jueves, 27 de febrero de 2014

Qué profunda distancia


Uno de los empeños en que ando estos días (y que hace que no escriba mucho por aquí) es rescatar viejas grabaciones cientovolanderas que yacen en cassettes de los años 90 e incluso 80. Una de las más queridas, para mí, es esta de 1992, para la que Alfonso García Pecharromán compuso un arreglo inolvidable de flauta —que aquí interpreta, como puede, el teclado. Es uno de los primeros intentos que hice de componer canciones en un estilo modal (en la menor eólico, esta vez), aunque justo antes del estribillo se cuela un acorde de paso beatlémano (un fa menor).


La letra (que al pasarla ahora se me hace muy danielera) dice:

Y hoy de nuevo, mi pequeña, como un viento marrón
voy cayendo lentamente hasta ti,
voy quedándome dormido en este viejo cajón,
voy hablando a solas, quiero dormir
viejos sueños nada más, viento sur de primavera,
viejos sueños nada más, voy rodando entre la niebla.
Voy no sé muy bien adónde, pero voy lejos de ti.

Qué profunda distancia
cabe aún entre los dos,
cien mil metros de altura
y nada nuevo en derredor.
Qué distinta es la vida
sin color, sin dolor;
voy sangrando y el viento
va bebiéndome la voz.