sábado, 19 de enero de 2008

Campos de Fresa


Tengo cierta simpatía (limitada, pero cierta) por Jordi Sierra i Fabra, a través de cuyo olvidado primer libro (1962-1972 Historia de la música pop. De los Beatles a hoy) conocí a la Incredible String Band y a otros gigantes de aquella era. Hace poco, un buen amigo, más cerca de los 40 que de los 30 (qué viejos estamos), me contaba que, incapaz de encontrar ninguna novedad que le sedujera, andaba releyendo con cierto deleite En un lugar llamado Tierra, una de las novelitas de Ciencia-Ficción de Sierra. Imagino que al autor le hará feliz saberlo, aunque la obra le queda lejos: desde que la publicó (primeros 80) hasta ahora, ha ido acumulando éxito tras éxito con sus libros 'juveniles'.

Escribo esto pensando en los adolescentes que llegan hasta aquí buscando información sobre la novela de Sierra Campos de Fresa. No me he animado a internarme en ella, pero sé que es uno de los libros que nuestros alumnos leen, espontáneamente, con más gusto, y por eso muchos Departamentos de Lengua han acabado incluyéndola en la lista de lecturas obligatorias.

Sin negar que el género pueda albergar maravillas, mi opinión sobre la literatura de adultos sobre jóvenes para jóvenes es decididamente desfavorable. Es responsabilidad del narrador de una historia conseguir que su protagonista, alguien que no somos, llegue a resultarnos íntimo, que sintamos como propias sus ocurrencias, desgracias y hallazgos. Cuanto más lejano a nosotros sea el protagonista, mayor será el efecto revelador que se produzca (y más talento necesitará el narrador para acortar con su arte la distancia).

Crear un personaje inmediato al lector, como hacen SiF y otros, es facilitarse demasiado las cosas. Antonio Muñoz Molina nos previno hace tiempo sobre esos planes de estudio, fruto del furor autonomista, en los que se da prioridad a la geografía, la historia y el arte del entorno inmediato al estudiante. La educación, decía, no consiste en acostumbrarnos a explorar nuestro ombligo, sino en llevarnos tan lejos como sea posible, donde nunca creímos que pudiéramos llegar. Sólo de vuelta de lo distinto seremos capaces de ver de establecer contraste y valorar con perspectiva lo propio.

Sin leer Campos de Fresa, han salido a mi encuentro muchas cosas de ella, quizá demasiadas: sé que la habitan adolescentes inquietos, fines de semana, discotecas, coqueteo con drogas de diseño, susto feroz, personajes que viven para contarlo y otros que no. El título revela que a Fabra le queda algo de su fervor juvenil por el pop; pero sería injusto pecar de indulgente, misunderstanding all you see: el juego, ya muy visto, consiste en degradar la más notable de las canciones psicodélicas, convirtiéndola en letrero luminoso de una sala de conferencias en la que el autor nos da (me temo) la lección de siempre (qué malas son las drogas). (Probablemente, con los efectos de siempre: espeluznar a los sumisos, ya convencidos, y fascinar con la épica de lo prohibido y autodestructivo a los intrépidos.)

Espero que nuestro hombre no deje de aumentar con los dividendos del libro su colección de discos de los 60/70, que ha de ser ya ciclópea. De los que vinieron al blog buscando un resumen del libro, ojalá alguno llegue hasta aquí y pulse el click. Por paciencia y chiripa, bien lo merece.


3 comentarios:

xabipop dijo...

Realmente yo no he acudido en busca de alguna referencia al citado libro, aunque tengo unos cuantos del autor: "El jóven Lennon","La Era Rock" (que tiene muy buena pinta, pero todavía no he leído)...

Saludos

Al59 dijo...

Me alegro de verte por estos campos, Xabipop. Yo acabaré leyéndome el libro, por si me equivoco (y porque nunca hay que dejar de leer lo que los alumnos leen, si aspiras a comprenderlos mínimamente).

Al59 dijo...

Vaya, acabo de leerme por fin la novela. Un truño, la verdad. Es curioso que el autor se retrate en ese periodista que, tras una fachada moralista, juega con el morbo de sus lectores. Y pensar que tenemos puesto esto como lectura obligatoria en mi centro. Ay.