diez veces mi santa madre!

Departamento dijo...

Saludos a la noble concurrencia (la Santa Madre inclusa). Como no habéis hablado la forma, me gustaría comentarla. Leí hace tiempo que Dylan Thomas había diseñado esta travesura: un poema que entra dentro de los cánones del verso blanco hasta la mitad de su andadura, para después desandar rima por rima (consonante, además). Es un tipo de composición en anillo (o del enanillo, como entendía una adorable alumna) terriblemente literaria, pues está claro que el oído no guarda memoria de consonantes tan lejanas. Sin embargo, sobre el papel o la pantalla la costura está ahí, y hace lo suyo: llamar la atención sobre la forma (como toda redundancia), crear una expectativa de estructura y establecer una cuenta atrás (que se presta al ajuste de cuentas).

Admirable el endecasílabo de Aker: de hecho, me inclino a pensar que en ese verso está la versión definitiva del poema, debidamente podado. Gracias.