jueves, 3 de diciembre de 2020

Al muy prepotente

Archivo:Las ccc de Juan de Mena.jpg - Wikipedia, la enciclopedia libre

 

Soy mi propia oposición. Hoy estaba explicando en clase que, mientras que cuando leemos la poesía popular medieval (pongamos: 'Amor loco: / yo por vos, / y vos por otro') nos sentimos aludidos, la sentimos vigente porque los conflictos que plantea siguen siendo los nuestros, cuando leemos el Laberinto de Fortuna de Juan de Mena nos sentimos en territorio casi alienígena: su servil adulación al monarca, su engolado despliegue de erudición, su verso de arte mayor, todo suena artificioso e infinitamente lejano de nuestro corazón. 

Si alguna vez vais en Metro o autobús, les he dicho, es posible que encontréis gente leyendo a Machado, a Lorca; quizá a Elvira Sastre o Marwan; a lo peor, a Risto Mejide. Pero si vuestra vida dependiera, por un capricho de la divinidad, de la siguiente maldición: que el día que encontréis a alguien leyendo por gusto a Juan de Mena o a Meléndez Valdés, y solo ese día, moriréis, podríais vivir seguros de alcanzar los mil años. 

Y entonces una fuerza incontenible me ha llevado a añadir: Salvo que vosotros decidáis ser ese lector imposible, recrearos en lo irrecreable, hacer suceder lo que la ley de la probabilidad niega como prácticamente imposible. Y aún más: O sea, a hacer ese tipo de cosas por las cuales tendría sentido que uno estuviera vivo, pues nadie más las haría, y eso os volvería irrepetibles, distintos a una multitud uniformada en sus gustos y en sus actos en la que la muerte o no de una persona nada cambia, pues nada especial se perdería con ella... 

Me miraban divertidos. No leerán a Juan de Mena (yo tampoco), pero igual esto de cubrir los márgenes de la probabilidad, explorar lo gratuito y lo inusitado, sigue teniendo algún público, any takers. Cometido queda.

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