domingo, 15 de marzo de 2009

Romance de Galadriel


A mediados de los 80, Antonio Hernández Marín (Fos, para los que le tratábamos entonces) escribió este romance, que es un homenaje a dos de los autores que más amaba: Lorca y Tolkien. Con sentido del humor, Antonio encontró una galería imprevista que comunicaba la Andalucía del Romancero Gitano con la Comarca. Más tarde, se mudó a vivir a Valdemanco y fue el primero en advertir que aquellas sierras pertenecían a la Tierra Media. Cuando supe que había una lista de correo dedicada a Tolkien, corrí a avisarle, y de allí nació Mandul, un niño tumulario que, a pesar de las limitaciones que da estar no-muerto, acabó amistando con todas las razas medioterráqueas. Fiel a sus amigos, Antonio nunca dejó a Tolkien: El Señor de los Anillos y el Silmarillion casi siempre andaban abiertos por algún rincón de su casa.

Romance de Federico García Lorca a la reina Galadriel

Las Giraldas de Gondor
se deslumbran con la aurora
mientras los Nueve Jinetes
buscan las venas más hondas.
El Terror sin nombre viene
desde Isengard la redonda,
con patas de capricornio
y aguijones en la boca.
¡Ay, Mordor, tierra de nadie,
donde se pierde la historia!
Un abismo de planetas
bajo cuchillos de escoria.
Tu Luna de yeso frío
se vela y se rompe sola.
Los tricornios de los orcos
dan consistencia a las sombras;
en contra, Gimli el enano,
como un Saturno de rocas,
Vulcano de los suspiros
y martillo de las olas.
Elfos gitanos del bosque
rasgan guitarras ruidosas
y la noche está dudando
si el ruiseñor o la alondra
mientras el cielo vegeta
entre prímulas y anémonas.
Las espadas de los lirios
con azufre se coronan
y los anillos no encuentran
reposo en la tierra toda.
Ya Frodo y Sam pierden rumbo
por desesperanzas lóbregas,
Géminis irrepetibles
entre ternura y zozobra.
Cae el murciélago nocturno
bajo el arco de Legolas
y hay en los ojos del elfo
una luz de gaviotas
y blancas playas de espumas
que la luz del Sol no toca.
El unicornio del día
va persiguiendo las sombras
y a lomos de Sombragrís
se pasea la victoria,
Gandalf, caballero blanco,
entre la espada y la rosa,
como un San Jorge racista
ennacarado de aljófar.
Luego viene Elrond, el sabio,
apurando una demora,
medio hombre y elfo y medio,
bajo el rigor de la norma.
Detrás viene Celeborn
con cara de mala sombra.
Y luego va Galadriel
con una bata de cola,
salpicando castañuelas,
dando garganta a una copla.
¡Ay Galadriel, Galadriel,
andaluza y cantaora,
reina cristiana en Jaén,
y en Granada, reina mora,
sarracena y tucumana,
zingaresa y faraona,
napolitana de pro
y siciliana de contra...!
"Ay, espejito, espejito,
¿quién es más bella, la otra
o yo?". Pero no hay ninguna
como ella. La congoja
me atenaza, ay Galadriel,
que tengo penas muy hondas:
¡no te vayas a los Puertos
aunque se fueran las Lolas...!
"Ay, pena de los gitanos
que dejan la Tierra sola:
si en el Oeste, la muerte,
en el Este, la derrota..."
Sauron, malo, malo, malo,
caimán y mala persona,
yo te daré un merecido
que te ablande la memoria.
Pero los huesos no saben
lo que las tumbas ignoran
y nada importa el mañana
cuando ayer tampoco importa.
Allí va Tom Bombadil,
amarillas cabriolas,
y un "derry doll" victoriano
desde Irlanda a California.
Ya el rey Théoden cabalga,
al aire las barbas fofas.
Por el Bético Anduín
bajan derrocadas glorias,
un Boromir irredento,
un Faramir de escayola,
y en una balsa de juncos,
Federico García Lorca
con elfos amanerados
de alta cuna y baja estofa.
Bárbol huraño recita
sus pormenores de alcoba
y huertos abandonados
rezuman fresas remotas.
Aragorn, rey de los hombres,
rey de caballos y sotas,
tendrás un árbol por hijo,
la nieve tendrás de esposa
y cien torres de diamante
desde Góndor hasta Córdoba.
Ay, Sarumán, Sarumán,
asesino de las frondas,
en valles equivocados
perderás fusil y honra.
Pero los montes no tienen
amor ni misericordia
y hasta los mares se niegan
ante las puertas de Moria.
Ya un polvo de oro sublima
la Comarca bulliciosa
y niños hobbits hambrientos
entre los retoños brotan
mientras resbala en su charla
Cebadilla Mantecona
desde Delagua a Sevilla,
desde el Darro al Sonorona.
Y cuando las nieblas bajan
sobre un pasado sin forma,
en los Bosques amarillos
caducan solas las hojas
y se oye un soplo de cítaras
como un eco de deshora
con una melancolía
que el Oeste no perdona...


3 comentarios:

Antero dijo...

Aterrizo en esta deliciosa maravilla y quedo prendado
(“los tricornios de los orcos”, “Elfos gitanos del bosque / rasgan guitarras ruidosas”, “luego va Galadriel / con una bata de cola / salpicando castañuelas / dando garganta a una copla). Después me entero de la triste partida de su autor y del inmenso cariño que le profesabais tú y tantos otros amigos, alumnos y allegados.

Mi más sentido pésame.

“Fantasía cuenta con muchas más cosas que elfos y hadas, con más incluso que enanos, brujas, gnomos, gigantes o dragones: cuenta con mares, con el sol, la luna y el cielo; con la tierra y todo cuanto ella contiene: árboles y pájaros, agua y piedra, vino y pan, y nosotros mismos, los hombres mortales, cuando quedamos hechizados”.
(Sobre los cuentos de hadas, J.R.R.T.)

Rubén A. Arribas dijo...

Genial la mezcla... Me hizo acordar al espíritu de los poemas que escribieron Luis Alberto de Cuenca, Carlos Marzal o Eduardo García en honor a la saga de La guerra de las galaxias para una antología que publicó El Gaviero. Allí también había algunos sonetos y hasta haikus en honor a Darth Vader, RD2 y compañía.

Por cierto, aquí va una idea: ¿por qué no organizas una antología similar pero en honor a El señor de los anillos? Estará muy bien y tendría una buena aceptación.

Propónselo a la gente de El Gaviero, seguro que les interesará (les encantan esta clase de aventuras). Además, serías un buen coordinador para semejante empresa tolkiniana.

Cualquier cosa, escríbeme y te pongo en contacto con ellos.

Abrazo.

PD: La antología que te digo se llama "Que la fuerza te acompañe". Y está aquí: www.elgaviero.com

Al59 dijo...

Muy buena idea, Rubén. Estoy en ello.