viernes, 2 de octubre de 2009

El Diablo y yo


Demon est Deus inversus

En un mundo donde las cosas sólo pueden hacerse como Dios manda o con los pies, no puede decirse que el descontento tenga muchos caminos. No hay que andar mucho, sin embargo, para que la opción entre Dios y su Zarpa Derecha resulte tan apasionante como optar entre el PP o el PSOE. Se precisa otra vida, que diría Battiato. Tertium datur. Con permiso de Baudelaire y otros diabolizantes, aquí va este casi romance disuasorio sobre el Maligno y sus fundamentos.

Me and the devil was walkin' side by side...

(Robert Johnson)

El diablo y yo, que fuimos compañeros
tan íntimos en tiempos no lejanos,
nos hemos distanciado últimamente
y sólo cortésmente nos tratamos.
A él le interesa el alma de los píos:
resopla cuando huele los rebaños,
dispuesto a hacer sus trucos. Yo me alejo
tan pronto oigo en el aire sus esquilas
y procuro ponerme a buen recaudo.
—¿A qué tanto furor? —le dije un día
en que nuestros caminos se cruzaron—.
Es un engaño el Dios que a éstos les guía.
No hay servidumbre de que liberarlos.
No lograrán volar por más esfuerzo
que pongas en soltarles los zapatos.
—Ah, compañero, tú no entiendes nada.
Yo los aparto de Él porque los amo...
Sin mí, nada serían de provecho.
Los quiero de verdad, y (¿a qué negarlo?)
la guerra es larga y necesito tropas
con que ganar, tal vez, nuevos asaltos.
—Ya veo, Satanás, cuál es tu porte.
Los quieres reclutar para tu bando.
Eres gregario al fin como el que más:
gregario y amoroso. Tan cristiano...
De entre mis manos rotas su pezuña
flamígera apartóse con espanto.
Tal vez fuera ilusión: mas parecióme
que se quedó en un tris de persignarse.
—Que nadie sepa esto —dijo al cabo.