Anales de septiembre
En Camelot ya nada es como antes.
Murieron los dragones de mi infancia.
Todo se ha puesto verde. La distancia
venció sin armas a los contrincantes.
Un trovador de rasgos disonantes
revuelve las entrañas del laúd.
Esto nos queda: ejemplos. La quietud
jibarizó a los últimos gigantes.
El tiempo es un cadáver a la entrada.
Yo sigo haciendo puzzles, tú sumando
apóstoles nocturnos a tu bando.
En vano madrugó la luz del día.
Nacida para arder, muere la espada
en una vaharada de agua fría.
En Camelot ya nada es como antes.
Murieron los dragones de mi infancia.
Todo se ha puesto verde. La distancia
venció sin armas a los contrincantes.
Un trovador de rasgos disonantes
revuelve las entrañas del laúd.
Esto nos queda: ejemplos. La quietud
jibarizó a los últimos gigantes.
El tiempo es un cadáver a la entrada.
Yo sigo haciendo puzzles, tú sumando
apóstoles nocturnos a tu bando.
En vano madrugó la luz del día.
Nacida para arder, muere la espada
en una vaharada de agua fría.
2 comentarios:
Al, he disfrutado con la lectura de este soneto como tantas veces con otros ya lejanos. Se ve donde hay buen pulso.
Gracias, Antonio. Este es un soneto de la era poesia.com No he salvado mucho de aquella producción torrencial, pero éste me sigue gustando.
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