viernes, 6 de octubre de 2006

Catalina la torera


¿Qué pinta un anarquista en un acto de tradición militante, un músico pop en una recopilación de música folk rigurosamente purista? Bueno: ni falta que hace saberlo. En todo caso, el acto de presentación del Cancionero y Romancero del Campo Arañuelo con el que amenazaba en la entrada anterior ha sido divertido y muy relajado: un lugar recoleto (bastante gente tuvo que quedarse de pie), intervenciones medidas de las personas que habían apoyado económica- e intelectualmente el proyecto y más música que palabras. Daba gusto oír a la gente cantando de nuevo el Romance de Don Gato, celebrando las coplas pícaras y reconociéndose en las fotos que los presentan de parranda allá por los 60.

El caso es que uno tiene su propia conciliación de opuestos. Con Guadalupe Alegre, una de las informantes que aporta más romances y canciones al trabajo, hemos ido desarrollando desde hace años en petit comité una serie de versiones alternativas de canciones y romances: en vez de emitirlas, como en el CD, en austero a cappella (o en estruendoso zambombazo), yo las arreglo como si fueran canciones pop, a mi gusto frívolo e irresponsable. El caso es que a los dos nos llenan más así, aunque se entiende que en una recopilación como la que hemos presentado hoy-ayer un desvío tan despreocupado de la tradición estaría fuera de sitio. Total, que les brindo en exclusiva una de estas rarezas a los viandantes de estas campiñas.

La canción en sí tiene una construcción maravillosa, heredera en cierto modo de aquellos trucos del toma y deja de las cantigas de amigo gallego-portuguesas. Con un órgano fiestero, viene a sonar así:

Catalina, Catalina,
Catalina la Torera,
la visten de señorita
los mozos de la ribera.

Los mozos de la ribera,
también los de Alejandría,
a verte vengo de noche
porque no puedo de día.

Porque no puedo de día,
porque estoy en mi trabajo,
los amores te los quedo
en la ventana de abajo.

En la ventana de abajo,
en la ventana de arriba,
quédate con Dios, paloma,
que me voy para Melilla.

Que me voy para Melilla,
con el moro a pelear,
quédate con Dios, paloma,
paloma del palomar.

Paloma del palomar,
¿quién te ha cortado los vuelos?
Que no has podido volar
desde el palomar al suelo.

Desde el suelo al palomar,
desde el palomar al suelo,
quédate con Dios, paloma,
paloma del palomar.

Deja que ruede la rueda,
que rodando se divierte,
así me divierto yo
la noche que vengo a verte.

La noche que vengo a verte
siempre voy con alegría,
porque llevo la esperanza
de ser tuyo y tú ser mía.

De ser tuyo y tú ser mía,
cuerpecito resalado,
¡cuándo querrá Dios del cielo
que yo te tenga a mi lado!

Que yo te tenga a mi lado,
que yo te tenga a mi vera,
Catalina, Catalina,
Catalina la Torera.

(En esta ocasión Bolt y Castpost coinciden: los dos se empeñan en que la canción suene al doble de la velocidad debida, en plan Pitufos folk-rockeros. Así las cosas, de momento me rindo y subo sin más el mp3.)

4 comentarios:

Sr. Verle dijo...

Al: Enhorabuena.Le hago llegar, por abrir otro frente, 'Dos variaciones sobre un tema de G. Trakl'

(I)‘El luminoso declive del otoño’.

La tarde va cediendo claridades.
Sus cálidos temblores no acompañan
el rumor de su muerte y no restañan
heridas donde escondes vanidades.
Añorante, la templanza perdida
elimina la leve confianza…
y no es posible suplicar mudanza
cuando, pronta, la hora siempre es ida.
El instante que inicia su partida
la postrera batalla se demora
y el cierzo temperado no aminora
la soledad crepuscular vencida.
La vida no contiene ya esperanza
O la esperanza no contiene vida.

Sr. Verle dijo...

(II) ’La casa callada’.

Sin noticias de ti, ha traído la lluvia
y ha mecido en silencio la secreta certeza
que sólo se destila con lágrimas amargas.
Tan distante te hallabas, lejano en un afuera,
que el corazón oprime y torna interrogantes
los frágiles cristales de todo cuerpo oscuro.
La pena no atempera la fisura del alma
y ha dejado callada para siempre la casa.

Al59 dijo...

Entre el pasado y la actualidad han logrado chafar mis propósitos de serialidad y correspondencia. Quedan sobre el tapete, por citar lo más importante, las observaciones de Grifo sobre la sinestesia y sus críticas al artículo de L. A. de Cuenca, y este homenaje a Trakl que nos acerca el sr. Verle. De todo ello espero que los días que vienen nos dejen ocuparnos.

Anónimo dijo...

Ánimo y a seguir con la tarea que parece no poca.

http://elsexodelasmoscas.bitacoras.com