lunes, 8 de marzo de 2010

Filogénesis


La Vida no repite.
Por una vez se abren

los ramajes
de su árbol de especies,

por una vez arriesga
su tesoro
al triunfo o la derrota,

inconsolable,

en perfecta

ignorancia.
...Las hormigas
hambrientas,

afanosas,

por húmedos y ciegos

laberintos,

las abejas,

geométricas,

doradas,

en estrictas

repúblicas,

las avispas

discordes

con el anillo amargo

de la envidia,

las langostas
metálicas,

de armadura

impecable,

en sonoros

ejércitos

al sol,

el lento escarabajo
inmemorial
a fuerza
de cada instante,
las voraces libélulas,
vertiginosas,
en ilusorios
círculos
de agua,
las descuidadas
mariposas
de polvorientas alas
en alegre
desorden,
la araña
inteligente,
en su telar
siniestro
de inconfesable
oficio,
el escorpión,
magnífico,
saliendo
de la piedra
aún dormido
y terrible,
el ciempiés
singular,
de simétrica
vida,
de fascinante
paso
pavoroso,
las torpes multitudes

de las moscas
efímeras,
la orquesta atolondrada

y pegajosa
de los mosquitos

vanos,
los odiables parásitos,

recónditos,
los que chupan
la sangre

en el amparo

cálido
del animal

y vosotros, los últimos
testigos, los gusanos
del fango
y los cadáveres,
ignorantes,
por fuerza,
del sentido

de lo que estáis haciendo.


(Julio-1984)

Antonio Hernández Marín,
Cuaderno B (años 80)


3 comentarios:

Gepunto dijo...

¡Coyle! Buenísimo el poema.

Gharghi dijo...

O una descripción minuciosa de la fauna menor de los jardines de Las Aguilas.

Anónimo dijo...

Me ha encantado el poema.
Mercedes Montero