sábado, 21 de abril de 2007

El tobogán


O sea, helter skelter, en inglés británico. No un tobogán cualquiera, sino uno en espiral que va rodeando una pequeña torre, a la que hay que escalar cada vez que uno quiere volver a tirarse.

El origen de la canción homónima de los Beatles es azaroso. Parece que Paul McCartney leyó una entrevista a Pete Townshed, de los Who, en la que éste presentaba su último single, I Can See For Miles, como la canción más ruidosa, cruda y sucia que hubieran grabado nunca. Sin conocer la de los Who, McCartney inventó una propia que se ajustara a la descripción —con tanto éxito que cuando escuchó la de Daltrey y compañía (excelente por otros méritos) le pareció muy poquita cosa.

El elemento siniestro, amenazador, de la canción se intensificó de forma impredecible cuando la canción llegó a Estados Unidos y Charles Manson, que al parecer no conocía el significado inglés de la expresión, interpretó la letra como una profecía de una inminente guerra racial en la que casi todos los blancuchos (pésimos bailarines) serían exterminados.

Aunque el hijo le salió farruco, McCartney sigue orgulloso de él. En los últimos tiempos, la ha interpretado a menudo en directo. (Y, perdónenme el tópico, quien tuvo retuvo. Ojo con él.)