miércoles, 8 de octubre de 2008

Es tarde (el sol se va)


(Ciento Volando o Assahar, primeros 90.
De izquierda a derecha, Daniel, Caifás, Rafa y el que suscribe.)

Si pudiera localizarlo, pediría con gusto permiso al autor de estas canciones, Rafa o Rafalín (por diferenciarlo de Rafa Herrera), para publicarlas aquí, siendo sólo maquetas un tanto rudas; pero la vida nos ha mandado a parajes muy lejanos entre sí, sin contacto fácil. Invocando a san Google, introduzco el título de la última canción suya que recuerdo («Lexatinical D.G.») y bingo: de una tacada, resuelvo las iniciales (Donut Girl), averiguo el apellido que nunca supe (Rafael Nievas) y descubro que aquel camarada, con el que coincidí en alguna de las formaciones de Ciento Volando (o Assahar; ya no me acuerdo qué nombre usábamos entonces, cuando aún tocábamos con bajo y batería), tiene ahora un grupo indie profesional de lo más sabroso, Mardi Grass, madrileños de los que cantan en inglés, como el toledano Alfonso X solía hacerlo en gallego.

En los primeros 90, Rafa ya componía temas en inglés, con ritmos y melodías bien enraizados en los Kinks, los Who y Nirvana; pero no le hacía ascos al español. No he conseguido olvidar una canción de la que no conozco grabación alguna: «El Inglés», inverosímil como la vida misma, cuenta la historia de un coleguilla de barrio, graduado en Underground, al que le tocaron juntos, en una fiesta, todos los tripis que escondía su tarta de cumpleaños. Desde aquella ingesta brutal, dio en recorrer con su perra Luna el Parque Sur, embutido en sus vaqueros agujereados, y en versionar a los Stones desde el sótano de una carnicería. «En sus ojos claros / puedo ver que la vida le entusiasma. / Merece la pena / ver su rostro de satisfacción» (y aquí yo me empeñaba en citar el riff pertinente).

Rafa puso el punto final a La luna es un cofre que canta con dos canciones suyas en español, que bien podrían considerarse un single: «Sueños» y «Es tarde (el sol se va)». Aunque lo suyo siempre ha sido más el bajo, aquí se apañó con la guitarra acústica, doblándola en dos pistas, y ocupando las otras dos con la voz principal y los coros. Para no liar la cosa, lo llamaremos Ciento Volando, pero entiéndase que es él mismo en su mismidad solista, compositor, arreglista e intérprete. Teniendo en cuenta que (a decir verdad) Rafa y yo sólo nos entendíamos a ratos, me alegra que el empeño nos reuniera en torno a la mesa de mezclas, fijando aquel instante, estas canciones —y que ahora, mal que bien, se abra la oportunidad de volver a cambiar cromos.






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