sábado, 7 de octubre de 2006

Lux Aeterna


Las hermanas de Alfonso han escrito hoy, algo enfadadas por un mensaje anterior de una prima anónima de nuestro amigo. Intento imaginar qué reacción tendría Alfonso: si se alegraría socarronamente de ser aún motivo de apasionamiento, y más aún entre damas, género al que dedicó del primero al último de sus versos y suspiros; si se reconocería con ternura en las palabras de sus hermanas, que a mí, al menos, tanto me recuerdan sus propios enfados y susceptibilidades, temibles a veces, en estas materias; o si (lo más probable) nos sorprendería a todos con otra reacción completamente distinta, imprevisible y volcánica.

Sé, en todo caso, que le guiarían el sentimiento y la justicia, pues para bien y para mal ambos valores gobernaron su vida. Amor a lo bello e indignación ante lo injusto resumen, retrospectivamente, su sentir. En este mundo hermoso y cruel ambas cosas le causaron, sobre todo, dolor. Él conjuró ese dolor de forma inolvidable, con arte e ironía, con fatalismo y con autoprospección: pero al final el dolor pudo más y lo arrastró consigo.

Eso sería todo, si su memoria no perdurara de muchas maneras. El destino, que no fue precisamente generoso, le concedió la oportunidad de dejar registro de algunas de las ideas musicales y poéticas que (al menos en ciertos períodos de su vida) le manaban de manera inagotable (mientras paseaba, solía silbar sonatas inéditas enteras, completamente improvisadas, como si se hubiera conectado a Radio Alfonso y se limitara a dejar fluir las ondas entre dientes).

De las melodías instrumentales que compuso, sé que ésta le gustaba especialmente por su serenidad. La llamó Fraternitas Verae Lucis, Fraternidad de la Luz Verdadera, en recuerdo de una asociación de ese nombre que aparece (pásmense) en el juego de rol Aquelarre. La Fraternidad del cuento defiende la razón y el descreimiento en un mundo de magia y superstición. Creo que en esta melodía Alfonso sintió que, por una vez, había compuesto una pieza apolínea, sin angustia ni patetismo. Yo diría que lo logró muchas veces, por no decir siempre: en sus piezas más atormentadas (y algunas son realmente excruciantes) se buscará en vano disonancia o feísmo. Creo que si hallaran el camino al oído adecuado, la mayor parte se convertirían en clásicos de su género. Júzguenlo ustedes.




3 comentarios:

Anónimo dijo...

Soy Antonio, amigo de Alfonso. Desde aquí, saludo a sus dos hermanas. Yo no entré ese día, el 29 de mayo, al blog; y, si lo hice, no pude escuchar, como acabo de hacer, la canción de Alfonso (una de sus más queridas canciones), con ese acompañamiento de guitarra de Al (uno de mis más queridos temas de acompañamiento que oí jamás -y que a Alfonso también le gustaba tanto como a mí, que ya es decir-). Me ha tocado volver a llorar y a comprobar una vez más que no voy a poder nunca asumir esta ausencia.
Las palabras con que Al ha descrito a este gran hombre, al ser más singular que tuvimos la suerte de conocer, dan cuenta cabal del personaje. Aunque sea imposible describir el inmenso cariño que a todos nos produjo.
Me gustaría también que su madre y su hermano se pudieran sumar a este homenaje. Sé bien cuánto quiso Alfonso a su madre, hermanas y hermano; y cómo fueron objeto de su preocupación hasta el final.
A todos, un abrazo.

Antonio Hernández Marín

Esther dijo...

Hola Antonio,

Me alegra un monton leerte, espero q todo t vaya bien, perdimos el contacto pero q sepas q seguimos aki para lo q necesites.
Mi madre no tiene internet y ademas como t puedes imaginar su enfermedad ya ha avanzado bastante y Santi anda un poco perdido por esos mundos de dios.. pero en cuanto le vea le dare vuestros saludos.

Tanto Natalia como yo estamos encantadas de volver a saber de vosotros y como dice Alejandro brindamos por esa persona q se nos fue y que era capaz de transmitir tanto con tan solo tocar unas notas en su flauta.

"Y su flauta que era vida, se fue perdiendo en un sueño..."

Un Abrazo muy fuerte

Esther

Anónimo dijo...

Esther: me produce una enorme alegría saber de ti y que me dediques unas líneas. Me acuerdo muchísimo de vosotros. De vez en cuando (aunque con demasiada tardanza), llamo a tu madre y sé de su situación. También pregunto siempre por tu hermano. Me acuerdo mucho de él y quisiera transmitírselo. Ayer y hoy son dos días en que me dedico a sacar en mis teclados eléctricos la preciosa melodía de Alfonso y lo que puedo del bonito acompañamiento que le puso Al. No puedo reprimir emocionarme y llorar; pero, aunque con dolor, lo hago en paz. Porque sé que una persona como él no desaparecerá nunca. Tu hermano era muy terco: desaparecerá la eternidad; pero él seguirá ahí. Y que nosotros lo veamos.
Abrazos a Natalia y a Santi. Y otro muy grande para ti.

Antonio