miércoles, 17 de octubre de 2007

Canción de octubre


(metamorfo)



Te cantaré
esta canción de octubre
(pues antes no hubo otra).
La música y la letra no son mías,
pues nació de mis gozos y mis penas.

Junto al mar,
los zarzales de moras
en la quietud de la tarde.
Los pájaros huyen
más allá del sol
y con ellos habré de marcharme.

Las hojas caídas, alhajas del suelo,
dominan el arte de la muerte
y dejan que repose su corazón dorado,
entre las sombras escarlata, alegre.

Cuando el hambre dirige mis pasos a casa,
ya llega la mañana.
Cruzo, nadando, los mares de mi mente
y los pinos se ríen con su risa más verde.

Buscaba, en otro tiempo, ser feliz.
Buscaba el placer,
pero he hallado una puerta
detrás de mi mente,
y no hay mayor tesoro;

pues a los que gobiernan les gusta soltar leyes
y a los que se rebelan les gusta quebrantarlas
y a los clérigos, pobres, les va andar en cadenas
y Dios halla placer en perdonarlos.

Encontré un hombre. Su nombre era Tiempo
y dijo: «Debo irme».
Pero cuánto hace de eso
no puedo saberlo.

A veces quiero asesinar al Tiempo,
a veces, cuando el corazón me duele;
pero generalmente salgo a dar una vuelta
y camino siguiendo sus pasos.

(Robin Williamson)