lunes, 18 de diciembre de 2006

Por largos años, Catulo


Cada quien tiene su puerta de entrada. Yo quedé fascinado por la poesía latina a través de este poema 76 de Catulo, tal como lo tradujo e interpretó Agustín García Calvo. Estoy seguro de que no seré el último.





Si uno en el recordar los bienes que antes hiciera
halla placer, al pensar — que él era bueno y lo es
y que ni santa fianza quebró ni a trueque ninguno
nombre de dios malusó — para a los hombres burlar,
muchos guardados entonces por largos años, Catulo,
de este maldito amor — gozos te esperan a ti:
pues lo que bien pueda un hombre decir o hacer a los otros,
tanto has hecho tú, — tanto tú dicho de bien;
todo lo cual se perdió, a un alma ingrata fiado.
Conque ¿por qué vas tú — a darte martirio ya más?
¿Qué, si no esfuerzas el ánimo y ya de ahí no te sacas
ni, contra venia de dios, — dejas de ser infeliz?
Duro lo es, un largo amor de repente dejarlo.
Duro lo es; pero así — has, como sea, de hacer:
ésta es la sola salud; esto tienes que conseguirlo;
esto has de hacer, da igual — si es imposible o si no.
Dioses, si hay en vosotros piedad, o si a alguien quisisteis,
a punto ya de morir, — última ayuda traer,
a mí, desgraciado, miradme, y si vida pura he llevado,
esta peste arrancad — y esta rüina de mí,
que, como una modorra escurriéndose en mis entrañas,
del corazón de raíz — toda alegría arrojó.
No ya aquello pretendo de que ella me corresponda
o, lo que no puede ser, — quiera vivir con pudor:
pido estar yo sano y dejar mi negra dolencia:
dioses, con esto pagad — lo que de bueno haya en mí.


Si qua recordanti benefacta priora voluptas
est homini, cum se — cogitat esse pium
nec sanctam violasse fidem, nec foedere nullo
divum ad fallendos — numine abusum homines:
multa parata manent in longa aetate, Catulle,
ex hoc ingrato — gaudia amore tibi.
nam quaecumque homines bene cuiquam aut dicere possunt
aut facere, haec a te — dictaque factaque sunt:
omnia quae ingratae perierunt credita menti.
quare cur te iam — amplius excrucies?
quin tu animo offirmas atque istinc teque reducis,
et dis invitis — desinis esse miser?
difficilest longum subito deponere amorem,
difficilest, verum hoc, — qua lubet, efficias:
una salus haec est, hoc est tibi pervincendum,
hoc facias, sive id — non pote sive pote.
o di, si vestrumst misereri, aut si quibus umquam
extremo, iam ipsa — in morte, tulistis opem,
me miserum aspicite et, si vitam puriter egi,
eripite hanc pestem — perniciemque mihi!
quae mihi, subrepens imos ut torpor in artus
expulit ex omni — pectore laetitias.
non iam illud quaero, contra ut me diligat illa,
aut, quod non potis est, — esse pudica velit:
ipse valere opto et taetrum hunc deponere morbum.
o di, reddite mi hoc — pro pietate mea!


Amigos: para evitarnos los regüeldos de un troll,
habilito temporalmente la moderación de comentarios.

Un poco de paciencia:
vuestros comentarios aparecerán, aunque tarden un poco,
y no hay mal que cien años dure.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Da respeto ponerse a comentar una cosa así. El poemón de Catulo ya de por sí impone. Y no sabría detenerme en él. Pero la interpretación de GC me deja impactado. Su interpretación de la traducción castellana ya es muy buena. Pero, con el texto latino..., se convierte en otra cosa. Digo 'interpretación', no recitado. Hay un fuerte poder teatral. El personaje se transforma. No es el mismo quien recita en castellano que en latín. Yo no había jamás oído ni semejante transformación escénica, ni tampoco había oído el latín, cómo sonaba, cómo se prolongaban sus sílabas largas, el valor de sus 'v'; o el efecto sonoro de un *dictaque factaque sunt*.
GC recita el texto castellano con una gravedad castellana también. Lo castellano es grave como un 'que muero porque no muero'.
Pero, en el texto original, cambia la voz de barítono a tenor. Y refleja toda la dignidad pétrea, todo el orgullo, del acento romano. Se percibe bien a la figura togada, altiva y apasionada a la vez. Toda una escena.
Por favor, felicítese a este señor inmediatamente (ruego) y hágasele llegar la admiración por su arte de uno más entre los que lo admiren.
Y, bueno..., en fin, no me quedo tranquilo sin anotar que tal vez sería mejor evitar el pleonasmo de este verso en la traducción castellana:

*Duro lo es, un largo amor de repente dejarlo.*

No me suena. Aunque no me atrevo a pensar que sea correcto o incorrecto. No sabría decirlo. Pero no me gusta al oído.
Saludos.

Grifo

Al59 dijo...

Grifo: gran mensaje el suyo, que hace justicia a las dos voces en juego. En el verso que indica no veo pleonasmo (aquello de argenta de plata o de los sus ojos tan fuerte mientre llorando); sí, anacoluto, justificado tal vez por la emotividad del momento, que por un momento se impone sobre la sintaxis (un poco como aquello de ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero, de Neruda).