viernes, 19 de diciembre de 2008

Nahua


Un apunte etnográfico. Luego les cuento algo curioso sobre él, si procede.

El mundo de los chaneques es el estómago de la diosa Nahua, la serpiente emplumada que traga y digiere las almas de los muertos. En los meses siguientes al entierro, Nahua acude cada noche a las sepulturas a comer la carne de los muertos, y deja sólo los huesos; los cien hijos de Nahua, que tienen dientes pequeños y muy finos, se ocupan en rematar el banquete de su madre, rebañando sin prisa los huesos. Hasta que éstos no hayan sido totalmente destruidos, Nahua no termina de digerir al muerto, y su alma no puede volver a reencarnar, siempre en la misma comunidad donde ya vivió, y generalmente en la misma familia.

Hasta hace poco, los muertos eran enterrados, desnudos, en la boca de Nahua (una simple fosa abierta en la tierra). Pero ahora, con los ataúdes y la costumbre de vestir a los muertos, la diosa Nahua se ha roto las muelas y digiere con mucha más lentitud. Por eso las almas tardan tanto en reencarnar, y no nacen niños en Chinantla. Además, cuando Nahua tiene que masticar crucifijos, mortajas u otros objetos bendecidos por un sacerdote, sufre accesos de cólera y escupe baba que huele a mazamurra: por eso las tierras se han vuelto menos fructíferas y hay veces que la fruta sabe mala.


7 comentarios:

fmop dijo...

Y es que no hay nada tan dañino como alterar la naturaleza para que todo vaya mal.

Joselu dijo...

Una vez, hace mucho tiempo, el grupo teatral del que formaba parte yo, organizó una representación teatral en que figurábamos que éramos una secta adoradora de los ritos de la muerte. Yo iba vestido de negro junto a mis compañero y los dos calvos. La comparsa tocaba tambores lúgubremente. Llevábamos un ataúd de construcción casera. Los dos oficiantes hicimos el baile de las patas de pollo y nos comimos un tomate en medio de un silencio total y los cientos de personas que nos observaban. A continuación miramos al público e hicimos un gesto leve de que el ataúd necesitaba alguien dentro. Nos dirijimos al respetable y entonces salieron todos zumbando, menos una docena. Uno de ellos nos manifestó que quería ir dentro... La muerte es un poderoso reclamo y la mitología azteca hace hincapié en esos ritos que no dejan de ser atractivos para los seres humanos que nos sabemos frágiles y evanescentes. Feliz Navidad.

emilia dijo...

Maginífico blog, sin duda uno de los más interesantes que he visitado. Te descubrí a través de la blogosfera de 20 Minutos y he estado varias horas leyéndote, sin exagerar. Yo también tengo una selección poética que tal vez te agrade. Volveré.

EMILIA

Antonio Álvarez del Cuvillo dijo...

¡Gracias muchas! Ya sabes que me encantan los mitos de serpientes.

Al59 dijo...

Como son ustedes tan corteses, no sé si este mito de andar por casa, de arte y confección, habrá pasado de verdad por testimonio etnográfico. En todo caso, inventar mitos es siempre reescribirlos —y estas 'historias para contar en voz baja' son, sin duda, uno de los géneros ¿literarios? más curiosos.

montevideana dijo...

" ...Además, cuando Nahua tiene que masticar crucifijos mortajas u otros objetos bendecidos por un sacerdote, sufre accesos de cólera y escupe baba que huele a mazamurra: por eso las tierras se han vuelto menos fructíferas y hay veces que la fruta sabe mala."

Por ésto y lo demás, Alejandro, no se trata de andar hablando en contra de "ese" poder, de "ese" orden si no de no actuar (en esencia) del mismo modo, con métodos similare, abusando, por ejemplo, de la superioridad en el manejo de los recursos, de la inocencia o la ignorancia ajenas, etcétera, y evitar a toda costa caer en "esas" mismas manipulaciones, en suma: "Let it be" mi querido, hasta luego y felicidades para todos.

"Hablar es fácil"
Proverbio jasídico del período luminar

Al59 dijo...

La tensión entre la religión tradicional de los pueblos amerindios y la cristiana impuesta por los europeos aparece, de distintas formas, en varias historias tradicionales. En cuanto a lo de 'hacer de pueblo', que diría el maestro, siempre es arriesgado —pero merece la pena intentarlo, aunque sólo sea para adiestrarse en la distinción entre lo culto y lo popular.