lunes, 19 de septiembre de 2011

Valorio II


Extraño prodigio éste de componer tanto, si no tan bien, cuando otras veces uno fatiga en vano las escalas y los acordes. Ellas son así.

Esta pieza es de las que, como diría el maestro Aníbal, no tienen chimpún (cadencia de dominante): va cruzando las tonalidades sin otra lógica que la propia, de modo que en un segundo estamos en la menor y en el siguiente en si bemol o fa menor. Todo sin llegar a perderse, pues tampoco es tan grande la pieza, ni el bosque (ya parque) zamorano que evoca.


domingo, 18 de septiembre de 2011

Canciones de Agustín García Calvo


Este verano estuvimos hablando de acercarnos alguna tarde al Ateneo a cantarle al maestro y a cualquiera que quisiera escucharlas las canciones que hemos ido musicando en estos años de su Valorio 42 veces y otros libros suyos. Llega septiembre y con él la desbandada, pero al menos quiero que esas canciones queden colgadas en la Red, a un click. Es un archivo grande (114.71 MB), pero MediaFire suele ir bastante rápido. No están todas las que hay, y algunas están mejor grabadas e interpretadas que otras, pero no deja de ser una gozada volver a oír Tú, cuya mano en voz de Rafa, Mi amiga en la de Luli o el Conjuro en la de Alfonso.

Rescato como muestra la primera. Así sonaba en un bar de Sevilla, a mediados de los 90, con Rafa (¡un gran abrazo, primo!) a la voz y la guitarra y Lorenzo al cello.


sábado, 17 de septiembre de 2011

Valorio


Canta Eliseo Parra en un disco suyo aquella copla:

Ahora voy a cantar yo
una tonadita nueva,
que cuando nació mi madre
ya la cantaba su abuela.

Pues así esta pieza, nueva de esta tarde, pero viejísima por el estilo; como de mil seiscientos algo. Canta la flauta y acompaña el clave, dándole vueltas a un fragmento de una de las canciones de Valorio 42 veces. [Añado una variación modal, que ha generado por error el programa, y que me gusta bastante más que la pieza de partida. Aquí una tercera, para sitar.]




viernes, 16 de septiembre de 2011

Cancioncilla (Antonio Hernández Marín)

El gato Dwalin a la mi ventana, ca. 1984

(Sólo para Dwalin.)

Senderos
de gatos,
senderos
de perros,
caminos
de hierba
cerrados,
espesos.
El niño
los anda
a veces.
El sueño
los hace
infinitos.
Senderos
que siguen
el hilo
de los
pensamientos,
extravíos
sin horas
dentro de
lo incierto.

¡Senderos
llenos de
silencio!
Sin almas
ni cuerpos.

Senderos
de gatos,
senderos
de perros.
...Senderos
que cruzan
los muertos.

(Antonio Hernández Marín, Cuaderno B, años 80).

martes, 13 de septiembre de 2011

Dos décimas danieleras


Un amor que no se usa,
el jamás de los jamases,
una sombra en los compases,
el silencio de una fusa.
Algo que sirva de excusa
para no hacer más las camas,
sin buscar ninguna musa.
Una canción muy difusa
donde ya no hay pentagramas.

*

Han germinado alfileres
al fondo de mi garganta.
Ni yo riego ya esta planta
ni tú llegas donde quieres.
Al final vas y te mueres
como siempre nos decías,
sin dolor, sin romerías,
sin pretender nada hermoso,
como un volcán tenebroso
que tiene las manos frías.

(Dani)

lunes, 12 de septiembre de 2011

Vals tornasol


Mañana (hoy) comienza el curso, o casi. Diluyo la leve angustia en este vals o gymnopedie frío —pero solar, si eso es posible. Van dos versiones: para piano eléctrico la primera y para cello la segunda. [Edito para añadir una tercera, que en realidad es una adaptación, para poder tocar la pieza con una guitarra española.]

jueves, 8 de septiembre de 2011

Instrumental (quirúrgico)


Flor de septiembre.
Embarca la tortuga;
salta la liebre.

*



(La segunda versión va dedicada al caballero Gharlhahath.)

martes, 6 de septiembre de 2011

Raquel en Sol


Como Ciento Volando es en más de dos tercios empresa ajena, no me supone gran conflicto ser a la vez parte del grupo y fan fatal del mismo. Estas dos canciones en especial son de lo que más me gusta en este mundo. Las dos son composiciones de Daniel y se grabaron en directo hacia 1993 en un bar llamado La Cárcel, que hubo antaño en la plaza de Setúbal, de Madrid. Subí en su día otra versión de la primera, pero creo que ésta suena más clara. En la segunda, Raquel, toca la flauta de madera Alfonso, improvisando como sólo él sabía hacerlo. Desde su interpretación, la canción se quedó congelada: sería imposible llevarla de nuevo hasta ese punto de intensidad, y desde entonces nunca hemos vuelto a tentarla.





sábado, 3 de septiembre de 2011

Ciento Volando: Que 20 años no es nada


El fin del verano es buen momento para hacer balance. También de los 20 años que lleva en activo (aunque no siempre visible) nuestro grupo, Ciento Volando. Con tres compositores más o menos fijos y algunos amigos de lujo que también han colaborado de forma decisiva en el repertorio (Alfonso, los dos Rafaeles, Ricardo, David), se puede llegar a entender que entre las canciones grabadas de una u otra forma y las que no han pasado por el micro suban fácilmente de las doscientas.

Una muestra de tanta producción es, por tanto, forzosamente antológica, pero he querido que sea bastante amplia. Como regalo de aniversario traigo, pues, para quien quiera descargársela, una hexalogía:


Si se aventuran por tamaña selva, no dejen de contarme qué se encuentran. ¡Un abrazo!

Summa alfonsí


En el Parque Sur de Madrid, c. 1985.
De izquierda a derecha: Carlos, Ricardo, Alejandro y Alfonso.


A menudo (y aún menos de lo que debiera) he hablado aquí de Alfonso García Pecharromán, un amigo muy querido, gran músico y poeta, que nos dejó a comienzos del milenio. Su familia y amigos hemos decidido hacer todo lo que podamos para preservar y compartir la música y los escritos que nos dejó. Como muestra de ese esfuerzo, subo a la Red una primera versión de la Summa alfonsí, todavía muy incompleta, pero aun así bastante considerable (casi 100 megas). A medida que vaya digitalizando las viejas cassettes, se irá incrementando el tesoro.

La Summa tiene varias partes: recoge en primer lugar los textos que he conseguido reunir de Alfonso (prosa y, sobre todo, verso) y un catálogo comentado que hice hace tiempo de las grabaciones de Alfonso (la mayoría de las cuales están por digitalizar); luego aparecen, en sus correspondientes directorios, las composiciones que grabó el propio Alfonso (propias y ajenas), las canciones de Ciento Volando que enriqueció con su voz o su flauta, las versiones que hemos ido haciendo de su música y algunas composiciones que tienen que ver con él, porque le gustaban especialmente o se inspiran en su manera de entender la música.

Como no me fío mucho de los servicios de alojamiento de archivos, he subido la Summa a dos distintos. Confío en que si el uno duerme, el otro vele. Ahí la tenéis, pues:

[Actualizo. He subido una nueva versión, más completa, aquí.]

Pasan las horas


Y lo que no son las horas. En lo que arranca el curso y se me pasa la euforia cientovolandera, voy rescatando canciones de las viejas cassettes, antes de que se queden definitivamente mudas. Ésta es una de las que más me gustan: se grabó luego con mesa de mezclas, con las voces muy limpias, pero sin el arreglo de flauta, que es parte esencial de la canción, y que aquí, aunque la grabación es un tanto precaria, aparece claro y completo.



Pasan las horas
igual que estaciones de un día gris,
caen como gotas
del viejo reloj polvoriento,
que aún sigue tan gris
como aquella mañana de marzo
en que tú decidiste marcharte de mí.

Y mientras afuera es verano,
dentro de mí
siento la niebla
que tú me dejaste al partir.

martes, 30 de agosto de 2011

Tres calas de un melón: Ciento Volando en directo


Para los que no seguís la página de Ciento Volando en Facebook, subo aquí tres canciones del concierto que dimos el pasado viernes 26 de agosto en el Rincón del Arte Nuevo, en Madrid. (Gracias a Sonia Pita por la foto.) Como verá quien estuvo, me inclino por la parte acústica del concierto, porque se ha dejado grabar mejor.

La primera es una versión de Ricky Martin (sic): Lo mejor de mi vida eres tú, arreglada por Dani y Luli y Benja (a la batería), en la que tengo el placer de tocar sin haber oído nunca el tema original; la segunda, Cuando la Luna muera, una canción mía que ya traje aquí hace poco, cantada ahora como es debido; y la tercera, Hay mil historias, una canción de Daniel un tanto esotérica, que se ha decidido a aflorar inesperadamente, agraciada con la voz y la melódica de Luli.

Todas las piezas tiene errores de bulto medio, pero creo que trasmiten lo que son, sin demasiado desvío. Buen provecho.






domingo, 28 de agosto de 2011

Pañuelo de agua (García Cabrera)


En un libro estupendo (aunque plagado de erratas) del maestro Senabre, Claves de la poesía contemporánea. De Bécquer a Brines, encuentro (pág. 307) este poema memorable de un autor que no conocía, Pedro García Cabrera.

Este charco, este pañuelo de agua
que asomado al bolsillo de la roca
abandonó en la tierra la marea,
es todavía mar, un mar inválido
de espumas, y horizontes, y rumores,
apenas una lágrima dejada
en el párpado seco de la orilla,
pero que lleva impresa en su destierro
el ser la pura soledad de nadie.

jueves, 25 de agosto de 2011

Concierto de Ciento Volando este viernes


Verano cientovolandero. Este viernes 26 tocamos en el Rincón del Arte Nuevo, de Madrid, a las 21.30. Muchas, muchas novedades. Aquí va una de ellas.




martes, 23 de agosto de 2011

Las hadas de tu templo


Seguimos rescatando composiciones de Alfonso. Ésta es una de sus mejores canciones, interpretada en directo por Ciento Volando en el Rincón del Arte Nuevo, el 19 de febrero de 2007. A la percusión, Luz (de donde el sol la toma). La letra, aquí.


domingo, 21 de agosto de 2011

La Hermandad de la Luz Verdadera


Una botella que llega a su destino: me acerca hoy Esther, hermana de Alfonso, esta estupenda versión que ha realizado Jorge Calvo (teclista y multinstrumentista de los legendarios Ñu) de uno de los mejores temas de nuestro amigo, la Fraternitas Verae Lucis.




miércoles, 10 de agosto de 2011

Leyenda urbana


Hay ángeles buenos y malos, y de algún buzón de Madrid sé yo que me tuvo persuadido, por años casi, que comunicaba directamente con el fuego central de la tierra, y que toda palabra escrita que allí se aventurase acabaría consumida en pavesas, mientras mi novia la esperaba días y noches.

Pedro Salinas, El defensor.


Hay una continuidad, un aire de familia, entre las historias populares, las que inventan los niños y las que vivimos en sueños. La ocurrencia de Salinas tiene ese sabor: no creo que brotara de su conocimiento de los materiales clásicos sobre estos asuntos, aunque sin duda los conocía bien: las entradas al Hades que se situaban en varias ciudades del mundo antiguo, la costumbre de abandonar en las tumbas mensajes dirigidos a los muertos y a los seres divinos del Más Allá (mensajes que, a veces, ardían en la pira funeraria, pasando así a otro plano). Uno de mis alumnos, este curso, sorprendió al bregado folklorista Pepe Pedrosa con una historia que se contaba en su pueblo, y que comparte el mismo tono: al cambiar de lugar las farolas (¿o eran los semáforos?), habían descubierto que al pie de varias de ellas había enterrados varios cadáveres sin identificar. (Al pie del monte Calvario, recordarán Vds, ardía la calavera de Adán; y en ella, se dice, hundía sus raíces la Cruz de Cristo). Cuando me tocó dar Historia, el primer año que di clase, allá en Montijo (y en verdad hay pocas cosas que me caigan tan lejanas como dar Historia), entre las muchas cosas sensatas y necias que leí sobre los megalitos estaba esa idea de que constituían una suerte de ascensores con tres paradas: el mundo celeste, el nuestro y el ctónico. Pumbi, o las Embrujadas, le habrían sacado jugo a la idea.

La imaginación, en fin, restituye la corriente entre todos los territorios. Tal vez ésa sea su función más profunda. Agosto y su tesoro me ha traído más de una vez esas sorpresas. Tenderse en el parque, ya de madrugada, y sentir cómo las farolas toman su fuerza del suelo y brillan, casi fosforescentes, sobre la yerba mojada. La razón acaba dándose a estas conjeturas: la energía que llega de las raíces a la flor y la que fluye por una conducción eléctrica es, en último extremo, la misma: un regalo del Sol, que se prodiga, como el Ser Emanador de las viejas teologías, en orgasmo perenne.

miércoles, 3 de agosto de 2011

Mar de fondo (III)


Nadar en el mar me devuelve a mi infancia. Y a los versos. Se nada a la vez en el uno y los otros, enredado en los hilos que cruzan palabras y sensaciones. En Nadja y en otros sitios señala André Breton que el agua y el fuego también fluyen del uno al otro: 'Llama de agua, guíame hasta el mar de fuego'. En los versos que hice estos días se siente también el trasvase:

Oh mar inmemorial, oh mar de fondo,
telar en cuyas mimbres arde el tiempo;
si tu príncipe soy o tu despojo
es cuestión de opinión. Ojo por ojo,
tus párpados de espuma me vigilan
con amplia imprevisión. Ardo en tu sangre.


martes, 2 de agosto de 2011

Mar de fondo II


De niño veraneaba todos los años con mi tía y mis primas en Cuchía, cerca de Torrelavega. Había, sobre todo, dos playas: una poblada, pero curiosa, con restos de un faro, un rompeolas y vías de tren que se hundían en el agua; otra, la de los Caballos, de difícil acceso, casi siempre vacía y generosa en aventuras.

Este poeta se estrenó, pues, hablando del mar, desde la perspectiva del niño que recorre la playa y va viendo en los restos que dejan las olas las huellas de una batalla celebrada allí hace un siglo. De los poemas de entonces, que he tenido que ir abandonando, el que dice así es uno de los que más me costó descartar:

Mar, propietario sin alas,
¿de qué herida brotan tus ondas?
El sol herido en ti siembra memoria;
su huella imprime sal en cada gota.

Mar santo, en ti diluyes la conciencia.
Tu sangre es automática y sagrada.
La espuma quiebra esferas de relojes,
agujas imantadas en la arena.

Tu paso iguala todo y lo preserva.
Durmiendo sueñas cuanto antaño fuera.

[La hechicera me sacó de mi ventana.
Me llevó por la marisma hasta la arena.
Tendió los naipes negros sobre el agua,
y el agua quedó quieta, y dentro de ella,
la luna fría y dura como piedra.]

¿Qué ha de nacer del mar sino el recuerdo?
El mar tiñe la pena de leyenda,
de esponja con los labios de sirena.

No hay tanto que esperar, amigos pares.
El sol es una llaga que se quema.
Las vasos rotos llaman la galerna.

Morid dentro del mar, nadie lo siente.
Llorad dentro del mar, nadie lo nota.

lunes, 1 de agosto de 2011

Mar de fondo I


Las lecciones del tite Antonio. 1991, más o menos. Llego a su casa de Las Águilas con una hoja fotocopiada. Son los primeros versos de un largo poema de un compañero de la facultad, que me ha encantado. La fotocopia murió, y con ella el recuerdo del autor, al que apenas vi un par de días; pero aún recuerdo lo esencial:

El mar repite el verso o la verdad.
Creemos en el naufragio de amor
porque se salvaron las velas más altas...

Antonio coge la hoja y la mira con atención. Son sólo unos segundos, sin embargo.

'Aleixandre', me dice, descartándolos. 'No, no, es un compañero de la fácul'. 'Ya. Pero es Aleixandre. El verso o la verdad. Aleixandre.'

Y lo era. No lo dijo entonces, pero ahora sé que la rima de mar y verdad, y hasta el uso mismo de esta palabra, también debió de molestarle.

Los versos aún me acompañan; pero tienen, desde entonces, algo de juguete roto.