lunes, 15 de junio de 2009

Versión celeste


(Así llamó Juan Larrea a su poemario.)

Ésta va por don Joaquín Andújar, que me sugirió (allá en los mundos de Facebook) que no estaría mal espolvorear Días de ocio en el País del Yann con el polvo feérico de una celesta. No he visto cómo; pero en lo que no veía, me he entregado a la sonoridad del instrumento, y éste es el resultado, con ecos inesperados de Nyman (que nunca me ha gustado, pero) y, más habituales, de Wyatt y compañía. Como otras veces, juego con dos acordes (fa menor y do sostenido menor, esta vez) que generan dos tonalidades distintas, dos escalas modales gemelas (en modo dórico) con pocas notas comunes: una de ellas, el bajo continuo que sostiene la pieza (y que, sin cambiar de altura, funciona como dos notas distintas: primero, la bemol; después, sol sostenido). En mi cabeza, al menos, el paso de una tonalidad a otra sugiere una grieta que comunica dos niveles de realidad: un motivo característico de los cuentos de hadas y la literatura fantástica.

*

Edito (sábado, 2:10): cambio el final de la pieza, que no me convencía, por una coda bárbara, aunque dulce (o viceversa).



5 comentarios:

JESUS dijo...

Ah, pues te ha quedado... mágica!.
Yo, que no sé nada de teoría musical, siempre me he preguntado qué es lo que hace que ciertas escalas tengan esa cualidad... ¿onírica?
¿Será que uno está tan habituado a las armonías tonales que siente
como si perdiera pie en esos peldaños quizás menos previsibles...? Es como si hubiera algo "mareante" en esos sonidos...

Al59 dijo...

Es como lo dices, Jesús: un dulce desasosiego. No es que este tipo de música no tenga lógica -pero no tiene la habitual, y eso la aproxima a otros tipos de discurso, como el sueño o el cuento fantástico, que tampoco están armados con la lógica cotidiana.

Alfredo J. Ramos dijo...

Esos de los dos niveles de realidad que dices al final, AL, están ilustrados de manera maestra en esa joya fílmica que es «El laberinto del fauno», que acabo de revisitar con grandísimo placer. Por otro lado, la "delgadez" del sonido de la celesta me ha traído sugerencias lejanas (aunque sea otra onda y otra velocidad) de músicas espaciales, al estilo de la pieza de Tangerine Dream que hoy he puesto en el gramófono de la Posada. Me parece que es un grupo del que nunca te has ocupado entre tus psicodelias, aunque quizás me lo he perdido. Un abrazo.

Al59 dijo...

Un abrazo, Alfredo. No he visto la película, pero no me la perderé. TD me encantan (sobre todo la época de ese disco, Stratosfear), y seguro que me han influido. A ver si hallo ocasión de hacerles el homenaje que merecen.

Al59 dijo...

Vengo de escuchar tu enlace, Jesús. Tremendo vídeo, muy turbador. La música elegida recurre, en efecto, a cambios inesperados de tonalidad, parecidos a los que intento en esta última tanda.