martes, 10 de octubre de 2006

Cediendo claridades


...Y sucedió que el señor Verle trajo estos versos.

Dos variaciones sobre un tema de G. Trakl

(I) El luminoso declive del otoño

La tarde va cediendo claridades.
Sus cálidos temblores no acompañan
el rumor de su muerte y no restañan
heridas donde escondes vanidades.
Añorante, la templanza perdida
elimina la leve confianza…
y no es posible suplicar mudanza
cuando, pronta, la hora siempre es ida.
El instante que inicia su partida
la postrera batalla se demora
y el cierzo temperado no aminora
la soledad crepuscular vencida.
La vida no contiene ya esperanza
O la esperanza no contiene vida.

(II) La casa callada

Sin noticias de ti, ha traído la lluvia
y ha mecido en silencio la secreta certeza
que sólo se destila con lágrimas amargas.
Tan distante te hallabas, lejano en un afuera,
que el corazón oprime y torna interrogantes
los frágiles cristales de todo cuerpo oscuro.
La pena no atempera la fisura del alma
y ha dejado callada para siempre la casa.

4 comentarios:

trovarclaus dijo...

Lenguaje desencadenado de sus sentidos,
me parece a veces sin respiros en los verbos el infinito de la percepción alienta al devenir.
Trakl se siente como un buey cayéndo a un barranco

Al59 dijo...

Una nota sobre las fotos últimas: son de Max Boschini, un fotógrafo italiano (http://www.flickr.com/people/boskizzi/).
En cuestiones de arte plástica yo soy más burro de lo común, pero diría que me recuerdan, por el colorido, algunas de Ouka Lele.

Al59 dijo...

Me gusta ese soneto, con su dulce aliteración inicial, de múltiple eco, y el desolado retruécano que lo cierra. En medio hay más sustantivos abstractos de los recomendables, me parece a mí —pero sin duda es opinable (opínese, que diría Grifo). Creo que los mejores pasajes son los de resonancia sapiencial, lapidaria. Por comparación, el sentido de otras frases queda un tanto oscuro, digamos esteticista.

El segundo poema, libre del condicionante estrófico, fluye con más naturalidad. Dolorosas esas erres que suenan a algo roto.

Quizá sea deformación vocacional, pero al releerlos la aliteración es tan marcada que dan ganas de hablar de un tema en d y un tema en r. En el segundo, por ejemplo, no aparece la palabra yerba, pero es como si creciera en algún sitio del poema.

Al59 dijo...

Efecto colateral: acabo de encargar el libro de Trakl. :-)