viernes, 25 de mayo de 2007

En el nombre de Dios, el Clemente, el Misericordioso


Las circunstancias nos han vuelto islamófobos —al menos, presionan tanto que parece inútil resistirse. Ante cualquier enfrentamiento entre la cultura laica de raíz ilustrada y el Islam «realmente existente», no caben dudas ni equidistancia: dentro del marco aconfesional, en el que la ley atribuida a Dios y la concertada por los hombres no se cruzan ni confunden, podemos convivir, mejor o peor, gentes de toda laya. Fuera de él, a los impíos (nos dará igual ser paganos, agnósticos o del Betis) nos espera lo peor —y lo sabemos.

Cuando uno se ha criado con Las mil y una noches de Rafael Cansinos Assens, más cerca de Samarcanda y Basora que de Bruselas y Teruel, verse abocado a tomar partido duele —pero peor sería engañarse. Lo mejor que se puede decir del Islam de Al-Farabi y El collar de la paloma es que no tiene nada que ver con este neoislam cavernoso alentado por los saudíes. Pero ése es precisamente el problema: aunque otro Islam haya sido posible (y a ratos efectivo), hoy no tenemos delante a Jayyam e Ibn Arabi, sino al rey de Marruecos, los Hermanos Musulmanes y el yihadismo en sus mil vertientes infectas.

Puede que parte de la estrategia a seguir sea precisamente reivindicar todo lo que estos fundamentalistas sin fundamento detestan, y que sin embargo abunda por fortuna en su propia tradición: frente a la prohibición del alcohol, la poesía anacreóntica de Abu-Nuwas; frente a la homofobia estúpida, la ambigüedad andalusí; frente al literalismo, la sutileza zen de los sufíes.

La editorial Alba ha publicado en el 2006 una obra de gran valor de Cansinos Assens , que complementa su legendaria traducción de Las mil y una noches en Aguilar. Son dos tomos: uno titulado Mahoma y el Korán. Biografía crítica del profeta y estudio y versión de su mensaje y el otro El Korán. Traducción directa, literal e íntegra.

La admiración distanciada, crítica, con la que Cansinos habla de Mahoma y su obra nos devuelve a parámetros de lectura civilizados. Su Mahoma es, por ejemplo, un gran poeta, algo de lo que costará convencernos, pero que podría ser cierto. Sobre su carácter profético, Cansinos hace observaciones realmente agudas, con la proporción justa de zurra y halago. Espigo unas cuantas:

Mahoma es un genio en lo intuitivo, impulsivo y espontáneo; es el hijo del desierto; pero al mismo tiempo está dotado de un talento secundario, de carácter práctico, que suele faltarle al genio puro, y que le permite administrar los frutos de su intuición; meditar sus actos y pesarlos en la balanza del mercader. Su genio es místico, se manifiesta de un modo intermitente y arbitrario, por inspiraciones; pero luego su talento secundario sabe aprovechar esas inspiraciones, sistematizarlas y dotarlas de perduración. (...) Esta aleación de locura genial y normal sensatez es lo que desconcierta a los primeros críticos occidentales de Mahoma y les mueve a acusar al profeta de astuto y hábil simulador.

(...) Lo que le ocurre a Mahoma es que la época en que aparece representa para él una inferioridad. Es el último de una serie, que ya no puede decir ni hacer nada esencialmente nuevo. Sus gestos y palabras siempre parecerán remedo o copia. Ser el último significa necesariamente ir a la zaga de los demás. Mahoma, como su Korán, es una síntesis. Y así considerado es como gana importancia. Aunque sus antecesores lo aventajen en aspectos parciales, y Moisés lo supere como caudillo y legislador, y David como poeta sagrado, él los aventaja en conjunto, pues es a un tiempo Espada y Verbo. Sólo Jesús lo deja atrás, por la universalidad de su mensaje.

(...) La grandeza de Mahoma resalta patente si se le considera como profeta auténtico, y más aún si se piensa que su Revelación fue un fraude y su obra simple resultado del ingenio y el esfuerzo paciente y tenaz, que es naturalmente nuestro punto de vista.

(...) Dentro de su área geográfico-étnica, Mahoma resulta de absoluta grandeza. Es el profeta y hasta el Mesías de los árabes. Funda una religión para ellos y logra imponérsela. En eso queda a la altura de Moisés. Pero no llega a la universalidad de Jesús. Ése es el mayor reparo que puede ponérsele a su grandeza. No pasa de ser un profeta étnico. (...) Sólo en raras ocasiones se eleva a la universalidad de los griegos o de los judíos, y entonces no hace sino repetir lo que éstos han dicho.

(...) Sobre la azora mahomética gravita un aura epiléptica, que la estremece y sacude y sopla un aire abrasado en la fiebre de los desiertos. Las visiones del Korán son espejismos. Mahoma vislumbra a Dios, los ángeles y todo el mundo sobrenatural a través de una calígine que lo deslumbra. De ahí la imprecisión de su teología.

2 comentarios:

drix dijo...

Desconozco el interior del Islam. Las Mil y una Noches, cuentos bellísimos, sí, pero en ellos siempre se dejan ver infinidad de limitaciones absurdas para la mujer, así ésta sea tan imaginativa y valiente como la protagonista y relatora de esas historias...
Pero yo veo a la par, intolerancia cristiana e islámica hacia lo que signifique diferencia de su criterio machista.
En cuanto al alcohol, droga denigrante sin duda tomada en exceso, en este país católico mal que nos pese, hace poco intentaron prohibirlo como hicieron con el tabaco o con la marihuana y el alcohol en el Imperio en los años 30...
Difícil, quedarse con un sistema u otro, pues en uno media la religión absurdamente en sus leyes, y en el otro la religión media igualmente aun sin palabras directas, en los gobiernos, que incluso hacen funerales oficiales católicos cuando hay víctimas propiciadas por el islamismo atacado previamente...
Creo que esta tercera guerra mundial sólo admite la adscripción a un bando: el de las víctimas civiles, el de los daños colaterales, sean irakíes, españolas, norteamericanas, antes chilenas... Lo que está claro es que hubo invasiones terroristas por parte del bando "cristiano", para robar el petróleo que poseen los otros, sin más. Y ahora lo pagamos todos, y, como siempre, más todas que todos.
Pero la cultura islámica, con todo, es cortés, tolerante, llena de ingenio pese a la homofobia aparente y a la exclusión aparente de las mujeres, fundamentalismos aparte. O eso me parece a mí, a juzgar por la gente que conozco de ese Oriente minado.
Sin embargo, yo me quedo con la cultura caribe cubana, francamente, porque en ella anidan el cariño más humano, la sonrisa, la tolerancia real, la igualdad más efectiva que yo conozco entre las personas de cualquier raza, género, orientación sexual o credo religioso, el mayor respeto hacia las minorías...
Leeré más sobre el Islam, gracias por el apunte, Al.

Al59 dijo...

Homofobia aparente, exclusión aparente. O sea, que creo que pecas de generosa, Drix —lo que no quita que muchos de los que viven dentro de esa cultura sepan maldecirla por lo bajo (como hacemos nosotros con la nuestra) y vivir más o menos al margen de lo dictado. Y menos mal...