miércoles, 7 de marzo de 2012

El testamento de las hadas

(Ilustración de May Gañán para la revista Boronía)

Un día apropiado este para retomar la escritura del blog. Los cumpleaños, a cierta edad, tienen más de memento mori que de jolgorio; aunque me dicen buenos amigos que quién pillara estos años —y tienen razón, sin duda. No han faltado buenos regalos: una puerta que se abre y una bicicleta estupenda, que por lo alta y compleja (hasta marchas tiene) se parece bien poco a la última que monté, allá por los doce o los trece —pero una vez arriba, pedaleando por la galería que rodea el Parque de las Minas, se deja querer y me devuelve sensaciones muy queridas y, a pesar del pesar, nada remotas: lo hondo nunca nos deja.

Repaso lo que he escrito en este día en varios sitios y creo que el conjunto resume bien mis sensaciones. En Twitter meditaba que, puestos a pedir regalos, el cuerpo me pedía uno muy simple: descanso —no necesariamente eterno. Es semana negra, de las que preceden inmediatamente a una evaluación, y tengo compromisos pendientes con la editorial con la que colaboro; pero en fin, si no es hoy, tampoco serán ya muchos más días de insoportable ajetreo.

En Facebook es imposible no asombrarse de la de amigos nuevos y eternos que sacan un rato para enviar un abrazo o un beso. Gracias a todos, y en especial a mi comentarista favorita, que me escribe que Por esta Villa se te quiere y admira. ¿Qué responder a eso? La verdad: que yo sí que me admiro —de tener tan buenos amigos desde tan antiguo y no haberlos perdido, a pesar de mi forma un tanto desmañada de ser.

Buscando otra cosa, en fin, doy con este regalo que me hizo hace tiempo Antonio Hernández Marín, Grifo, Aker. Es un comentario de un poema; que seguramente vale más que el poema en sí. Como le conozco, sé que de las varias interpretaciones que tiene el que haya aparecido este comentario justo hoy, justo ahora, él elegiría la misma que yo. Gracias, tite Antonio. Gracias también a May, que puso imagen a este poema para un número especial de la revista Boronía: rescatado va, al comienzo de la entrada. Gracias también al buen amigo que ha abierto la puerta a la que he aludido antes, y de la que volveré a hablaros, si ha lugar. Gracias a todos. Y que dentro de un año sigamos en pie.



*

En el estanque un barco de papel
contiene el testamento de las hadas.
Lo ven aparecer todos los niños
cuando es la hora de volver a casa.


Interesante poemita que contiene todas las claves de su autor, que resulta clarísimo (en poesía, todo es clarísimo y oscurísmo); pero del que uno, como siempre, sólo puede comentar la impresión que le haya producido. Vaya:

a) La presencia de la rima (asomante en este caso) da al poema un tono de sencillez, de canción. El poema se presenta, además de por sus reducidas dimensiones, como algo muy sencillo. ¿Lo es?

b) Se dan varios elementos relacionados. La estructura no es lisa sino compleja. Los niños ven el testamento de las hadas cuando tienen que volver a casa. No pueden detenerse en él sino dejarlo ahí (oposición estanque-casa como de infancia-vida adulta). Inevitablemente, por tanto, los niños están condenados a hacerse hombres mayores y a abandonar el mundo aquel (el 'estanque' tiene connotaciones uterinas, de vida prenatal; o de infancia como continuación de la vida aquella; todo en el sentido de que solía hablar, por lo poco que sé de él —gracias, Al—, Ferenczi con su enfatización de la 'vida' prenatal —una vida completa y compleja— como origen de nuestra vida psíquica posterior).

c) Además, los niños no se encuentran directamente en el mundo de las hadas (el mundo prenatal, reconocible, siquiera, por su anterioridad al niño). Solo le queda de ellas su 'testamento' y legado. La infancia constituiría así una existencia en línea con la vida compleja prenatal, el mundo maravilloso de todas las hadas.

d) Ante esto, se me ocurre decir, como conclusión, que la poesía de Al (en este y otros muchos poemas) no trata sobre el recuerdo de la infancia, aunque la infancia tenga que ser evocada una y otra vez. Trata, ante todo, de la pérdida de la misma: de la expulsión del Paraíso, del final de la edad de oro mítica, etc... Nada extraño en un autor en el que las referencias mitográficas forman parte esencial de su formación y discurso. La posibilidad más lógica es la de conformar también así su discurso poético. Su tono me parece, aquí, afín al citado antes de Ferenczi. Pero, eso sí: Al tiene toda esa cultura que faltaba al gran psicoanalista. Bienvenida sea.

¿Que por qué puedo analizar así un poema tan corto y extenderme tanto? (preguntarán escépticos).

Por nada de especial. Sino porque me encuentro, se podrá comprender, en una posición privilegiada respecto a este poeta: lo conozco desde su nacimiento poético, desde antes de que la hora de la cena lo hubiese alejado del estanque. Nada más.
Saludos, amigos.

Grifo

13/05/06 11:45

6 comentarios:

Rafa dijo...

Hilos de plata que los años trenzan...
felicidades!

Alfredo J. Ramos dijo...

Sí que es un buen regalo, Al. Me uno al coro del cumpleañosfeliz, con un abrazo

Gharghi dijo...

En breve aniversario de su óbito. Con suerte estaré inspirado para la ocasión.

Al59 dijo...

Un abrazo, amigos. Por lo que dices comprendo, Gharghi, que la presencia creciente de Antonio estos días no es casual. Desde donde esté, sigue siendo generoso con nosotros.

javi dijo...

Aunque tarde, feliz cumpleaños. Buena salud y buen ánimo, que es la salud del alma.

mica - mortal kombat dijo...

me encanto...es muy bonito mas todavia por me senti trasladada en el texto..saludos.